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domingo, 25 de agosto de 2024

LA RUINA Y ABANDONO DE SANTO DOMINGO EN EL DESPOBLADO DE GOLBÁN.

 

“Alcubilla del Marqués y Pedraja de San Esteban, junto a Olmillos, Ines (villa que perteneció
al marqués de Berlanga) y Atauta, hacen antesala a la capital de la ribera soriana.
Atauta conserva un conjunto etnográfico de más de noventa bodegas,
catorce lagares y diez lagaretas de una belleza excepcional.”

Corazón de roble. Ernesto Escapa.

El verano estaba recién estrenado, pero el día amaneció fresco, aunque fue tornándose caluroso a medida que el sol iba levantándose. Nos desplazamos hasta Atauta por la N-122, que no termina de convertirse en autopista, hasta enlazar con la A-11 y llegar a San Esteban de Gormaz. Desde allí, la SO-P-4003 nos llevará hasta el cruce de Atauta y, siguiendo la carretera en dirección Morcuera, a la altura del kilómetro 6,1, nos deja a la vera del despoblado de Golbán. Allí permanecen los restos de lo que fue su parroquial, rodeada de hermosos encinares, abandonada, en ruinas y a punto de desaparecer, pues pocas son las paredes y muros que se mantienen en pie. Las hierbas se han enseñoreado del lugar y una hermosa encina se yergue en el centro de la única nave.

Golbán o Golván  se integró en la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz y estuvo vinculado al monasterio de Santo Domingo de Silos. Un pleito entre el monasterio burgalés y el obispo de Osma por la posesión de las tierras del entorno de Golbán y San Esteban de Gormaz se resolvió a principios del siglo XIII, cuando este lugar pasaría a la diócesis de Osma; según  nos cuenta Marisol Encinas. Por la Resolución de 16 de febrero de 2016 en la que se incoa el conjunto de bodegas del paraje “El Plantío” de Atauta para la declaración de BIC (BOCYL 15/03/2016), sabemos que las primeras referencias a las viñas que rodean Atauta se sitúan en 1201 y vinculadas a Golbán, «lugar situado a dos kilómetros de Atauta, perteneciente al Monasterio de Silos».

El catastro del Marqués de Ensenada, redactado en la villa de Atauta el 9 de septiembre de 1752,  nos da a conocer que Golbán era un despoblado anejo a la parroquia de Atauta de la jurisdicción de la villa de San Esteban, del Señorío de la marquesa de Villena y constituido por tierras de secano, monte de encina, yermos, y de pastos, que producían trigo, centeno, avena; pero también había “hornos de abejas”. En esa fecha, en Golbán, ya no había animales, vecinos ni casas, un detalle que nos indicaría que ya llevaba mucho tiempo abandonado. Se conoce la fundación de una capellanía a mediados del siglo XVII, luego en el intervalo de esos cien años, Golbán se despobló.


Según J.M. Aceña, en 1758 se entabló un pleito entre los Concejos, justicia y regimiento de Atauta y el de Morcuera sobre la posesión del despoblado, fijándose los mojones entre el despoblado y los lugares de Morcuera y Piquera, entre 1760 y 1775.  

Con la despoblación llegó el abandono y los inmuebles de Golbán se arruinaron irremediablemente, al igual que le pasó a la iglesia románica de Santo Domingo. A unos 2 kilómetros al sureste de Atauta, al lado de la carretera, se yergue desafiante la espadaña desdentada de la iglesia y las escasas ruinas que apenas dejan ver su planta.

La que fue parroquial es un claro ejemplo del humilde románico rural soriano y su estado de abandono nos dice lo que puede pasar en los próximos decenios con muchas parroquiales no protegidas y enclavadas en lugares muy próximos a la despoblación, como son La Barbolla, Zárabes, Torralba de Arciel, etc.

Rodeada de una tierra de labor, este año sembrada de yeros, entre los que sobresalen las amapolas, y por la carretera, resisten los escasos restos de lo que fue la iglesia de Santo Domingo de Golbán. Por las escasas ruinas que han llegado hasta nuestros días podemos decir que era una típica iglesia construida en mampostería menuda y con rudos sillares en las esquinas de la espadaña. Contó con una pequeña nave y una cabecera semicircular en la que no se distingue en planta el ábside del presbiterio. En el muro meridional, donde estuvo la portada, se adosó un pequeño pórtico en tiempos posteriores. El interior del hastial occidental todavía conserva restos del enlucido de cal y arena. La espadaña contó con dos troneras y al menos el sector norte tuvo que ser reconstruido, quizás por algún derrumbe. En ese sector todavía se conserva el engarce con el muro de la nave. Junto con la espadaña y parte de los muros del atrio, destacan los muros de la cabecera, en los que se distingue la curvatura del ábside.

Cuenta José Arranz en su obra “La escultura Romanista en la Diócesis de Osma-Soria” que algunos bienes muebles de la parroquia de Golbán llegaron hasta la de Morcuera, y  una imagen de Santa Ana a la de San Pablo de Atauta, que según asegura la tradición popular procede de Golbán.

Estas humildes ruinas  bien merecen una consolidación y una recuperación de sus muros con la gran cantidad de piedra de mampostería que se agrupa a su alrededor. Una pequeña intervención arqueológica determinaría la planta de la iglesia y su posible reconstrucción. De esta manera se podría evitar su desaparición total, aunque según  vemos, el propietario de la parcela que rodea las ruinas respeta este espacio sagrado y, en su perímetro, acumula las piedras que van apareciendo durante el laboreo de la finca.

Como apuntamos con anterioridad, Atauta formó parte de la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz. Fue municipio durante el siglo XIX, y se integró en San Esteban de Gormaz en 1966. Se ubica en un emplazamiento maravilloso, en un alto desde el que se dominan los valles que a sus dos lados se despliegan. Se dispone en torno a dos calles paralelas que conducen a la iglesia. Sus casas combinan la piedra y el adobe, y su economía está ligada a la vid y el vino; una economía que permitió construir un pequeño poblado de 141 bodegas, al otro lado del arroyo Golbán, y al que dieron el nombre de “El Plantío”, Bien de Interés Cultural desde 2017.  Hasta allí nos acompañó Adolfo Tomás Palomar, conocido como Fito, alcalde del pueblo desde hace más de veinticinco años. Los años no le han disminuido el entusiasmo y permanece atento, mientras nos da una explicación, a las obras que se realizan para iluminar la parte del pueblo que se muestra a “El Plantío”. Con sus explicaciones y su pasión nos hacemos una idea de la belleza nocturna del pueblo contemplado durante la noche desde el conjunto de bodegas.


Caminando hacia las bodegas nos encontramos también con un lavadero con sus losas colocadas a una altura cómoda y rodeado de baldosines blancos; un poco más elevado se encuentra la  bien recuperada fragua con su imponente fuelle. Todo está cuidado en el pueblo, pero hay pocas personas que puedan apreciarlo. A pesar de la riqueza de sus cepas, que resistieron la filoxera, y del vino que producen, no son más de veinte personas los que acompañan a sus edificios en las noches. Nos recuerda el alcalde que en 1968 habitaban el pueblo 408 habitantes. Esta ausencia humana ha llevado consigo el abandono de sus huertos. El lugar en el que se producían tomates, verduras, frutales, y otros productos de huerta regados por el arroyo de la Laguna, hoy lo ocupa una chopera.

Visitamos varias bodegas muy bien conservadas, lagares y lagaretas; algunas del Ayuntamiento y otras del propio Adolfo. Constituyen todas ellas un conjunto maravilloso al que se suman varios palomares.


Da la mañana para hacer una visita a la iglesia parroquial donde buscamos con ahínco los dos fragmentos de imposta ajedrezadas, que según leemos en la Enciclopedia del Románico en Castilla y León, se conservaban en la sacristía de la iglesia y que pudieron proceder de Golbán.  Nosotros no pudimos verlas, ni nuestro cicerone sabía de su existencia.

Se trata de un edifico muy bien conservado y en el que llama la atención la decoración exterior del muro meridional. Dicha decoración responde a la voluntad de un párroco que, molesto por el juego de los niños a la pelota en esa pared, decidió salpicarla de restos de escoria de la fragua. Hoy, desgraciadamente, esos problemas no existen.





BIBLIOGRAFÍA:

- ACEÑA PALOMAR, José María (2020): Atauta. Historia de unas bodegas declaradas Bien de Interés Cultural. Edita Sánchez Álamo artesanos. Edición no venal. Madrid.
ACEÑA PALOMAR, José María (2023): Atauta, viñas viejas y bodegas B.I.C. Colección “Paisajes, Lugares y Gentes”. Soria, Edita Excma. Diputación Provincial de Soria
-ARRANZ ARRANZ, José (1986): La Escultura Romanista en la Diócesis de Osma-Soria. Burlada-Navarra, Imprime Castuera.
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- BARRIO ONRUBIA, Salvador (2001a): Vecindario de Piquera y pueblos de su entorno desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XI, disponible en línea [Consulta:02/08/2024]: https://piquera.sanesteban.com/monografias/vecinda.htm
- BARRIO ONRUBIA, Salvador (2001b): La Abadía de Santo Domingo de Silos, Golbán y el convento de San Juan. Disponible en línea [Consulta: 02/08/2024]: https://piquera.sanesteban.com/monografias/sanjuan.htm
- ENCINAS MANCHADO, Marisol (2020): Despoblados en el entorno de Atauta: Golbán y el Monasterio de San Juan. Revista AREVACON Nº 40. Edita Asociación de Amigos del Museo Numantino, Soria.
- MADOZ, Pascual (1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid, 1993.
- MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- VV.AA, (2002): Otros vestigios. Atauta Iglesia de Santo Domingo, en el despoblado de Golbán, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. III. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. ¿?

domingo, 28 de julio de 2024

LA PERVIVENCIA DE SAN BARTOLOMÉ EN EL DESPOBLADO DE ARAVIANA.

 

“Pues igual que lo que ha ocurrido con este edificio sucedió con el vecindario
del pueblo y con el de muchos pueblos que eran poco más o menos como
este. A decir verdad, resistieron más la paredes de esta casa desde
que fue deshabitada que lo que era el pueblo en sí, tal
como desde siempre lo habíamos conocido”.

El fin de un mundo. Carmelo Romero


El 12 de junio, el tiempo en Soria fue un tanto desapacible. Amanecimos en uno de esos días en los que el invierno se hace notar a pesar de haber padecido ya varios aguijonazos veraniegos. Había llovido y amenazaba con seguir haciéndolo. Nos trasladamos a Ólvega en un viaje cómodo a través de la N-122 hasta encontrar un cruce a la derecha (tras atravesar el área de descanso del Madero) que nos condujo hasta la población.

A estas alturas del año los campos ya comienzan a amarillear y nos ofrecían una visión placentera de la vega del Rituerto. Conforme íbamos avanzando por el Madero, acercándonos a la mole del Moncayo, el paisaje se fue tornando cada vez más boscoso y las encinas acompañan al visitante por la carretera SO-P-2001 hasta Ólvega.

Cuando llegamos al municipio su visión no fue la típica de los pueblos a los que estamos acostumbrados. Con sus construcciones de varios pisos, muchos de ellos de ladrillo amarillo característico de los años sesenta/setenta, más parece una ciudad que un pueblo. Es evidente que la prosperidad del municipio le ha dado vida y le ha quitado el encanto de los pequeños pueblos. Pero es el precio que muchos lugares querrían pagar.

El nacimiento de la localidad se remonta al siglo V, aunque vestigios más antiguos existen. El ataque de vándalos y alanos en el 409 hizo que los hispanorromanos de Augustóbriga (Muro), se refugiaran en este lugar y formaran un pequeño núcleo. Fue musulmana hasta que el rey aragonés Alfonso I la conquistó en 1119, y permaneció siendo aragonesa hasta que la incorporara a Castilla Alfonso VII en 1134, formando parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda. Como todas las demás poblaciones, se convirtió en municipio con la caída del Antiguo Régimen en el siglo XIX, y ha sido de las pocas poblaciones sorianas que ha crecido de forma importante. Si entonces tenía algo más de mil habitantes, hoy se aproxima a los cuatro mil. El salto demográfico se produjo principalmente en los años sesenta y setenta del siglo XX, gracias a la apuesta del municipio por la industrialización.


A la entrada del pueblo nos espera Ruth Villar, informadora turística del municipio que es quien, con toda amabilidad, nos acompañó al despoblado de Araviana o Culdegallinas; ambos nombres compiten por nombrar al lugar. Por la carretera CL-111 en dirección a Noviercas y pasado el punto kilométrico 14, nos incorporamos a la carretera SO-P-2106 en dirección a Cueva de Ágreda, y a un kilómetro del cruce, a nuestra izquierda sale un camino recto que nos conduce a los restos del despoblado de Araviana. Días antes, los operarios del Ayuntamiento de Ólvega habían segado las altas hierbas del exterior y el interior de la ermita, logrando hacer más placentera la visita. Allí se encuentra la ermita que pretendíamos visitar, acompañada de los ladridos constantes de una reala de perros que habitan en sus cercanías. Parece ser que el lugar se pudo abandonar tras la batalla que libraron Pedro I, de Castilla, y Pedro IV, de Aragón, en 1359. Y a pesar de su abandono, hasta hace un año y medio que entregaron las llaves, la familia Escribano Calvo se hizo cargo de su limpieza y cuidados. Hoy, ya sin llave, es Serotina Galán Revilla la mayordoma de la ermita.

El edificio está consagrado a San Bartolomé, pero el santo se trasladó, coincidiendo con el final de la pandemia, a vivir más cómodamente y, sobre todo, más protegido, a la iglesia parroquial, tal vez temeroso de lo sucedido con la antigua pila de agua bendita que acabó en manos de desaprensivos.

Entre las ruinas y alguna edificación del despoblado de Araviana nos encontramos con esta construcción románica. Vemos un inmueble de una sola nave, abierta al cielo, construido mayoritariamente en mampostería, con una cabecera cuadrada que todavía conserva su techumbre, y una portada, ligeramente adelantada, en el muro meridional. Como casi siempre en el románico rural soriano la sillería se reserva para esquinas y vanos. La nave se pudo cubrir con una techumbre de madera a dos aguas. El suelo de la nave, guarda debajo del material vegetal que lo oculta, un solado de ladrillo macizo hecho a mano, conservando dos apoyos de piedra que bien pudieron ser soportes de postes para sostener la cumbrera de la techumbre. A lo largo de la nave se conserva todavía un banco corrido que también aparece en la cabecera. Si se observa con atención en estos muros hay dos períodos constructivos, pues la parte superior es ligeramente de menor grosor. A los pies podemos destacar el almacenamiento de una gran cantidad de tejas árabes, que llegaron alrededor de 1976 cuando se derribaron las escuelas de Ólvega para edificar el Parque de las Escuelas. La llegada de esta gran cantidad de tejas nos indica la intención que siempre hubo en el ayuntamiento de reconstruir el tejado de la ermita.

La cabecera cuadrada se cubre con bóveda de cañón apuntado sobre un arco fajón. Toda la cabecera sufrió importantes reformas, quizás avanzado el siglo XIII. Así el arco de gloria que da paso a la capilla es extremadamente cerrado, habiéndose rasurado las impostas de este. Nos cuenta D. Manuel Peña García que en tiempos contemporáneos se trajo el cierre de madera desde la ermita de la Virgen de Olmacedo; este separaba la capilla de la Virgen del resto de la iglesia. En tiempos más recientes se protegió con una chapa metálica. Desconocemos cómo se cubrió la anterior cabecera, pero cuando se construye la nueva bóveda apuntada se construyen dos muros de refuerzo al interior y un poderoso arco fajón que descansa sobre dos pilastras. La bóveda de mampostería, fuertemente encalada, descansa sobre una imposta de nacela que recorre los muros norte y sur. En la pared meridional, y a media altura, destaca una pequeña credencia adintelada.  La pilastra del muro meridional oculta pate de la ventanita románica de sillería, que al interior aparece abocinada y con arco rebajado. El refuerzo de la cabecera se ve acrecentado con un nuevo muro en los lados sur y este. Ese nuevo muro hará que el muro meridional de la capilla sea de mayor anchura que la nave. La ermita no conserva ni rastro de cornisas o canecillos, que, sin duda, pudieron desaparecer en las distintas reformas.

La portada es muy sencilla y está elaborada en caliza arenisca. Se abre en el muro meridional en un cuerpo de sillería ligeramente adelantado. Se desarrolla con tres arquivoltas lisas de medio punto que descansan sobre una imposta de nacela y jambas escalonadas; todo ello protegido por una chambrana de nacela muy erosionada. El dovelaje de la arquivolta externa nos recuerda a otras del románico aragonés. Esta portada pudo contar con un tejaroz que pudo ser eliminado cuando ese muro se reconstruyó en fecha indeterminada.

Como otros muchos inmuebles del rural soriano es una construcción muy pobre, sin ninguna concesión a la decoración. Su austeridad refleja unos tiempos en los que la Extremadura castellana se estaba consolidando. En estos lugares más apartados no solían llegar los mejores canteros; estos ejecutaban la obra con los materiales que tenían alrededor del lugar. Los restos que hoy podemos ver son extremadamente humildes, y, a través de ellos, se pueden distinguir varios períodos constructivos y plantear muchos enigmas. Quizás junto con la ermita de San Román de El Espino es la iglesia románica abierta al cielo de más extrema tosquedad en la provincia soriana.


Nos cuenta Ruth Villar que en el paraje se celebrada el martes, antes de la Ascensión, una romería con misa a la que asistía el pueblo de Ólvega y que esa romería, más hacia nuestros días, pasó a celebrarse el domingo de Pentecostés e incluso el domingo de la Trinidad, aprovechando el momento también para la bendición de campos. Como nota curiosa, además solo la familia del santero D. José Escribano Calvo acudía a misa el día de San Bartolomé. A partir de la pandemia la celebración se hace en la iglesia parroquial de Ólvega el 24 de agosto. Sería bueno recuperar esta costumbre y que los olvegeños y olvegeñas puedan recuperar parte de su memoria.

En la actualidad la ermita es casi un almacén. A sus pies se guardan las tejas que en su día cubrieron el tejado de las escuelas viejas, hoy transformadas en un parque coqueto; tejas que hasta pudieron ser fabricadas por la misma familia Escribano, pues poseían una tejería y ese era su oficio. También se guardan allí, en el ábside, levantados, los bancos de madera que todavía se sacaban los días de festividad: Letanías Mayores, Pentecostés, Trinidad y San Bartolomé.



Visitamos también el museo etnológico de Escribano Calvo: una casita repleta de reproducciones de todos los puntos de interés del municipio y de todo tipo de objetos de un mundo agrícola y manufacturero casi perdido.

Aún hubo tiempo para visitar la ermita de los Santos Mártires situada en el casco antiguo del pueblo. Una ermita cuidadísima donde nos esperaba el joven historiador Iván Casado, que nos planteó interrogantes curiosos e interesantes que una intervención arqueológica podría despejar.

BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JOMÉNEZ, M. (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- DIAGO HERNANDO, M. (1991): Los términos despoblados en las comunidades de villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media. Revista Hispania LI/ 2, 178
- DÍEZ SANZ, E. y Galán Tendero, V. M. (2012): Historia de los despoblados de la Castilla Oriental. Tierra de Soria siglos XII a XIX. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, colección Temas Sorianos nº 56.
- GAYA NUÑO, J. A. (1946): El Románico en la provincia de Soria. Edición facsímil de 2003. CSIC, Madrid.
- HERBOSA, V. (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
- HUERTA HUERTA, P.L. (2002): ÓLVEGA. Ermita de San Bartolomé, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 735-739.
- MADOZ, P. (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTIÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- PEÑA GARCÍA, M. (1982): Ólvega: historia-arte-folklore. Edita. Ayuntamiento de Ólvega. Ólvega. pp. 114, 347-355

domingo, 26 de noviembre de 2023

LA IGLESIA DE LOS SANTOS JUSTO Y PASTOR EN CASTELLANOS DEL CAMPO: EL HUMILDE ROMÁNICO.

 

“Ruinas perdidas en campo que lecho
de mar fue antes de hombres, tus
cubos mordieron el polvo, . . .”

Ruinas perdidas en campo . . . Miguel de Unamuno

En nuestra entrega anterior nos centrábamos en los restos románicos de La Pica. Ese mismo día, y dada su proximidad, visitamos también el despoblado de Castellanos del Campo. Era un día caluroso, pegajoso. A pesar de ello, dirigiéndonos hacia Castellanos, veíamos la niebla pegada a la mole del Moncayo. Todavía quedaban señales inequívocas, en el camino y en los campos, del aguacero reciente y de la riada provocada por el mismo. El olor agradable de un campo húmedo salpicado de encinas nos acompañaba, pero la visión era la de un trigo apedreado o anegado. Estamos ante un espacio bisagra entre el Campo de Gómara y las Tierras Altas, que se adivinan al otro lado de la Sierra del Madero.

Recordemos que para acercarnos al lugar basta con seguir la N-122 hacia Zaragoza y, habiendo cruzado Aldealpozo y el río Rituerto, hay que desviarse a la izquierda siguiendo una señal que anuncia la ruta de los torreones. Allí encontramos lo que queda de Castellanos del Campo. Aunque sus orígenes parecen remontarse a épocas anteriores, esta zona norte del Campo de Gómara, fue conquistada por el rey aragonés Alfonso I, hacia 1119, al igual que la ciudad de Soria y toda la falda del Moncayo. Se constituyó entonces la Comunidad de Villa y Tierra de Soria, a la que pertenecía Castellanos del Campo. Aunque entonces se repobló, Agustín Rubio Semper, en su publicación “Notas para el estudio de la despoblación en Soria durante la baja Edad Media”, mantiene que en 1496 ya solo quedaban dos vecinos, y que el corregidor de Soria, Cristóbal Salinas, declaraba `derraygado´ el lugar y permitía que todos los sorianos pudieran labrar, pescar o cazar a su antojo en la zona. Este fenómeno era aprovechado, normalmente, por algún noble que utilizaba esas tierras como si fueran de su propiedad, sin permitir que otros vecinos pudieran utilizarlas. Eso mismo ocurrió en Castellanos del Campo en el siglo XVI; sus riquezas fueron explotadas durante un tiempo por nobles. Si leemos los datos que ofrece Wikipedia, figuran ocho familias hacia mitad del siglo XVI; podrían ser trabajadores de esa nobleza que reutilizó el territorio. Posteriormente fue abandonado para, de nuevo, habitarse en el siglo XVIII. Cuarenta y dos vecinos aparecen en el censo de 1842 cuando era municipio constitucional. Ya en el siglo XIX, se incorporó a Villar del Campo, que con sus poco más de veinticinco habitantes sostiene la municipalidad y pronto, de seguir con esta desprotección de nuestros pueblos, quedará del municipio únicamente el recuerdo de que en su estación de ferrocarril se grabaron algunas escenas de la película de Doctor Zhivago.

Por un camino en muy mal estado, llegamos a la iglesia de los Santos Justo y Pastor, o mejor dicho, a lo que fue esa iglesia; hoy ermita en ruinas, a punto de desaparecer. Su interior está tomado por la hierba, las zarzas y las vigas que un día sostuvieron su techumbre, hoy caídas y destrozadas, especialmente en la zona del coro. Un poco más allá se halla el torreón árabe que emparentó y comunicó, en su tiempo, con los de La Pica, Masegoso, Aldealpozo, e Hinojosa del Campo constituyendo hoy la ruta de los torreones. Los diferentes momentos de su poblamiento fueron el motivo por el cual la iglesia tiene una nave románica y una cabecera barroca. La sacristía, de grandes dimensiones, está ocupada por un gran rosal silvestre y la espadaña tiene, sorprendentemente, sus dos troneras cegadas.

La iglesia de los Santos Justo y Pastor se encuentra al sur del despoblado; un poco apartada de lo que fue el caserío, con orientación suroeste-noreste. Podemos aventurar que tiene dos periodos constructivos, como apuntábamos anteriormente; el más antiguo medieval, románico, y uno más moderno, del siglo XVIII, barroco. La iglesia nos marca el devenir del despoblado. La primitiva iglesia medieval contó con una nave cubierta con entramado de madera a dos aguas y, casi con toda seguridad, una cabecera con tramo recto del presbiterio y un ábside semicircular, toda ella abovedada. Cuando el lugar se volvió a repoblar en el siglo XVIII, la cabecera románica se sustituyó por una capilla cuadrada, cubierta con cúpula sobre pechinas, recreciéndose la espadaña en sillería y modificándose la portada.

El románico de Castellanos del Campo es el más humilde de los conservados en la provincia de Soria. La nave románica mantiene los muros románicos de mampostería, abriéndose, en el lado meridional, la portada, que parece obra posterior, con arco de medio punto de gran dovelaje. Esta nave contó hacia el sur con dos pequeñas aspilleras que iluminaban su interior. Todo el perímetro de la nave se remata con una cornisa simple de buena sillería, soportada por canecillos de nacela. La cornisa del muro norte sufrió un expolio en marzo de 2015, cuando robaron unos ocho metros lineales de la cornisa, aunque dejaron allí los canecillos, tal vez para otra ocasión en que la demanda fuera más precisa. La portada abierta en el muro sur es de arco de medio punto de grandes dovelas, que apoyan sobre una imposta simple de nacela. En una de las dovelas todavía se conserva una sencilla marca de cantero.

El interior es un puzle de vigas, tejas y piedras, que dificultan la entrada y la visión de lo que fue la nave. Hacia poniente, tuvo un coro elevado de madera, que según informa Alberto Arribas, estaba “… protegido con una interesante balaustrada de madera con barrotes tallados con formas geométricas y pétalos radiales e intercolumnios elaborados con cuarterones de madera …”. Nada de aquello ha llegado hasta nuestros días. Allí estuvo el baptisterio, también cerrado con una verja de madera, que, en tiempos medievales, acogió la pila románica, que hoy se encuentra en la iglesia parroquial de Nuestras Señora de las Mercedes de Villar del Campo. La pila bautismal, como el inmueble, es una obra del siglo XIII decorada con grandes arcos de medio punto entrecruzados que se combinan con semiesferas y cabecitas enigmáticas.
Por una fotografía de Alberto Arribas sabemos que el solado estuvo ocupado por unas gradas con un enrejado de madera, que en su día acogieron los restos de los moradores de Castellanos del Campo, y que hoy duerme bajo un cúmulo de escombros.

Los muros del interior de la nave todavía conservan parte de un pincelado de falso despiece de color negro, visto en otros muchos inmuebles románicos sorianos, cubiertos, en su día, con una capa de yeso, hoy desprendida. Sobre la puerta, al interior, se alza un gran arco de medio punto en cuyo tímpano todavía podemos ver restos de pinturas murales, mientras que el dintel de madera todavía conserva las dos gorroneras sobre las que giraba la puerta de dos hojas.

Ya dijimos que la cabecera se reformó en el siglo XVIII, con un gran arco de gloria de medio punto, con dovelaje de sillarejo, que se cubrió con una capa de yeso. Esta se cubre con una cúpula de media esfera sobre pechinas, con tejado a cuatro aguas. La cúpula y el intradós del arco triunfal se decoran interiormente con molduras de yeso o escayola; mientras que las pechinas lo hacen con unos óvalos sin decoración. Para consolidar esta cabecera, en el exterior, se levantó un contrafuerte en la esquina suroeste, que los expoliadores han empezado a saquear. En el lado del Evangelio se abrió una puerta adintelada que daba acceso a la sacristía, ahora, también, sin techumbre. La cabecera se iluminaba con una ventana en el muro meridional con arco rebajado monolítico en el que a duras penas podemos leer: “HÍZOSE SIENDO CURA DON FRANCISCO GAMARRA? …”.

A los pies de la ermita se encuentra el cementerio que nadie cuida, con buenos muros de mampostería que guardan los restos de los últimos pobladores, a los que nadie recuerda.

Ladera arriba del despoblado, siguiendo un sendero en dirección norte, nos encontramos con una buena fuente de época medieval, con bóveda de cañón y arco de medio punto, que genera un espacio bucólico. Subiendo en su búsqueda nos acompaña el amable sonido del agua corriendo por el barranco. En el interior del despoblado también encontramos un pozo, ahora seco, construido con buenos sillares, cuyo brocal ha sido saqueado en los últimos lustros. Junto con el torreón y la ermita, unas casas y majadas abandonadas completan lo que fue Castellanos del Campo.

El siglo XXI le ha sentado mal a esta ermita de los Santos Justo y Pastor. Así desde el año 2000 su deterioro ha ido en aumento y parece que, si nadie lo remedia, su final está cercano. ¿Nos lo podemos permitir?

Este es otro caso del románico sin techo en la provincia de Soria, que tenemos la obligación de consolidar y conservar para que las futuras generaciones puedan disfrutar de sus ruinas.

BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- DIAGO HERNANDO, Máximo (1991): Los términos despoblados en las comunidades de villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media. Revista Hispania LI/ 2, Páginas 470 y 471.
- DÍEZ SANZ, Enrique y GALÁN TENDERO, Víctor M. (2012): Historia de los despoblados de la Castilla Oriental. Tierra de Soria siglos XII a XIX. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, colección Temas Sorianos nº 56. Página 340
- GAYA NUÑO, Juan Antonio (1946): El Románico en la provincia de Soria. Edición facsímil de 2003. CSIC, Madrid.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): Villar del Campo. Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1243-1245.
- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): Iglesia de los Santos Justo y Pastor (despoblado de Castellanos del Campo) en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. III. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1246-1246.
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- RETUERCE, Manuel y COBOS, Fernando (2004): Fortificación islámica en el alto Duero versus fortificación cristiana en el alto Duero, en el libro Cuando las horas primeras. En el milenario de la Batalla de Calatañazor. Colección Monografías
RUBIO SEMPER, Agustín (2000): Fuentes Medievales Sorianas: Ágreda. Colección de Archivos sorianos nº 1. Imprenta de la Diputación Provincial. Soria.
RUBIO SEMPER, Agustín. (1983). Notas para el estudio de la despoblación en Soria durante la baja Edad Media. Revista de Investigación del Colegio Universitario de Soria, tomo III, nº 3, págs. 37-44.

Web “Despoblados de Soria” Asociación de Amigos del Museo Numantino

https://despoblados.amigosdelmuseonumantino.es/despoblado-de-soria/castellanos-del-campo/ (Consultada el 14 de noviembre de 2023)