Mostrando entradas con la etiqueta Tierras Altas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tierras Altas. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de junio de 2025

LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL MONTE SECES EN EL PARAISO DEL ROMÁNICO MÁS HUMILDE.

 

“El último habitante de Sarnago se puso enfermo, fue al hospital de Soria
y murió. Su cuerpo acabó sobre una fría mesa del Departamento
de Disección del Colegio Universitario. Porque en Sarnago ya
no había nadie que pudiera reclamar su cadáver”.

La Sierra del Alba. Avelino Hernández.



Un diecisiete de abril, Jueves Santo, fresco y soleado, preludio de la tan deseada y esperada primavera, tras días y días de lluvias y frío, tomamos de nuevo ruta a Sarnago. Para ello utilizamos la nacional 111 hasta Garray, para desde allí, por la SO-615 llegar hasta el cruce que nos dirige a San Pedro Manrique por la SO-650, de aquí, y por la SO-630, buscamos el cruce a la izquierda que nos llevará a Sarnago. En nuestro recorrido encontramos zonas soleadas y otras de intensa niebla, eso sí, todo un paisaje espectacular provocado por las abundantes lluvias caídas. Desde lo alto vigila nuestra subida las ruinas del convento de San Pedro el Viejo.

Volvemos a esta localidad, ejemplo de recuperación a través de su potente asociación vecinal. Allí nos recibió, una vez más, y con su habitual amabilidad, José María Carrascosa. Nos llama la atención un stolpersteine, incrustado en la pared del museo del pueblo, que recuerda a Ciro Redondo Gómez, preso en Mauthausen natural de Taniñe. Pero, ¿qué hace este adoquín de la memoria en este lugar? La respuesta nos la dio José Mari Carrascosa: el artista alemán Gunter Demning, que elabora a mano cada una de estas piezas, a solicitud de la Asociación memorialista Recuerdo y Dignidad, elaboró las 22 stolpersteine que se habrían de colocar en la Plaza del Vergel de Soria, pero se equivocó con el nombre de la localidad de Ciro, grabando Tañine en lugar de Taniñe. La asociación memorialista solicitó un nuevo adoquín de la memoria y entregó este a la Mancomunidad de Tierras Altas que decidió instalarla en este lugar emblemático de la comarca.

La repoblación forestal de los años 60 arrasó el camino que desde Sarnago llevaba hasta la ermita de la Virgen del Monte pasando por la dehesa. Tras cambiar de vehículo, nos lleva José María por un camino que sale al lado del viejo cementerio, que se encuentra en muy mal estado, hasta el paraje de El Horcajo. El camino aparece protegido por las nuevas plantaciones de pinos y los antiguos rebollos, que a duras penas resisten la acción del hombre, temerosos de echar su hojas, pues todavía el hielo frecuenta sus noches. Aparcamos el coche al lado del arroyo del Horcajo y desde este paraje iniciamos nuestra ruta que nos llevará a la ermita de la Virgen del Monte Seces, acompañados por el sonido del agua del arroyo de la Ermita.

Nuestro recorrido no puede ser más espectacular, agua y barro nos acompañan. El verdor de sus suelos y vegetación nos hacen parar continuamente para admirarlos. Vamos subiendo por lo que José Marí nos dice es un cortafuegos, aunque él opina que es un poco estrecho para cumplir esa función. También nos cuenta cómo en su niñez esto era una zona de huertos, donde, además, las mujeres del pueblo, incluida su madre venían a lavar la ropa. Venían para todo el día, ya que tras lavar, extendían la ropa sobre los arbustos hasta que se secaba; hacían fogatas para calentar el agua, y una vez todo en orden volvían al pueblo. También nos cuenta cómo su madre subía con el ganado por aquellos montes, por el camino viejo pasando por “La Dehesa”, en los que pasaba mucho miedo por el sonido del monte. No había entonces esos pinos que ahora vemos por doquier. En nuestro recorrido también nos sale al encuentro un joven ciervo, que tras observarnos con curiosidad prosigue su camino. Seguimos nuestro ascenso, pinos, rebollos y algún que otro enebro maltratado por la maquinaria forestal nos acompañan. La subida llega a su fin, cuando aparece ante nosotros una gran explanada; las vistas desde ella resultan incomparables y aquí encontramos los restos de lo que andábamos buscando y que nunca habríamos descubierto sin la ayuda de José Mari.

Las investigaciones de Isabel Goig Soler han sacado a la luz los numerosos recursos económicos con
los que contó esta ermita, que fue dezmera de la parroquia de San Martin de San Pedro Manrique. Las vistas desde la explanada que precede a las ruinas son espectaculares, el silencio reparador. La ruina de este espacio es irreversible y los arbustos de espinos blancos, zarzamoras y brotes de olmos han formado un muro que no nos deja acceder al interior de lo que fue la iglesia románica. A duras penas podemos adentrarnos un poco en estos muros caídos entre tanta maleza que acabara por tragárselo todo. Una vez más, como vemos continuamente, todo desaparecerá sin quedar ni un recuerdo de las gentes que lo habitaron. El monte y la naturaleza tienen sus propias escrituras.

Parece ser que en este entorno estuvo la ermita de la Virgen del Monte, que se veneraba en el pueblo de Sarnago. La ermita, situada en un paraje paradisíaco, debió de contar con un santero y con una vivienda y otros elementos necesarios para explotar sus propiedades. Nos cuenta Isabel Goig que con la normativa desamortizadora de 28 de septiembre de 1798 que afectó a “órdenes terceras, ermitas, santuarios y otros establecimiento semejantes”, la propiedad fue adquirida en 1806 por la familia Hidalgo, ricos ganaderos trashumantes de San Pedro Manrique. Pudo ser entonces cuando se dejó de utilizar la ermita para las romerías y se construyera la hornacina en la cruz del Cerro, en la que se alojaría la imagen de la Virgen del Monte. La tradición oral de los sarnagueses recuerda que hasta aquí se subía el día de la Trinidad Chica, lunes siguiente al domingo con la última luna llena de primavera. Solían subir con mulas por el camino de la ermita, con las tres móndidas, ya sin sus cestaños, y en la pradera celebraban bailes y comida. Cuando la ermita se desacralizó esa peregrinación se pasará a realizar en la Cruz del Cerro. El día de la Cruz de Mayo se bajaba la imagen hasta la iglesia y se volvía a subir el día de la Trinidad Chica. De este modo y en esta hornacina vivió la Virgen los últimos años. El abandono temporal de Sarnago acabó con casi todo, la imagen desapareció.

Sería por tanto a principios del siglo XIX cuando se desacralizaría la ermita y los nuevos propietarios la convirtieron en una majada para ganado. La ermita tiene una orientación SE-NW con una cabecera absidal que en un determinado momento, quizás por problemas estructurales, se consolidó con tres grandes contrafuertes de sillarejo y mampostería unidos con mortero de cal. De la obra original podemos distinguir el hastial occidental, el muro noreste y la cabecera semicircular, que todavía conserva algunos toscos canecillos. En esta parte original los muros de mampostería, con piedra caliza del entorno, se trabaron con cal y arena. En esta ermita la nave se prolonga hasta el ábside semicircular sin la tradicional separación de la cabecera en presbiterio y ábside. La construcción primitiva nos recuerda a otras del entorno como las de Magaña o el convento de San Pedro el Viejo. Tampoco pudimos apreciar ninguna abertura en el ábside ni en la nave. Quizás la aspillera absidal se cegó cuando se construyeron los tres grandes contrafuertes. La esquina del hastial noroccidental, asi como las de los contrafuertes se reforzaron con sillarejos.

La nave de la ermita se cubrió con techumbre de madera a dos aguas y el ábside con bóveda de horno, pues al interior todavía se aprecia el inicio de ella. En el interior pudimos observar parte del enfoscado original. El investigador y arqueólogo Eduardo Alfaro Peña levantó en 2013 un plano de la planta de la ermita en la que se puede apreciar que contó con dos puertas en el muro sur, siendo la más occidental de arco de medio punto. El edificio religioso fue un inmueble de más de 23 metros de largo por 8 de ancho. En la prospección del terreno realizada por Alfaro Peña pudo documentar abundantes sillares de toba, que quizás fueron de la cubierta absidal. En el hastial occidental contó con una espadaña en la que se alojaron las dos campanas de las que nos hablan los archivos.

Cuando la ermita se convirtió en majada se recrecieron los muros con mampostería a hueso, para realizar una nueva techumbre a un agua. Esta elevación se hizo en canto seco, que todavía resiste hoy el paso del tiempo. La propiedad pasaría en 1928 a tres vecinos de Sarnago que compraron el lugar al rico propietario de San Pedro Manrique, propiedad que pasaría a manos del Estado cuando se repobló todo este espacio de pinos; el SIGPAC nos dice que las ruinas de la ermita de La Virgen del Monte se encuentran en una parcela de 336 hectáreas dedicadas mayoritariamente a explotación forestal.

Nos comenta nuestro anfitrión, que en un banco corrido dentro de la ermita se reunían sus gentes para hacer ”las cuentas”. Las construcciones se encuentran muy deterioradas, pero todavía se puede apreciar la grandeza de lo que fue. Allí existieron viviendas, graneros, pajares, cuadras, eras de pan trillar… En el entorno de la ermita existió una de las mejores caleras de Tierras Altas, así como varios lugares para realizar tejas, ladrillos y baldosas. Los tejeros procedían en Edad Moderna de La Rochelle, y ya en tiempos más recientes de Llanes, Alfaro o Castellón. Desde principios del siglo XVIII el tejar se trasladó hasta el paraje de “El Exido” donde la materia prima era de gran calidad. Los tejeros solían estar en la zona durante seis meses, desde marzo hasta octubre.

José Mari recuerda una potente escalera que conducía a las partes altas de la vivienda principal, con cada peldaño de un solo bloque de piedra, estos escalones hoy yacen bajo la ruina. Esta escalera daría idea de la riqueza de estas gentes que controlaron grandes propiedades agrícolas e importantes recursos ganaderos. Pudo existir en tiempos medievales un pueblo, que, posteriormente, se despoblara y quedara integrado en la propiedad de la ermita.

Regresamos a Sarnago donde pudimos visitar el nuevo espacio “El Refugio de Sarnago” que la Asociación Amigos de Sarnago está construyendo a través de varias campañas de micromecenazgo y de hacenderas. Ya en la plaza nos encontramos con varios vecinos que habían venido desde tierras navarras a pasar estos días a su pueblo. Antes de irnos, como siempre, visitamos el empedrado del “callejón de Luis”.







BIBLIOGRAFÍA

- ALFARO, E., CARRASCOSA, E. y GOIG SOLER, I. (2017): La ermita de la Virgen del Monte Seces. Mucho más que una ermita. Edita: Asociación de Amigos de Sarnago. Gráficas Larrad, Tudela (Navarra)

- BLASCO JIMÉNEZ, M. (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Cuar. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

- MARTÍNEZ MONTAÑÉS, J. M. (2002): Sarnago. Ruinas de la iglesia de San Bartolomé, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. III. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 915-916

- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.

- MADOZ, P. (1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid, 1993.

domingo, 10 de septiembre de 2023

LOS RESTOS MALTRATADOS DE LA VIRGEN DE MONASTERIOS, SAN MIGUEL Y LA VERDUCEA EN MAGAÑA.

 

“Magaña es un pueblo de gran ambiente, con algunas casonas de la nobleza
merinera y restos de un castillo que fue de la Casa de Vadillo, a la que
encontraremos señoreando el valle del Tera y cuyos descendientes
ejercieron aún dominio electoral en la provincia en
los comienzos de este siglo, hasta 1931.”

Soria. Dionisio Ridruejo




Como continuación a una entrega anterior sobre Magaña, en esta abordaremos las tres ermitas de la localidad que se encuentran sin techumbre, con poca historia y que han caído en el olvido: San Miguel, La Verducea y la Virgen de Monasterios.

El bueno de Martín, nuestro cicerone, ayudado por una fuerte vara, nos condujo campo a través hasta encontrar el PR-SO-110, que une Magaña con Suellacabras. El paisaje de encinas aparece espectacular, con alguno de sus ejemplares de destacado desarrollo. Cruzan el territorio diversos barrancos; nosotros pasamos el de Valdepelecha o Valdelaguna que, cuando lleva agua, la deposita en el río Alhama. Todo ello, además, envuelto en ese olor característico del monte bajo que desprende el tomillo, las jaras y demás plantas. Confundidas y mimetizadas en este entorno, se muestran los restos de majadas abandonadas, que en su día fueron refugio de unas 4.000 ovejas que tuvo el municipio; número un tanto abultado para los recursos de este pues, según Martín, en algún momento pasaban “necesidad”.

Pasado el castro de “Los Castellares” y siguiendo el sendero, encontramos los restos de la ermita de la Virgen de los Monasterios, un indicador nos conduce hasta ella. Se trataba de un edificio pequeñito, y únicamente quedan los restos de algún muro de su única nave que terminaba en una cabecera cuadrangular. La tradición dice que allí se retiraban los penitentes para dedicarse a la contemplación, -argumentos no le faltan al lugar-, y a purgar sus pecados. Sus muros, de lajas superpuestas sin argamasa, se esconden detrás de una vegetación de tomillos y encinas que los devoran.

La ermita tiene planta y cabecera rectangulares, esta última retranqueada. Su orientación es la canónica (Este-Oeste), con su puerta de entrada al sur. En la cabecera podemos distinguir un gran número de sillares de piedra toba, que abundaría en el momento de la construcción del inmueble. Precisamente la cabecera cuadrada hace pensar en unos orígenes altomedievales.

En el Libro de Fábrica de la parroquial de Magaña se puede leer que en 1766, el visitador General del Obispado de Calahorra y La Calzada visitó la ermita de Nuestra Señora de Monasterios, incidiendo en el mantenimiento y la limpieza. El libro de fábrica de las parroquiales de Verducea y de Monasterios (1827-1916) conserva un inventario de sus posesiones. Por él sabemos que en 1827, la ermita de la Virgen de los Monasterios contaba con una cerrada o prado de encinar, en medio de esa cerrada se mantenían en pie las paredes de la ermita y el trono de la virgen. Tenía huerto y tres nogales. Luego, en esas fechas, ya estaba abandonada y sin cubierta.

A pesar de los indicadores para llegar hasta aquí y el panel informativo que hace una reconstrucción de cómo pudo ser la ermita, el abandono es total. El interior de la nave está invadido por los arbustos y en su ábside crece una potente encina. Los muros de grandes lajas están muy deteriorados y es necesario consolidar estas ruinas para que no desaparezcan. El lugar se encuentra en el gran meandro conformado por el río Alhama, en un espacio singular, digno de una visita.

Cuando regresamos de contemplar esta ermita, Martín nos señala espacios del sendero que en algún momento hicieron la función de cisqueras; es decir para la obtención de carbón vegetal. Tras visitar el paraje “Los Praillos”, la iglesia, y hacer un descanso en el bar-restaurante “Buenaventura Herrero”, de lo que ya dimos cuenta en una entrega anterior, nos dirigimos al Barrio de Abajo de la localidad. Se encuentra este barrio al lado del río Montes, al que llegan los barrancos del Reajo y Vallejo, y que conduce sus aguas al río Alhama, un poco más abajo. Allí encontramos la ermita de Santa María de Verducea, a la que una obra nueva le ha comido la cabecera.

Como hemos señalado anteriormente, en 1766 el visitador General del Obispado de Calahorra y La Calzada visitó la ermita de la Virgen de Verducea, y mandó que se profundizara más una zanja ya iniciada tras la pared que mira al norte de la “Hermita de la Barruzeda”, para evitar que la perjudicara la humedad, y que se hiciera con las pocas rentas y la gran devoción que tenían a esta imagen sus vecinos.

Por el inventario de 1827 sabemos que, en esa fecha, la ermita de la Verducea contaba con tres escaleras de piedra para el acceso a un pequeño pórtico, con asientos de piedra a los lados; puerta de dos hojas y un coro bajo con balaustrada de madera a los pies. Toda la nave y coro estaban rodeados por asientos de piedra. En esa fecha tenía capilla de cielo raso con tarima de pino y un pequeño retablo dorado con nicho para la Virgen. Detrás del altar había una puerta que daba entrada a la sacristía, que custodiaba manteles, casullas etc. En 1816 se hace la última anotación con las cuentas de esta ermita. Como ya señalamos, la cabecera desaparecerá al integrase en una nave agrícola en la que puede verse un sillar con la inscripción: IHS 1643.

Poco queda de lo que, seguramente, sería la parroquia del Barrio de Abajo. Tan poco queda que cuenta la leyenda que en honor a esta virgen, dado que estaba sin edificio, se colgaba una pequeña campana en un árbol y se celebraba una misa a la virgen de Verducea en la iglesia de San Martín. Fue esta una más de las seis parroquias que tenía el pueblo (San Salvador, San Martín, San Miguel, Santa María de la Vega, Santa María de Verducea, y Santa María de Barruso). Una calle en el Barrio de Abajo recuerda la existencia de esta parroquia medieval.

Después de cruzar el río Alhama por el puente medieval restaurado subimos por una carretera en obras y peligrosa, por la afluencia de maquinaria pesada hasta los restos de la ermita de San Miguel. Esta ermita a la que le ha crecido una gran encina en su interior se halla al lado de una necrópolis aparecida cuando se realizaban las obras del nuevo tramo de la carretera SO-630. Los arqueólogos han destapado sus tumbas que aparecen abiertas pero que serán pronto cubiertas por el asfalto. Allí, al lado de sus muertos, queda esta antigua iglesita de la collación de San Miguel.

Sabemos que en 1476 se convirtió en ermita, pues en esa fecha se integró en la parroquia de San Martín, ya que la feligresía había abandonado el barrio. Por otra parte podemos deducir que en 1766 ya no se consideraba como ermita, pues en la visita pastoral efectuada ese año, el visitador recorrió varias ermitas de la villa, pero no la de San Miguel; será por entonces cuando la vieja ermita se convirtiera en una cantera que sería aprovechada por los magañeses.

La vieja iglesia de San Miguel se encontraba en la parte superior del barrio, en un lugar estratégico para evitar las barranqueras del Alhama. La parroquia tenía planta rectangular con perfecta orientación canónica. De la vieja parroquial solo se conserva parte de la cabecera rectangular hacia el exterior, pero el interior, como pasa en la ermita de Nuestra Señora de Barruso, es semicircular. De lo que fue la nave, apenas se conservan restos, pues la construcción, en los años 40 del pasado siglo XX, de la nueva carretera hacia San Pedro Manrique la hizo desaparecer, no sabiendo si la portada se encontraba a mediodía o a poniente. Al parecer nave y cabecera tuvieron la misma anchura y su fábrica es de piedra trabada con mortero de cal. Las esquinas y los vanos se reforzaron con sillería, y pudo contar con una cornisa con decoración ajedrezada, soportada por canecillos. En la calle Segundo Córdoba, una vivienda con un dintel fechado en 1777 adorna su fachada noreste con un canecillo románico decorado con un dolio, que según cuentan en el pueblo procede de las ruinas de San Miguel. ¡Quién sabe si la imposta con ajedrezado que decora la entrada al atrio abierto de San Martín también proceda de San Miguel!
Una vez excavada la necrópolis medieval y abandonada la vieja carretera, es el momento de excavar la nave de esta iglesia y consolidar sus restos. Por otra parte estos restos, junto con los de la Virgen de la Verducea y San Salvador, merecen unos paneles informativos que ayuden al viajero en sus visitas.

Antes de abandonar Magaña, visitamos la ermita de Santa María de Barruso, otra de las ermitas románicas de la localidad. Esta se encuentra, como su propio nombre indica, en el barrio de arriba, en la ladera del castillo y su querencia es introducirse en la roca sobre la que se levanta. En ella se venera la imagen de Nuestra Señora de Barruso, que estos meses veraniegos descansa entre las paredes de la iglesia de San Martín. Fue en tiempos parroquia del barrio de la Solana, del que hoy no quedan apenas restos. A pesar de sus múltiples reformas, todavía conserva la traza de la iglesia románica, levantada en mampostería con una nave cubierta con bóveda de cañón apuntada, reforzada por fajones. Su cabecera al exterior es rectangular, pero al interior es ultrasemicircular, lo que tradicionalmente ha servido para atribuirle un origen prerrománico. Su conservación, gracias a diversas actuaciones, aún es buena, pero, lógicamente, ha perdido sus características originales.

Salimos del lugar por `La Carrera´ el viejo camino, que por debajo del castillo, domina la barranquera del río Alhama y conduce al centro de la localidad; este aparece jalonado por cruces que son estaciones de un viacrucis, al final del cual se hace la hoguera de San Antón.



BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de San Martín de Magaña (Soria).
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: la Virgen de los Monasterios IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: LA VIRGEN DE LOS MONASTERIOS (MAGAÑA) (Web consultada el 14/08/2023)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: San Miguel de Magaña IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: SAN MIGUEL DE MAGAÑA (Web consultada el 14/08/2023)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: la Virgen de la Veducea IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: LA VIRGEN DE LA VERDUCEA (MAGAÑA) (Web consultada el 14/08/2023)
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- PASCUAL HERRERO, José Nicolás (2.021) Magaña y su Patrimonio. Historias con historia. Edita Excma. Diputación de Soria. Soria.
- RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, José Manuel (2002): Magaña, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 603-610.










domingo, 9 de julio de 2023

LA PARROQUÍA DE SAN SALVADOR EN MAGAÑA, EL AVANCE GALOPANTE DE LA RUINA.

“Te sorprenderá Magaña. El puente roto sobre el río Alhama, los frutales, el
molino, los dos barrios que debes ver -al fondo las casas, los huertos
y el barranco- desde la iglesia de San Martín. Y el castillo, que
tiene un calicanto extraordinario y da mucha alegría
de verlo cada día ahí en la pingorota […].”

Donde la vieja Castilla se acaba: Soria. Avelino Hernández


El 8 de junio amaneció nublado, con nubarrones en el norte que amenazaban lluvia. Llevábamos ya un tiempo en que las precipitaciones eran frecuentes, y con la novedad de ser casi siempre torrenciales en media España. Con esta incertidumbre nos dirigimos a Magaña, y el tiempo que resultaba amenazante a la salida, se fue pacificando y la mañana se fue haciendo amable y fresca.

Para ir a Magaña hay que tomar la carretera de Almajano, es decir la SO-P-1001 y, sin dejarla, pasando por La Losilla, Pobar y Villarraso, llegamos a destino, en poco más de media hora. Allí, en la localidad de Tierras Altas, protegida por las sierras de Alcarama, Cabezas y El Almuerzo, nos recibe el impresionante castillo de la Nava del Marqués alzado, en el siglo XV, sobre un cerro dominador. Esperándonos estaba Martín Matute, miembro de la Asociación de Amigos de Magaña, que se había desplazado desde Parla para servirnos de cicerone por este pueblo que, a todas luces, tanto ama. Queremos dejar aquí constancia de nuestro agradecimiento a su esfuerzo y amabilidad.

Magaña fue el centro de su Comunidad de Villa y Tierra en la Edad Media. Fue tierra de realengo y posteriormente perteneció al señorío de la familia de Álvaro de Luna y, después, paso a integrarse a la Casa de los duques de Alba y a la de los marqueses de Vadillo. En el siglo XIX, se constituyó como municipio, llegando a abrigar a más de 300 habitantes. Aunque en el siglo XX incorporó a las localidades de Pobar y Villarraso, hoy no alcanzan entre las tres los 100 habitantes, siendo Magaña la más poblada con 66.

El pueblo, situado, en buena parte, en una ladera, es grande y posee, según Martín, que todo lo referente a él lo tiene estudiado, 105 casas habitables, aunque desgraciadamente pocas de ellas ejercen su función habitacional durante todo el año.

Tras visitar la Virgen de los Monasterios, de la que daremos cuenta en la siguiente entrega, Martín nos condujo al paraje llamado “Los Praillos” en el interior de la dehesa boyal de Magaña; con un paisaje totalmente diferente al de los encinares que habíamos recorrido. Se trata de un robledal espeso en el que de repente aparece un ejemplar centenario, imponente, escondido entre la maleza como queriendo protegerse de la vorágine humana.

Volviendo al pueblo, callejeamos con Martín, acercándonos al puente de San Juan, las viejas piscinas, terrazas con nogueras, casonas con canecillos románicos, antiguas escuelas y antiguo ayuntamiento. En la escuela, levantada en 1904, el ayuntamiento, que posee bastantes propiedades, ha decidido construir dos coquetas casas rurales y una tienda. Tienda que sobrevive con la escasez de consumo que pueden realizar los algo más de 60 habitantes que viven en el pueblo.

Antes de seguir nuestra visita hacemos una parada en el único bar del pueblo. El bar tiene nombre: Buenaventura Herrero, y la presencia del edificio destaca por su singularidad. Se trata de un inmueble diseñado por el arquitecto Ramón Martiarena, tan prolífico en la ciudad de Soria, y costeado con parte de las 100.000 pesetas que Buenaventura dejó al ayuntamiento para construir una escuela, que permitiera a los jóvenes de su pueblo estudiar, y un edificio que hiciera las funciones de casa consistorial. Así pues el resultado es el de un bar-restaurante amplio, limpio y bien cuidado que actualmente vive, además de los comensales de fines de semana, de los arqueólogos que estudian la necrópolis medieval de la antigua collación de San Miguel, antes de ser destruida por el nuevo trazado de la SO-630; y de los trabajadores que arreglan y modifican esa carretera.
La iglesia de Magaña está dedicada a San Martín de Tours, santo que ha pasado a la historia por ofrecer, siendo militar romano, en el año 337, media capa a un mendigo que tiritaba a las puertas de Amiens. El nombre de la mitad de la capa, “capilla” ha pasado a denominar los espacios laterales de las iglesias occidentales. Su fiesta se celebra cada 11 de noviembre. Al lado de su entrada, Martín, cuyo día de nacimiento se aproximaba al de la fiesta patronal, y de ahí su nombre, nos enseña y explica un círculo empedrado, como si se tratara de una era pequeñita, que servía para jugar a las “ocho en raya”. Estuvo en su día cubierto de cemento, hoy, porque todo regresa, ha vuelto a su apariencia original. Lo mismo ha sucedido con el empedrado de diferentes rincones del pueblo, actualmente recuperados. La iglesia es amplia, de una nave y allí se conservan, además de un buen retablo, las imágenes de las vírgenes de Barruso, del Rosario y de Verducea. Debajo del coro, alojada en una capilla pequeñita, se encuentra la pila bautismal románica.

Pasado el puente medieval que cruza el río Alhama, sobre un pequeño altozano y al lado de la carretera que nos lleva a San Pedro Manrique, nos encontramos con los restos de la ermita de San Salvador; antigua parroquia del pequeño barrio que allí se asentara. Fue una de las seis parroquias con las que contó la villa de Magaña durante la Edad Media. A finales del siglo XV esta parroquial se convertirá en ermita, fusionándose a San Martín; ya en la visita pastoral efectuada en 1766, el visitador recorre varias ermitas de la villa, pero no la de San Salvador, por lo que podemos entender que por esas fechas se había abandonado el lugar.
La parroquial de San Salvador es el típico edificio del románico rural soriano. Una iglesia de una nave, levantada en mampostería menuda y que contó con una espadaña a poniente. Con una cabecera con tramo recto en el presbiterio y ábside semicircular. Las esquinas y los vanos se reforzaron con sillares, hoy expoliados, si exceptuamos la ventana abocinada de poniente. En el muro meridional estuvo la portada, también expoliada y en el muro norte existió una más pequeña con arco de medio punto, hoy tapiada. La cabecera se iluminaba con dos ventanas, expoliadas y cegadas; una en el tramo presbiterial y otra en el eje absidal. Todavía se conservan en el presbiterio restos de impostas con perfil de nacela, que nos indican que este espacio se cubrió con una bóveda de cañón. El ábside se cubrió con una bóveda de cuarto de esfera de la que se conserva el arranque.

La ausencia de impostas y de estribos en la nave, nos hace pensar que como cientos de iglesias del rural soriano, se cubriría con techumbre de madera a dos aguas. El muro de poniente se asienta sobre un afloramiento rocoso y en él se ha conservado una ventanita muy abocinada hacia el interior. Por los restos que se conservan en este paño parece que sobre este muro se levantó una espadaña rematada a piñón; a su vez aquí se conservan grandes lajas encastradas en el muro, peldaños de lo que fue la escalera de acceso a la espadaña o al coro, algo que recuerda a San Baudelio de Berlanga.

Cuando se efectuaron los trabajos de campo (1.999) para la Enciclopedia del Románico en Castilla y León, José Manuel Rodríguez Montañés todavía pudo ver las dos esquinas occidentales en pie. La esquina sur se desplomó pocos años después, perdiéndose los dos canecillos de nacela que soportaban la cornisa románica. Hoy todavía sigue en pie el alero norte, cuya cornisa es soportada por dos canecillos, uno de nacela y el otro decorado con una esquemática cabecita. En la construcción de la escuela de 1904, a la que hemos hecho referencia anteriormente, se emplearon en sus esquinas tres canecillos románicos, los dos del costado norte se decoran con toscas cabecitas, muy similares a la que vemos en San Salvador, mientras que el que decora la esquina meridional lo hace con una cabeza de buey. Por ello podemos deducir que en 1904 la ermita de San Salvador, que lo había dejado de ser a mediados del siglo XVIII, se había convertido en una cantera de la que los vecinos y el municipio de Magaña extraerían materiales ya trabajados.
La ausencia de cualquier actividad ha permitido que en el interior de la nave crezcan carrascas, que se han sido podadas y recogidas en pequeños montones. Mientras, en el rincón noroeste, se ha dejado crecer una imponente encina que asoma ampliamente por encima de la caja de los muros. Ese cuidado se debe a que estos restos se encuentran en manos privadas, no sabiendo con exactitud cómo la propiedad llegó a esta familia. En la localidad dicen que la antigua ermita fue desamortizada, pasando por heredad al actual propietario.

De las decenas de iglesias sin techo que hemos estudiado hasta el momento, estas son sin duda las que más se han deteriorado en las dos últimas décadas, encontrándose en la actualidad a punto de desaparecer completamente. Estas ruinas, como otras tantas de la provincia de Soria, merecen ser consolidadas y estudiadas para que puedan ser disfrutadas por futuras generaciones. Magaña es un paraje precioso, con una larga historia que ha dejado interesantes muestras de ella en sus iglesias. Hoy, parte de ello puede perderse si, como viene siendo habitual, nada se hace para impedirlo.



BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de San Martín de Tours de Magaña.
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- ENRÍQUEZ SALAMANCA, C. (1998) Rutas del románico en la provincia de Soria. Edita Codex-Rom. Tudela
- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- IDOUBEDA OROS 2011. ETNOGRAFÍA. IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: SAN SALVADOR (MAGAÑA) (Consultada el 01/06/2023)
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- PASCUAL HERRERO, J-N. (2021): Magaña y su patrimonio. Historia con historias. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria.
- RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, José Manuel (2002): Magaña. Ruinas de la Iglesia de San Salvador”, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 603-610.

domingo, 28 de mayo de 2023

EL CEMENTERIO ROMÁNICO DE HUÉRTELES EN LAS RUINAS DE SAN LORENZO

 

“Es tan bello el paraje de puro abrupto y primitivo que deberías rodear -Diustes, Villar
de Maya, Santa Cruz, Vizmanos, Huérteles- por el solo placer de prolongarlo.
Es una lástima que llegado al último pueblo nombrado
nadie ya te conteste si cantas de picadillo. …”
Donde la vieja Castilla se acaba: Soria. Avelino Hernández



Fue el jueves 23 de marzo cuando el equipo de Románico sin techo visitó Huérteles, localidad de Tierras Altas a la que se accede por la carretera autonómica SO-615 hasta llegar al cruce con la SO-643, que nos llevará, en algo más de media hora, desde Soria a esta localidad. Ese jueves amaneció luminoso en Soria, pero conforme avanzábamos y ganábamos altura hacia nuestro destino, el día se fue poniendo más frío y oscuro.

Nos encontramos con un lugar en el que se podían ver vehículos y personas transitando por sus calles; unas calles que conservan un bonito empedrado que da personalidad a un pueblo limpio y recogido, en el que duermen entre 10 y 12 personas. Huérteles fue desde el siglo XII al XIX cabeza de sexmo que quedaba constituido por los lugares de Montaves, Taniñe, Las Fuentes, Palacio y Ventosa. El sexmo era una subdivisión de la Comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique, y, que como hemos explicado en alguna de nuestras anteriores entregas, consistía en tierras comunadas de varias aldeas, durante la reconquista castellana, en torno a una villa mayor. Hoy Huérteles pertenece al municipio de Villar del Río. 

Allí, en su pueblo, nos esperaba la amabilidad de nuestro querido compañero Miguel Ángel Pérez. Gracias a él pudimos ver la iglesia parroquial advocada a la Asunción de Nuestra Señora. El edifico, que combina una cabecera del siglo XVI con bóveda de crucería y una nave de 1892, está presidido por un interesante retablo de finales del XVI, que, según investigaciones de José Vicente Frías Balsa, es obra de Guillermo de Amberes y que será dorado por su cuñado Mateo Ruiz de Cenzano a la muerte de aquel. Este retablo, pero sobre todo la imagen de bulto redondo de Nuestra Señora de la Asunción y la tabla de San Miguel, bien merecen una visita. A los lados del retablo dos imágenes en madera policromada, con ricos estofados embellecen el muro sobre sus peanas. A los pies de la nave podemos disfrutar de un pequeño retablo y de la parte de otro que fue sagrario con la figura peculiar de un pelícano, y coronado con un frontón curvo, soportado por dos columnas con fustes zigzagueantes; todo ello dorado con un buen pan de oro. Siguiendo a José Vicente Frías Balsa, creemos que esta pieza podría encajar en su retablo mayor, pues según trascribe, Guillermo de Amberes se comprometió a hacer el sagrario con las siguientes condiciones: “Ha de llevar oro fino, bien batido, todo el relicario -sagrario- de manera que todo ha de ser cubierto de oro y de la pintura conforme al arte lo mandare y encima estofado en las partes que conviene”. También hay un cristo en la cruz y una pila bautismal difícil de datar.

El muro de la cabecera se empleó, cuando alguien jugaba allí, de frontón. Hoy un área polideportiva con frontón y solado pulido se asienta en la parte baja del pueblo, junto a la carretera a Montaves, esperando a quien quiera jugar. El atrio de la iglesia conserva un empedrado original de gran calidad y un curioso banco corrido fabricado en piedra. Un pequeño portalillo al oeste del atrio guarda un antiguo banco y las ruinas del viejo olmo, que hasta los años 80 del pasado siglo daba sombra al feligrés.

Al salir de la iglesia un buen rebaño de ovejas nos sorprendió gratamente. El pastor y dueño de este nos dijo que el ganado que pastorea está enfocado al comercio de carne. Es lo poco que queda de aquel tiempo en el que hubo en el pueblo unas 10.000 ovejas.

Miguel Ángel nos enseñó su estupenda y bella casa y desde allí nos acompañó al cementerio: objetivo principal de nuestro viaje, a medio kilómetro al norte del caserío. Allí queda en pie: la cabecera, con ábside y presbiterio de igual anchura, el muro norte y restos del hastial occidental, donde sin duda estuvo la espadaña. El muro meridional y la portada han desaparecido, si bien conserva el arranque de aquel. Se marcan todavía en el suelo, con piedras, las dimensiones de la iglesita, ubicada en la parte más alta del cementerio, desde donde hay una preciosa vista de los campos verdosos vestidos de primavera. El lugar destinado a cementerio está cuidado, no así lo que fue el solado de la nave parroquial, donde aparece algún hueso humano, cruces y piedras que se amontonan en el muro de poniente, donde estuvo el coro.

Tanto Madoz en su Diccionario como Blasco en su Nomenclátor nos hablan de la existencia de una ermita dedicada a San Lorenzo Mártir. Por el libro de Fábrica de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, sabemos que en 1828 el visitador diocesano, don Romualdo Mendoza y Sigüenza, canónigo y Dignidad de Chantre de la catedral de Calahorra (La Rioja), visitó la ermita de San Lorenzo Mártir. Según sus anotaciones, se encontraba extramuros del pueblo y en ella se celebraba la primera misa desde la cruz de mayo a la de septiembre. La encontró en muy mal estado y ordenó: componer y consolidar la pared del lado del evangelio, consolidar la cruz del altar. Mandó al cura del lugar, ayuntamiento o a quien correspondiera que en un mes se blanqueara el interior de la ermita, que se consolidara la pared del coro y que se reparara la campana. Si no se adecentara el altar y toda la ermita, no se debía permitir celebrar el Santo Sacrificio de la Eucaristía.

La ermita no se debió reparar, pues cayó en el olvido. Lo que sí sabemos es que la fábrica de la parroquia en 1834 dedicó parte de sus ingresos a levantar un nuevo cementerio, adosado a la vieja ermita. Se pagaron muchos jornales por levantar paredes, hacer una puerta con su cerraja, bisagras y clavos y, también, por la licencia para bendecir el nuevo camposanto.

Es posible que alrededor de esta ermita estuviera asentada la primera puebla y que esta bajara al valle del río Ventosa y la antigua parroquial se convirtiera en ermita. El recuerdo de San Lorenzo Mártir lo podemos ver en el retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en el que Guillermo de Amberes nos representa al mártir, musculoso y desnudo, siendo llevado a la parrilla.

Desde su conversión en camposanto el deterioro fue a más, por lo que se tuvo que reconstruir la cabecera, cegándose al exterior los dos vanos que iluminaban el ábside. Los muros recrecidos de la cabecera se hicieron un poco más delgados y toda la cabecera se recubrió con una bóveda de horno a hueso, que recuerda, por la disposición de sus lajas, el empedrado de las calles del pueblo. Está bóveda se encementó con una ligera capa de hormigón que fortaleció toda la estructura. La espadaña y el muro sur desaparecieron, así como su techumbre, y con los restos de su humilde portada se reconstruyó la nueva del camposanto mirando a levante. La parte exterior del ábside se encaló en su día.

En su interior, destaca su arco de gloria apuntado en buena sillería, sobre pilastras lisas con sencillas impostas. La cornisa de la cabecera la constituyen simples lajas que apoyan en canes sin tallar. Por los restos que han llegado hasta nosotros podemos deducir que la nave se elevaba sobre la cabecera. La ermita de San Lorenzo Mártir, como muchas de las pequeñas iglesias de Tierras Altas, es un buen ejemplo de la humildad y sencillez de las construcciones románicas. Es un edificio pobre, sin ninguna decoración, que aprovecha los materiales constructivos que tiene en su entorno, lo que hoy se conoce como huella de carbono cero. Estos muros que han llegado hasta nosotros son representativos de lo que debieron ser muchas iglesias que presidieron la vida de aquellas primeras aldeas surgidas en la Extremadura castellana.

Esta cabecera bien merece una nueva techumbre, quizás de lajas, que le permita superar otros 800 años y que dignificaría el trabajo y la fe de los antepasados que la edificaron.

Nos despedimos del lugar recorriendo sus calles empedradas y acercándonos al río Ventosa, que fluye alegre por la localidad, pasa al lado del lavadero y ambos, río y lavadero, consiguen crear un rincón agradable, con ese sonido reposado que crea el agua de los pequeños arroyos.

Despedimos la mañana con un café y unos torreznos en San Pedro Manrique, con nuestro compañero Miguel Ángel y el párroco de la localidad Antonio (Toño) Arroyo, que atiende a 56 pueblos, con el que dialogamos sobre la problemática de la reconstrucción de la iglesia de San Bartolomé de Sarnago y de otras tantas localidades de Tierras Altas que tan bien conoce.

BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA.
Libros de Fábrica de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Huérteles (Soria). (1745-1900) Ref. Antigua 221/12; Ref. Actual 1605.
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- FRÍAS BALSA, José Vicente. El retablo mayor de la iglesia de Huérteles http://soria-goig.com/Pueblos/pag_106.htm (Consultada el 18/06/2023)
- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria.” Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional. 
- RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, José Manuel (2002): Huérteles. Ermita del cementerio, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 567-569.