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sábado, 30 de diciembre de 2023

LA IGLESIA DE LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA EN QUINTANILLA DE NUÑO PEDRO

LA IGLESIA DE LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA EN QUINTANILLA DE NUÑO PEDRO



“Castilla se va entretejiendo, como ocurre con España entera, sobre un
cañamazo cultural muy complejo, pero en el que destaca
de manera singular el fragor de las luchas con
los islámicos y las largas paces en
convivencia con ellos”.

Guía espiritual de Castilla. José Jiménez Lozano




¿Cómo es posible que, a estas alturas del siglo XXI, en España haya ciudadanos que no puedan conectarse por teléfono desde sus casas, que tengan que buscar un punto determinado en sus pueblos para poder contactar con seres queridos, con servicios, con sanidad, etc.? ¿Quiénes son los responsables de tal situación? ¿Acaso son los mismos que nos exigen una cita para atendernos o nos animan al control de las nuevas tecnologías? Pues bien, la situación descrita, tan anacrónica, sucede cada día en muchos pueblos de la provincia de Soria, y Quintanilla de Nuño Pedro es uno de ellos.

Hemos realizado este viaje, pasado el día de San Saturio, cuyas fiestas fueron tan calurosas como las de San Juan. Así pues, nos acompañó un día cálido hasta este pueblo de nombre tan medieval, y que cambió su nombre de Quintanilla Nuño Pedro para añadirle una “de” actual.

Estamos ante una de esas poblaciones, como tantas otras, venidas a menos en nuestro territorio. Perteneció a la Merindad de Santo Domingo de Silos y fue municipio con unos 70 habitantes; hoy está integrado en Espeja de San Marcelino y no llegan a veinte las almas que allí permanecen habitualmente.

Para llegar al lugar hay que utilizar la N-234 hasta San Leonardo, y allí desviarse a la izquierda para tomar la SO-934 hacia Peñaranda de Duero (Burgos), que nos llevará hasta la población.

Nos sorprendió que hubiera cinco o seis personas esperándonos, a las que se fueron añadiendo, poco a poco, unas diez más. Tanta afluencia daba idea de la preocupación con que los pobladores de este pueblo están viviendo el problema de su iglesia. Una iglesia que tiene goteras, ocasionadas por el desplazamiento de las tejas y el onduline de la cubierta, y en la que además el muro norte de la sacristía puede derrumbarse. Contrasta la situación de descuido de la iglesia con el cuidado que se ha puesto en las calles y demás edificios del pueblo, destacando, entre otras recuperaciones, el renacido rollo jurisdiccional.

Tanta afluencia y tanto interés nos produjo cierto temor a que nuestra presencia creara falsas expectativas de solución. Nuestro poder no va más lejos que el de plasmar en estas hojas el problema y la angustia con la que se vive.

Elvira García nos explicó que se habían puesto en contacto con el Obispado y la Diputación de Soria y que les sufragan el 75% del coste de las reparaciones, pero el pueblo tiene que aportar el 25% restante. Ya han pagado a un arquitecto 1.000 euros para la redacción de una memoria en la que los gastos se calcularon en 50.000 €, pero como los precios se han disparado, ahora la cantidad se eleva hasta los 67.000 €, de los que el pueblo tiene que aportar, aproximadamente, 17.000 €. La parroquia, al frente de la cual está el párroco D. Rafael, sensible al problema, dispone de unos 5.000 € y el pueblo no posee recursos para sufragar el resto, así que se pensó como solución en el micro-mecenazgo a través de una campaña con Hispania Nostra o a través de la parroquia.

Todos nos acompañaron a ver los problemas de la iglesia. En su entrada podemos ver las pinturas creadas con emoción por Carlos del Val, uno de los habitantes del pueblo. En su interior, y exterior, nos hicimos idea de la gravedad del problema. Nos explicaron que tienen dos asociaciones desde las que tratan de buscar soluciones: la del Lagar y la del Común. De esta última el presidente es Ismael Díaz, que tras abandonar Barcelona, creó en el pueblo una quesería y, actualmente, desempeña el cargo de alguacil.

La iglesia de la Degollación de San Juan Bautista es una obra del siglo XIII-XIV, con reformas importantes en el XVII. Originalmente la parroquial contó con una nave recta de mampostería, cubierta con techumbre de madera, sillares en esquinas y vanos y una cabecera rectangular. Esta se encuentra cubierta con una sólida bóveda de cañón de buena sillería encalada sobre una sencilla imposta de listel y nacela, sin distinción de presbiterio y ábside. Precisamente esta cabecera recta ha dado pie a retrasar su construcción a periodos altomedievales, aunque nosotros lo consideramos como un arcaísmo más de la pervivencia de las cabeceras rectas en esta comarca. El arco de triunfo es un potente y austero arco de medio punto sin decoración y muy cerrado, que descansa sobre sus jambas, coronadas por una imposta de listel y nacela. En el muro meridional se puede ver cómo la nave es ligeramente más ancha que la cabecera. La cabecera se ilumina con una ventana adintelada, que se abrió con posterioridad, partiendo la bóveda. Al exterior y por debajo de esta se puede ver la pequeña aspillera original, que fue cegada cuando se recreció la altura del inmueble. En el muro meridional se abre la portada en un sencillo arco de medio punto, protegida por un portalillo moderno.

En un momento indeterminado, quizás del siglo XVII, se decidió ampliar la iglesia y para ello eliminaron el muro norte, levantando dos grandes arcos de medio punto, similares al triunfal, abriendo una nueva nave. En la cabecera abrieron una puerta que daría paso a la nueva sacristía. Al fondo de esta nave septentrional se sitúa el bautisterio, cerrado por una balaustrada de madera con la fecha de 1897. En éste se custodia una pila bautismal decorada con un bocel en la embocadura y gallones cóncavos, que también es obra de la primera construcción, ya de finales del XIII o principios del XIV. Esta nave, en la actualidad, corre peligro de derrumbe, para evitarlo los vecinos han posteado con puntales metálicos algunas de las vigas y con cubos recogen el agua de las goteras. El muro norte de la sacristía amenaza con venirse abajo, pues actualmente presenta un gran desplome y una potente grieta en la parte superior.
En el interior destacan: sus dos retablos, el gran pendón y la cruz procesional, así como la escultura de San Filareto, abogado de la vista. En la enjuta de los dos grades arcos de medio punto podemos ver el campanillo de rueda, al que se atribuyó una procedencia del antiguo Monasterio Jerónimo de Guijosa, en el que podemos leer una inscripción con el donante y el año de 1885. Esta es una pieza única en las iglesias sorianas y se toca en el momento de la Consagración.

La nave, como hemos señalado se recreció, con alero de teja, mientras que en la cabecera se conservó la cornisa de simple nacela sin canes, muy parecida a la de la vecina ermita de la Virgen de la Torre de Guijosa. Cuando se hizo la sacristía la cornisa de listel y nacela se recolocó en el muro septentrional. A poniente, y también como resultado de la última reforma, se levanta una buena espadaña de sillería con dos troneras para campanas, rematada con frontón triangular con pináculos y cruz. Según cuentan los vecinos, en los últimos años y por efecto del clima, se producen pequeños desprendimientos de esquirlas. Siguiendo la nave septentrional y al exterior un pequeño muro de mampostería acoge la antigua huesera de Quintanilla.

Casi todos los varones que nos acompañaron son de fuera del pueblo, no así las mujeres. Pero unos y otros nos mostraron idéntica preocupación por su iglesia. Miguel, extremeño, es un ejemplo de ello. Casado con Elvira vivieron en Barcelona y ahora están afincados definitivamente en el pueblo. Prácticamente todos ellos han probado el sabor amargo de la migración y, en un momento dado, han decidido regresar, volver al pueblo de forma definitiva o temporal. Es el caso de Luis del Hoyo, que fue alcalde del pueblo, y Avelina Carazo, que pasan cuatro meses en Torremolinos y luego regresan a su querido pueblo.


No hay jóvenes entre nuestros acompañantes, y es que su sensibilidad es diferente. Su preocupación no es tanto la iglesia como las comunicaciones para que otros jóvenes acudan a trabajar allí, o visiten a sus abuelos sin necesidad de estar abocados a un aislamiento al que les condena la falta de cobertura.

El pueblo lucha por conservar su patrimonio religioso y para ello abrieron una cuenta en la oficina de Caja Rural de Soria de San Leonardo, a nombre de Parroquia de la Degollación de San Juan Bautista de Quintanilla de Nuño Pedro: Número de Cuenta, en la que reciben las aportaciones de los amantes del patrimonio rural. 

Oídos sus problemas e inquietudes, nos mostraron su espectacular “Lagar”, convertido en una gran sala-bar y museo etnográfico. Allí nos despidieron con tremenda amabilidad y con un apetitoso ágape acompañado por un excelente vino cosechero de Luis.

Antes de regresar a Soria nos detuvimos en Guijosa. Allí nos esperaba Lorena de Pablo, su madre y José Ramón García Esteban, teniente alcalde de Espeja de San Marcelino y alcalde pedáneo. Lorena, junto a los hermanos Rocío y David Redondo ha creado una empresa que gestiona varias cuentas en redes sociales, entre las que destaca “Soria está de moda”. Esta visita, sus gentes y su rico patrimonio, bien merece otro artículo en estas páginas semanales.







BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de la Degollación de San Juan Bautista.

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.

- MARTÍN DELGADO, José Javier (2021): Memoria valorada. Sustitución de cubiertas y obras de reparación en la iglesia de la Degollación de San Juan Bautista de Quintanilla de Nuño Pedro. Estudio de arquitectura Lado por lado. Soria 2023.




domingo, 29 de enero de 2023

LA NATIVIDAD DE CASTILLEJO DE SAN PEDRO, EL ROMÁNICO SALVADO.

 

“Descendemos un buen rato por la empinada cuesta. El pedregoso camino
va perdiendo la nitidez de su trazado por falta de uso hasta
confundirse con el campo y da vueltas y revueltas hasta
llegar a Castillejo, que se asienta sobre el alcor.
El nombre es apropiado”.
Historias de la Alcarama. Abel Hernández

Tanto nos había impresionado Castillejo de San Pedro en nuestra anterior visita que el día 3 de noviembre nos dispusimos para volver a paraje tan peculiar. El día estaba indeciso y oscilaba entre la amenaza de lluvia y unos tímidos rayos de sol. La temperatura había bajado, pero resultaba agradable el paseo por los campos de estas tierras.

Puesto que la carretera estaba cortada tanto por Magaña como por San Pedro Manrique, tuvimos que coger el desvío de Matasejún. Allí volvimos a la carretera que une San Pedro con Magaña y Matalebreras. Es una carretera que deja a la izquierda un valle profundo y abandonado. Allí, solitarias, yacen algunas localidades como Castillejo, Las Fuesas, Valdelavilla, reconvertida en plató cinematográfico, o El Vallejo. Tan abandonado está este valle que hasta los letreros que marcan el cruce para bajar a él tienen sus letras desgastadas y sin pintura. Tan poco transitada está la carretera que en su centro conviven con tranquilidad varios corzos sorprendidos de la presencia de nuestro vehículo. Al llegar a Las Fuesas, después de transitar por una fuerte pendiente no exenta de curvas peligrosas, hay que ascender por una empinadísima cuesta hasta alcanzar Castillejo. El lugar se individualiza en un espolón formado por el Barranco del Juncal al este y por el Arroyo de Malserver o Barranco de la Nava al oeste, que, junto con otros barrancos y arroyos, forman el río Valdeprado.

Días antes habíamos hablado con Laura y Belén, que ahora luchan por recuperar la vieja fuente y si es posible el viejo lavadero. En 2018 lograron recuperar el pilón de la abuela situado a menos de un kilómetro del pueblo en el Barranco del Juncal. Son ellas las que nos facilitan la visita y se ponen en contacto con Fernando y Sergio para que nos enseñen la localidad.


Allí nos espera la amabilidad de Fernando Gutiérrez, que nació en la provincia de Burgos, pero el matrimonio lo atrajo a este casi despoblado para convertirlo, prácticamente, en la única persona que comparte las noches con lo que queda de Castillejo. Se desplaza a Pamplona, donde ha tenido su vida laboral vinculada a la hostelería como cocinero, pero siempre que puede, que ahora su condición de jubilado le permite que sean muchas veces, pasa el tiempo, su vida, en Castillejo. Dedica las horas a arreglar los muros de lajas, miradores, … que hacen del pueblo un lugar de una visión extraordinaria.

Se unió a Fernando, como cicerone, Sergio del Barrio, concejal en el Ayuntamiento de Valdeprado, del que Castillejo es un barrio y a quien su barba trenzada confiere un aspecto peculiar. Nos cuenta Sergio que la población del pueblo se marchó hacia Pamplona, Barcelona y Zaragoza cuando quisieron expropiar sus pequeñas parcelas para repoblar la zona con pinos. La gente se marchó y los pinos no llegaron. Nos habla de la lucha para conseguir alumbrado público, el servicio de agua corriente y alcantarillado, uno de los motivos por lo que es concejal.

Juntos, nos vamos acercando a la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, que Fernando, ayudado por algún vecino y con la colaboración de D. Antonio Arroyo, párroco de San Pedro Manrique, han logrado salvar de la ruina durante el período de la pandemia. Un pequeño grupo de vecinos, con la anuencia del párroco, lograron limpiar y rehabilitar el interior de la pequeña iglesia, mientras que la parroquia con recursos propios rehízo la torre espadaña y solucionó la rotura de alguna viga de la cubierta. Así invirtió Fernando sus días de soledad pandémica, que no era más soledad que la que habitualmente tiene el pueblo. Su habilidad y voluntad hicieron posible la reconstrucción de paredes, bautisterio, púlpito, confesionario, sacristía, coro, etc. Esa colaboración consiguió dignificar la pequeña iglesia y salvar el inmueble de una segura ruina.

Castillejo fue una aldea de la Comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique dentro del sexmo de Carrascales; su parroquia, por entonces bajo la advocación de la Virgen del Rosario, dependía de la de San Martín de San Pedro. La pequeña iglesia de la Natividad de Nuestra Señora se encuentra en lo más alto del caserío, si bien por su disposición, desde la lejanía solo se distingue el piñón de la espadaña. Ello se debe a que se excavó y se niveló el solar para evitar humedades e individualizar el inmueble, apareciendo la iglesia encajada en la roca.



Con orientación canónica E-O consta de una sola nave con cabecera recta, con cubierta de cielo raso. Está edificado, mayoritariamente, en mampostería de lajas, con sillares en las esquinas, portada y en las troneras de la espadaña. Posiblemente el edificio fue renovado a principios del siglo XVII, pues al menos un retablo lateral está fechado en 1624. Al exterior la cabecera es ligeramente más estrecha, mientras que al interior vemos cómo, entre lo que sería el presbiterio y la nave, los muros no aparecen trabados, como si hubieran trabajado dos cuadrillas distintas.

Del periodo románico se conserva la portada abierta en el muro sur con arco de medio punto y dos arquivoltas que voltean sobre impostas de nacela y filete. Ésta estuvo protegida por un pórtico techado con lajas, del que se conserva el arranque. También del mismo periodo ha llegado hasta nuestros días una tosca pila bautismal que podemos ver en el bautisterio, situado debajo del coro y protegido por una reja de madera. La pila es semiesférica lisa y está ejecutada en caliza, soportada por una columna, que a su vez lo hace sobre un basamento circular escalonado. A los pies de la nave destaca su espadaña con dos troneras, la del lado norte con arco apuntado y ultrapasado, mientras que la del sur con arco de medio punto ultrapasado, las dos con dovelaje de toba calcárea, que albergan dos campanas. El muro de la espadaña se culmina a piñón con cubierta de lajas y coronada con una cruz latina.


Como tantas iglesias y ermitas de la provincia, también hubo quien se aprovechó del desamparo de la iglesia, y dos de sus imágenes fueron robadas. Hoy dos vírgenes de cierto valor, para que no corrieran tan triste destino, se custodian en Fuentes de Magaña.

En la actualidad, el pueblo tiene siete contadores, y antaño alcanzó a tener cuarenta familias. Hoy cada contador no equivale a cuatro o cinco habitantes, pero es posible que esa sea la cantidad por la que hay que multiplicar a las cuarenta familias que hubo y ser conscientes del desastre de este y de miles de pueblos de nuestro país. Pero los pueblos no terminan de rendirse, son quijotes valientes que permanecen orgullosos en la desnudez de sus viviendas vacías, que en ocasiones son capaces de rellenar. Y siempre hay alguien que trata de reunir a aquellos que tienen algún trocito de su corazón enterrado entre esas paredes. En las últimas fiestas, que se celebraron el primer sábado de septiembre, se dieron veinte comidas, no es mucho, ciertamente, pero vida hay.

Camino del remozado cementerio, vemos dos eras empedradas muy bien conservadas. Encima del dintel de aquel se ven los restos de un cráneo infantil, sustituyendo a los bajo relieves de calaveras con tibias de tantos camposantos sorianos. Al otro lado de la puerta están los huesos enterrados de los que fueron pobladores del lugar, y entre ellos están los de la señora Antonina, su última pobladora censada que falleció la noche del 23 al 24 de diciembre de 1994; a partir de entonces, antiguos habitantes de Castillejo se empadronan en el lugar y comienzan a rehabilitar sus viviendas, los inmuebles y los espacios públicos. Logran por fin tener en las viviendas agua corriente y red de alcantarillado, así como alumbrado público. En un habitáculo anejo al cementerio descansa, olvidado, un ataúd de pobres.

Por si fuera poca la amabilidad de nuestros cicerones, Sergio nos invitó a un agradable y calentito café en su acogedora casa y Fernando nos despedía con un saquito generoso de nueces. Al abandonar la localidad, vemos lo que queda en pie de la vivienda del “Tío Juanillo”, que según cuentan, “por no bajar a por agua a la fuente cocinó unas lentejas con vino”. No sabemos con certeza si es el mismo Juanillo, que según relata Abel Hernández, confundieron con un maqui mientras trataba de llevar algo de caza a su cocina.
Todavía hubo tiempo de visitar la fuente de la localidad, un nacedero natural de una profundidad de 2,5 m, que no pozo ciego, como sostiene la alcaldía de Valdeprado. Se encuentra casi arruinada, en el centro de un campo labrado, en el fondo del valle. Al lado de la fuente estaba el lavadero, tan importante para Castillejo. Allí llegan las aguas del arroyo Malselver y este era el lugar en el que los habitantes de Castillejo se proveían de agua para luego ascender por un empinado camino hasta sus casas. En estos últimos años la lucha de estos pobladores es recuperar este espacio para disfrute público.



En Las Fuesas nos despedimos de estas tierras tan cautivadoras, consolados por la existencia de un huertecito en el que todavía crecen verduras, lo que significa que no todo está abandonado y que la resistencia de los pueblos es inagotable. Sin duda volveremos a estos parajes inhóspitos y desolados con la certeza de que lo que no se cuenta, no se conoce.

BIBLIOGRAFÍA:

- ANDRÉS GARCÍA, Lidia; POSTIGO ESCRIBANO, Vidal (1996): Sobre ermitas, templos y religiosidad popular en Tierras Altas. Revista de Soria IIª época, nº 15.


- CAMPANAS: Web: http://campaners.com/php/campana1.php?numer=8541 (Consultada el 17/18/2023)

- GOIG SOLER, Isabel (2017): A pie por Soria, http://soria-goig.com/Rutas/pag_0472.htm (web consultado el 17/01/2023)

- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana." Madrid. Editora Nacional

- PASTOR GONZÁLEZ, José (2022): CUADERNO DE TIERRAS ALTAS (IV) <<CASTILLEJO DE SAN PEDRO>>  Web: https://periodicoirreverentes.org/2022/02/21/cuaderno-de-tierras-altas-iv-castillejo-de-san-pedro/ (Consultada el 15/01/2023)

- VV.AA. (2002) Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria. Aguilar de Campoo. Fundación Santa María la Real.