domingo, 4 de febrero de 2024

LA RUINA IMPARABLE DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL VALLEJO DE ALCOZAR

 

“Entre San Esteban y Langa la ribera se ensancha, ganando espacio para los cultivos
y para el lucimiento de su escolta vegetal. El Duero se despide de Soria por
estos pagos cidianos dejando a su derecha el lujo románico de Rejas
y la severidad del adobe con pies de enebro en Alcozar.”

Corazón de roble. Ernesto Escapa

A finales de septiembre visitamos Alcozar. El nombre de la localidad nos recuerda a otros como Alcorisa o Alcora, en fin, a pueblos con nombres árabes. El día amaneció soleado, radiante y agradable. Al entrar en el pueblo, muy cercano a Langa y justo al otro lado del Duero del despoblado de Castril, nos recibió un bien edificado lavadero. Un poco más adelante nos esperaba Mari Carmen Aparicio que resultó una anfitriona espectacular, capaz de rellenar toda la mañana, desde las nueve, con visitas constantes a los diversos lugares de interés del pueblo.

Alcozar se encuentra al oeste de Soria, a una hora aproximada en automóvil, se accede al pueblo por la N-122 o la A-11, dependiendo de tramos, hasta encontrar un cruce a la derecha antes de llegar a Langa de Duero. El lugar fue ocupado por Almanzor en 994, en la misma campaña que tomaba San Esteban de Gormaz o Clunia, y fue allí donde un año después fue derrotado el conde de Castilla García Fernández; derrota que le costó la vida. Durante el Antiguo Régimen estaba, parece ser, bajo jurisdicción eclesiástica. En el censo de Floridablanca, de 1787, se contabilizan 458 habitantes. En el siglo XIX, siendo municipio constitucional, como casi todos, alcanzó en 1887 los 600 habitantes de hecho; y ya en 1944, los 617, su máximo histórico. En la segunda mitad del siglo XX, tan catastrófico para las zonas rurales, perdió la categoría de municipio y se integró, a finales de la centuria, con poco más de 30 habitantes, en el municipio de Langa de Duero.

En las calles apenas pudimos ver a alguien, pero el pueblo, con sus casas, muchas de ellas construidas con adobe, apareció, limpio y aseado. Con Mari Carmen subimos hasta la ermita del Vallejo, y es que recibe su nombre por estar ubicada en un pequeño valle provocado por dos montículos. En uno de esos montículos se halla el torreón con su reloj, hoy eléctrico, que luce iluminado cuando la luz natural se esconde; en el otro, el de Macerón, se asienta alguna antena y desde él se domina todo el territorio.

Mari Carmen fue explicándonos prolijamente todo detalle de interés del pueblo, y no dejó de hacer referencia a Divina Aparicio, una de las almas de la asociación que ha conseguido la recuperación de muchos rincones de la localidad. Buena parte de los asociados viven fuera del pueblo: en Barcelona, Zaragoza, Madrid, Berlanga o San Esteban, como es el caso de la propia Mari Carmen y su hermano. Estos, vecinos de Barcelona, ya jubilados, buscan la mejor forma de volver a su tierra.

Visitamos la ermita de Nuestra Señora del Vallejo. Da pena. Según Patrimonio de la Junta de Castilla y León, el total de la inversión inicial fue de 298.668,47 euros, a lo que hay que sumar otros 52.000 euros para la consolidación de las ruinas y enterrar los restos óseos aparecidos durante la intervención. A pesar de estas intervenciones, aquello se cae. La antigua parroquial de San Esteban Protomártir se deshace como un azucarillo. La Asociación de Alcozar ha logrado incluir la ermita en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, pues el muro oriental de la sacristía ha sufrido un derrumbe, y lo que estuvo oculto (galería porticada y sacristía) y ahora a la intemperie, sufre un deterioro palpable.

Desde el interior del cementerio se puede ver lo que queda del ábside, posteado, pero herido de muerte por dos grandes grietas en sentido vertical. La cornisa de nacela decorada con bolas es sostenida por buenos canecillos. En el centro, la ventana absidal conserva el arco y sus cimacios, con dos capiteles irreconocibles, habiendo desaparecido sus columnas. En los cimacios podemos ver una tosca inscripción de difícil transcripción, en la creemos leer en el ubicado en el sur, ST PHANUM; mientras que en el del norte, PETRO DONO. En el centro del desordenado camposanto se halla la cruz de todas las ánimas, una cruz de madera vieja rodeada de flores, la cruz de menor valor material del cementerio, pero la más engalanada.

Quizás fue alrededor de 1965 cuando se abandonó la romería que el 3 de mayo, subía a la Virgen del Vallejo, momento que se aprovechaba para la bendición de campos. Subía desde su emplazamiento en la iglesia de San Esteban Protomártir hasta su ermita del Vallejo, en la que permanecería hasta el 12 de octubre, momento en el que volvía a la parroquia para pasar allí el invierno. La emigración provocó que se abandonara esta tradición. Desde entonces, la falta de mantenimiento de la iglesia de arriba fue crucial para llegar a la situación presente.

En 1985 Teógenes Ortego visitó el lugar y escribió para la Revista Celtiberia el artículo: “Alcozar, la iglesia de San Esteban ruina histórico-artística de la Villa” en el que describe la iglesia y su galería porticada, ya tapiada, sus pinturas murales, levantando una planta y advirtiendo del deterioro experimentado por la antigua parroquial desde su anterior visita, denunciando las condiciones en que se encontraba el inmueble, sin embargo, el pueblo no reaccionó.

La intervención del Proyecto Soria Románica dio luz a los restos de la antigua parroquial. Gracias a ellos sabemos bastante más de este puzle en que se ha convertido el inmueble románico. Se trataba de la parroquial de San Esteban Protomártir que lo fue hasta 1812 en que la advocación se intercambió con la ermita de abajo. La parroquia románica contó con una nave cubierta con techumbre de madera y una cabecera con presbiterio recto, cubierta con bóveda de cañón y un ábside semicircular cubierto con bóveda de horno. A los pies de la nave se levantó un bajo coro con bóveda de cañón en buena sillería, del que se conserva el riñón norte. En el costado norte, se adosó la escalera que daba acceso al campanario. Teógenes Ortego escribió que se trataba de un mausoleo que estaba protegido por una verja.

Adosado al muro norte y al occidental se levantó una galería porticada en “L”, que se tapió a partir de 1598 cuando la galería se integró en una nueva nave. Gracias a las últimas intervenciones podemos ver alguna evidencia de la galería occidental en la base de lo que fue la espadaña. En esta gran reforma se derribó el muro norte y se levantaron dos grandes arcos formeros, desapareciendo la portada románica y abriéndose una nueva, más acorde con los gustos de la época, y perdiéndose varios arcos de la galería. De la portada románica se reutilizó el arco de ingreso y las jambas en la vieja casa rectoral, sita en la plaza García Fernández, desapareciendo el resto. Cuando la vivienda se arruinó, el pueblo se movilizó e impidió su salida hacia San Esteban de Gormaz, y en 2005 se volvió a remontar. Así nos lo explicó Antonio, el amable alcalde. Los restos de esta portada, a la que le faltan las arquivoltas, entroncan con las iglesias cercanas de la Virgen de las Lagunas, Bocigas de Perales, Rejas de San Esteban e, incluso, las iglesias de San Esteban de Gormaz.

Al exterior se ven los restos de las chambranas de la galería y un gran canecillo que representa una cabeza humana de rasgos “negroides”, así como la salida de agua sucia del aguamanil de la sacristía. Al retirar el alfarje de la sacristía, aparecieron varios canecillos entre los que podemos destacar el que representa una escena de lucha o de danza, y el que, casi oculto por el muro de la sacristía, representa un tañedor de albogue, tocado con larga túnica, ceñida con cinturón y decorada con lunares.

En ese mismo cerro Macerón que sostiene a la ermita y en de la Torre del Reloj, están excavadas las bodegas y las lagaretas. En la falda del cerro nos encontramos con el lagar comunal en el que se pesaba y prensaba la uva, y, posteriormente, se trasladaba el mosto a las bodegas. Desde estos montículos se puede contemplar un paisaje precioso, con una hondonada en la que se aprecian las tierras de labor, salpicadas por alguna viña y unas laderas revestidas de zona boscosa. Alcanza la vista hasta el Duero y hacia esa zona de regadío comunal, que llaman “la vega”, zona que los vecinos de Alcozar temen perder en favor de Langa, municipio al que pertenecen.

Cuando bajamos hasta el pueblo perdemos las cobertura del móvil. Parece ser, a pesar del aburrido y machacón mensaje de los políticos, que solo llega a los que no las necesitan: los muertos del cementerio.

Mari Carmen nos enseñó las escuelas, un edificio de tres plantas, en la antigua Casa de Villa, con un museo que recrea una casa rural antigua y una escuela de los años sesenta. El inmueble fue casa del secretario, del maestro y de la maestra, también secretaría. También tenía el pueblo una casa del médico y del cura.

En la plaza porticada y desigual, pues hay zonas nuevas y otras muy viejas, destaca el frontón y el “Fuerte” edificio comunal, sin que sepamos su verdadera función.

Visitamos también otros lugares como el lagar comunal, un lugar ideal para que nuestros jóvenes aprendieran las formas en que se elaboraba antiguamente el vino; la herrería y el museo textil en el lavadero, donde se puede hacer un recorrido por el utillaje y herramientas textiles y agrícolas. Todo estupendamente montado. Pero nos preguntamos: y si no llega a estar Mari Carmen, ¿cómo vemos todo? La Diputación Provincial, si es provincial, ¿no debería ser consciente de esto y además de mantenerlo, hacer lo posible por enseñarlo? ¿No es posible diseñar una serie de rutas turísticas que, saliendo de la capital, como se hace en otras provincias, recorra diferentes pueblos de interés y que no sean a los que todo el mundo va, recuperando así bienes de interés y dinamizando esos pueblos y su economía?

Mientras escribimos estas líneas, la antigua iglesia parroquial, sufre las inclemencias del tiempo: el posteado, las pinturas murales, las decoraciones escultóricas y demás restos que yacen a la intemperie se van integrando en el valle. La Asociación Alcozar y el Alcalde luchan por que esta ermita se proteja con una nueva techumbre y se lamentan de haber cedido el inmueble a la Diócesis de Osma-Soria.


BIBLIOGRAFÍA:

- APARICIO ANDRÉS, Divina (1997); Donaciones al monasterio de La Vid en el término de Alcozar (1160-1190)” Celtiberia, 1997, pp. 135-144.
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- ENRIQUEZ SALAMANCA, Cayetano (1998) Rutas del románico en la provincia de Soria. Edita Codex-Rom. Tudela.
- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
- HERNÁNDEZ ÁLVARO, Ana Rosa (1984): La imaginería medieval en la provincia de Soria. Edita Centro de Estudios Sorianos (CSIC), Soria.
- HERNANDO GARRIDO, José Luis (2002): Alcozar. Ermita de San Esteban Protomártir o de la Virgen del Vallejo, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. I. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 89-94
- IZQUERDO BERTIZ, José María (1986) El románico en la provincia de Soria. Soria.
- LORENZO ARRIBAS, Josemi (2008) Un canecillo musical románico recién descubierto en Alcozar (Soria) Románico. Revista. Edita: Asociación de Amigos del románico, nº 7. pp. 30-37
- LORENZO ARRIBAS, Josemi (2024): Ermita de la Virgen del Vallejo. ALCOZAR” Obra inédita. pp. 3-35
- ORTEGO FRÍAS, Teógenes (1985) Alcozar, la iglesia de San Esteban, ruina histórico-artística de la villa, Celtiberia, 1985 [XXXV/70), pp. 331-338
- WEB Historia de Alcozar: http://www.alcozar.net/historia/ 

sábado, 30 de diciembre de 2023

LA IGLESIA DE LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA EN QUINTANILLA DE NUÑO PEDRO

LA IGLESIA DE LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA EN QUINTANILLA DE NUÑO PEDRO



“Castilla se va entretejiendo, como ocurre con España entera, sobre un
cañamazo cultural muy complejo, pero en el que destaca
de manera singular el fragor de las luchas con
los islámicos y las largas paces en
convivencia con ellos”.

Guía espiritual de Castilla. José Jiménez Lozano




¿Cómo es posible que, a estas alturas del siglo XXI, en España haya ciudadanos que no puedan conectarse por teléfono desde sus casas, que tengan que buscar un punto determinado en sus pueblos para poder contactar con seres queridos, con servicios, con sanidad, etc.? ¿Quiénes son los responsables de tal situación? ¿Acaso son los mismos que nos exigen una cita para atendernos o nos animan al control de las nuevas tecnologías? Pues bien, la situación descrita, tan anacrónica, sucede cada día en muchos pueblos de la provincia de Soria, y Quintanilla de Nuño Pedro es uno de ellos.

Hemos realizado este viaje, pasado el día de San Saturio, cuyas fiestas fueron tan calurosas como las de San Juan. Así pues, nos acompañó un día cálido hasta este pueblo de nombre tan medieval, y que cambió su nombre de Quintanilla Nuño Pedro para añadirle una “de” actual.

Estamos ante una de esas poblaciones, como tantas otras, venidas a menos en nuestro territorio. Perteneció a la Merindad de Santo Domingo de Silos y fue municipio con unos 70 habitantes; hoy está integrado en Espeja de San Marcelino y no llegan a veinte las almas que allí permanecen habitualmente.

Para llegar al lugar hay que utilizar la N-234 hasta San Leonardo, y allí desviarse a la izquierda para tomar la SO-934 hacia Peñaranda de Duero (Burgos), que nos llevará hasta la población.

Nos sorprendió que hubiera cinco o seis personas esperándonos, a las que se fueron añadiendo, poco a poco, unas diez más. Tanta afluencia daba idea de la preocupación con que los pobladores de este pueblo están viviendo el problema de su iglesia. Una iglesia que tiene goteras, ocasionadas por el desplazamiento de las tejas y el onduline de la cubierta, y en la que además el muro norte de la sacristía puede derrumbarse. Contrasta la situación de descuido de la iglesia con el cuidado que se ha puesto en las calles y demás edificios del pueblo, destacando, entre otras recuperaciones, el renacido rollo jurisdiccional.

Tanta afluencia y tanto interés nos produjo cierto temor a que nuestra presencia creara falsas expectativas de solución. Nuestro poder no va más lejos que el de plasmar en estas hojas el problema y la angustia con la que se vive.

Elvira García nos explicó que se habían puesto en contacto con el Obispado y la Diputación de Soria y que les sufragan el 75% del coste de las reparaciones, pero el pueblo tiene que aportar el 25% restante. Ya han pagado a un arquitecto 1.000 euros para la redacción de una memoria en la que los gastos se calcularon en 50.000 €, pero como los precios se han disparado, ahora la cantidad se eleva hasta los 67.000 €, de los que el pueblo tiene que aportar, aproximadamente, 17.000 €. La parroquia, al frente de la cual está el párroco D. Rafael, sensible al problema, dispone de unos 5.000 € y el pueblo no posee recursos para sufragar el resto, así que se pensó como solución en el micro-mecenazgo a través de una campaña con Hispania Nostra o a través de la parroquia.

Todos nos acompañaron a ver los problemas de la iglesia. En su entrada podemos ver las pinturas creadas con emoción por Carlos del Val, uno de los habitantes del pueblo. En su interior, y exterior, nos hicimos idea de la gravedad del problema. Nos explicaron que tienen dos asociaciones desde las que tratan de buscar soluciones: la del Lagar y la del Común. De esta última el presidente es Ismael Díaz, que tras abandonar Barcelona, creó en el pueblo una quesería y, actualmente, desempeña el cargo de alguacil.

La iglesia de la Degollación de San Juan Bautista es una obra del siglo XIII-XIV, con reformas importantes en el XVII. Originalmente la parroquial contó con una nave recta de mampostería, cubierta con techumbre de madera, sillares en esquinas y vanos y una cabecera rectangular. Esta se encuentra cubierta con una sólida bóveda de cañón de buena sillería encalada sobre una sencilla imposta de listel y nacela, sin distinción de presbiterio y ábside. Precisamente esta cabecera recta ha dado pie a retrasar su construcción a periodos altomedievales, aunque nosotros lo consideramos como un arcaísmo más de la pervivencia de las cabeceras rectas en esta comarca. El arco de triunfo es un potente y austero arco de medio punto sin decoración y muy cerrado, que descansa sobre sus jambas, coronadas por una imposta de listel y nacela. En el muro meridional se puede ver cómo la nave es ligeramente más ancha que la cabecera. La cabecera se ilumina con una ventana adintelada, que se abrió con posterioridad, partiendo la bóveda. Al exterior y por debajo de esta se puede ver la pequeña aspillera original, que fue cegada cuando se recreció la altura del inmueble. En el muro meridional se abre la portada en un sencillo arco de medio punto, protegida por un portalillo moderno.

En un momento indeterminado, quizás del siglo XVII, se decidió ampliar la iglesia y para ello eliminaron el muro norte, levantando dos grandes arcos de medio punto, similares al triunfal, abriendo una nueva nave. En la cabecera abrieron una puerta que daría paso a la nueva sacristía. Al fondo de esta nave septentrional se sitúa el bautisterio, cerrado por una balaustrada de madera con la fecha de 1897. En éste se custodia una pila bautismal decorada con un bocel en la embocadura y gallones cóncavos, que también es obra de la primera construcción, ya de finales del XIII o principios del XIV. Esta nave, en la actualidad, corre peligro de derrumbe, para evitarlo los vecinos han posteado con puntales metálicos algunas de las vigas y con cubos recogen el agua de las goteras. El muro norte de la sacristía amenaza con venirse abajo, pues actualmente presenta un gran desplome y una potente grieta en la parte superior.
En el interior destacan: sus dos retablos, el gran pendón y la cruz procesional, así como la escultura de San Filareto, abogado de la vista. En la enjuta de los dos grades arcos de medio punto podemos ver el campanillo de rueda, al que se atribuyó una procedencia del antiguo Monasterio Jerónimo de Guijosa, en el que podemos leer una inscripción con el donante y el año de 1885. Esta es una pieza única en las iglesias sorianas y se toca en el momento de la Consagración.

La nave, como hemos señalado se recreció, con alero de teja, mientras que en la cabecera se conservó la cornisa de simple nacela sin canes, muy parecida a la de la vecina ermita de la Virgen de la Torre de Guijosa. Cuando se hizo la sacristía la cornisa de listel y nacela se recolocó en el muro septentrional. A poniente, y también como resultado de la última reforma, se levanta una buena espadaña de sillería con dos troneras para campanas, rematada con frontón triangular con pináculos y cruz. Según cuentan los vecinos, en los últimos años y por efecto del clima, se producen pequeños desprendimientos de esquirlas. Siguiendo la nave septentrional y al exterior un pequeño muro de mampostería acoge la antigua huesera de Quintanilla.

Casi todos los varones que nos acompañaron son de fuera del pueblo, no así las mujeres. Pero unos y otros nos mostraron idéntica preocupación por su iglesia. Miguel, extremeño, es un ejemplo de ello. Casado con Elvira vivieron en Barcelona y ahora están afincados definitivamente en el pueblo. Prácticamente todos ellos han probado el sabor amargo de la migración y, en un momento dado, han decidido regresar, volver al pueblo de forma definitiva o temporal. Es el caso de Luis del Hoyo, que fue alcalde del pueblo, y Avelina Carazo, que pasan cuatro meses en Torremolinos y luego regresan a su querido pueblo.


No hay jóvenes entre nuestros acompañantes, y es que su sensibilidad es diferente. Su preocupación no es tanto la iglesia como las comunicaciones para que otros jóvenes acudan a trabajar allí, o visiten a sus abuelos sin necesidad de estar abocados a un aislamiento al que les condena la falta de cobertura.

El pueblo lucha por conservar su patrimonio religioso y para ello abrieron una cuenta en la oficina de Caja Rural de Soria de San Leonardo, a nombre de Parroquia de la Degollación de San Juan Bautista de Quintanilla de Nuño Pedro: Número de Cuenta, en la que reciben las aportaciones de los amantes del patrimonio rural. 

Oídos sus problemas e inquietudes, nos mostraron su espectacular “Lagar”, convertido en una gran sala-bar y museo etnográfico. Allí nos despidieron con tremenda amabilidad y con un apetitoso ágape acompañado por un excelente vino cosechero de Luis.

Antes de regresar a Soria nos detuvimos en Guijosa. Allí nos esperaba Lorena de Pablo, su madre y José Ramón García Esteban, teniente alcalde de Espeja de San Marcelino y alcalde pedáneo. Lorena, junto a los hermanos Rocío y David Redondo ha creado una empresa que gestiona varias cuentas en redes sociales, entre las que destaca “Soria está de moda”. Esta visita, sus gentes y su rico patrimonio, bien merece otro artículo en estas páginas semanales.







BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de la Degollación de San Juan Bautista.

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.

- MARTÍN DELGADO, José Javier (2021): Memoria valorada. Sustitución de cubiertas y obras de reparación en la iglesia de la Degollación de San Juan Bautista de Quintanilla de Nuño Pedro. Estudio de arquitectura Lado por lado. Soria 2023.




domingo, 26 de noviembre de 2023

LA IGLESIA DE LOS SANTOS JUSTO Y PASTOR EN CASTELLANOS DEL CAMPO: EL HUMILDE ROMÁNICO.

 

“Ruinas perdidas en campo que lecho
de mar fue antes de hombres, tus
cubos mordieron el polvo, . . .”

Ruinas perdidas en campo . . . Miguel de Unamuno

En nuestra entrega anterior nos centrábamos en los restos románicos de La Pica. Ese mismo día, y dada su proximidad, visitamos también el despoblado de Castellanos del Campo. Era un día caluroso, pegajoso. A pesar de ello, dirigiéndonos hacia Castellanos, veíamos la niebla pegada a la mole del Moncayo. Todavía quedaban señales inequívocas, en el camino y en los campos, del aguacero reciente y de la riada provocada por el mismo. El olor agradable de un campo húmedo salpicado de encinas nos acompañaba, pero la visión era la de un trigo apedreado o anegado. Estamos ante un espacio bisagra entre el Campo de Gómara y las Tierras Altas, que se adivinan al otro lado de la Sierra del Madero.

Recordemos que para acercarnos al lugar basta con seguir la N-122 hacia Zaragoza y, habiendo cruzado Aldealpozo y el río Rituerto, hay que desviarse a la izquierda siguiendo una señal que anuncia la ruta de los torreones. Allí encontramos lo que queda de Castellanos del Campo. Aunque sus orígenes parecen remontarse a épocas anteriores, esta zona norte del Campo de Gómara, fue conquistada por el rey aragonés Alfonso I, hacia 1119, al igual que la ciudad de Soria y toda la falda del Moncayo. Se constituyó entonces la Comunidad de Villa y Tierra de Soria, a la que pertenecía Castellanos del Campo. Aunque entonces se repobló, Agustín Rubio Semper, en su publicación “Notas para el estudio de la despoblación en Soria durante la baja Edad Media”, mantiene que en 1496 ya solo quedaban dos vecinos, y que el corregidor de Soria, Cristóbal Salinas, declaraba `derraygado´ el lugar y permitía que todos los sorianos pudieran labrar, pescar o cazar a su antojo en la zona. Este fenómeno era aprovechado, normalmente, por algún noble que utilizaba esas tierras como si fueran de su propiedad, sin permitir que otros vecinos pudieran utilizarlas. Eso mismo ocurrió en Castellanos del Campo en el siglo XVI; sus riquezas fueron explotadas durante un tiempo por nobles. Si leemos los datos que ofrece Wikipedia, figuran ocho familias hacia mitad del siglo XVI; podrían ser trabajadores de esa nobleza que reutilizó el territorio. Posteriormente fue abandonado para, de nuevo, habitarse en el siglo XVIII. Cuarenta y dos vecinos aparecen en el censo de 1842 cuando era municipio constitucional. Ya en el siglo XIX, se incorporó a Villar del Campo, que con sus poco más de veinticinco habitantes sostiene la municipalidad y pronto, de seguir con esta desprotección de nuestros pueblos, quedará del municipio únicamente el recuerdo de que en su estación de ferrocarril se grabaron algunas escenas de la película de Doctor Zhivago.

Por un camino en muy mal estado, llegamos a la iglesia de los Santos Justo y Pastor, o mejor dicho, a lo que fue esa iglesia; hoy ermita en ruinas, a punto de desaparecer. Su interior está tomado por la hierba, las zarzas y las vigas que un día sostuvieron su techumbre, hoy caídas y destrozadas, especialmente en la zona del coro. Un poco más allá se halla el torreón árabe que emparentó y comunicó, en su tiempo, con los de La Pica, Masegoso, Aldealpozo, e Hinojosa del Campo constituyendo hoy la ruta de los torreones. Los diferentes momentos de su poblamiento fueron el motivo por el cual la iglesia tiene una nave románica y una cabecera barroca. La sacristía, de grandes dimensiones, está ocupada por un gran rosal silvestre y la espadaña tiene, sorprendentemente, sus dos troneras cegadas.

La iglesia de los Santos Justo y Pastor se encuentra al sur del despoblado; un poco apartada de lo que fue el caserío, con orientación suroeste-noreste. Podemos aventurar que tiene dos periodos constructivos, como apuntábamos anteriormente; el más antiguo medieval, románico, y uno más moderno, del siglo XVIII, barroco. La iglesia nos marca el devenir del despoblado. La primitiva iglesia medieval contó con una nave cubierta con entramado de madera a dos aguas y, casi con toda seguridad, una cabecera con tramo recto del presbiterio y un ábside semicircular, toda ella abovedada. Cuando el lugar se volvió a repoblar en el siglo XVIII, la cabecera románica se sustituyó por una capilla cuadrada, cubierta con cúpula sobre pechinas, recreciéndose la espadaña en sillería y modificándose la portada.

El románico de Castellanos del Campo es el más humilde de los conservados en la provincia de Soria. La nave románica mantiene los muros románicos de mampostería, abriéndose, en el lado meridional, la portada, que parece obra posterior, con arco de medio punto de gran dovelaje. Esta nave contó hacia el sur con dos pequeñas aspilleras que iluminaban su interior. Todo el perímetro de la nave se remata con una cornisa simple de buena sillería, soportada por canecillos de nacela. La cornisa del muro norte sufrió un expolio en marzo de 2015, cuando robaron unos ocho metros lineales de la cornisa, aunque dejaron allí los canecillos, tal vez para otra ocasión en que la demanda fuera más precisa. La portada abierta en el muro sur es de arco de medio punto de grandes dovelas, que apoyan sobre una imposta simple de nacela. En una de las dovelas todavía se conserva una sencilla marca de cantero.

El interior es un puzle de vigas, tejas y piedras, que dificultan la entrada y la visión de lo que fue la nave. Hacia poniente, tuvo un coro elevado de madera, que según informa Alberto Arribas, estaba “… protegido con una interesante balaustrada de madera con barrotes tallados con formas geométricas y pétalos radiales e intercolumnios elaborados con cuarterones de madera …”. Nada de aquello ha llegado hasta nuestros días. Allí estuvo el baptisterio, también cerrado con una verja de madera, que, en tiempos medievales, acogió la pila románica, que hoy se encuentra en la iglesia parroquial de Nuestras Señora de las Mercedes de Villar del Campo. La pila bautismal, como el inmueble, es una obra del siglo XIII decorada con grandes arcos de medio punto entrecruzados que se combinan con semiesferas y cabecitas enigmáticas.
Por una fotografía de Alberto Arribas sabemos que el solado estuvo ocupado por unas gradas con un enrejado de madera, que en su día acogieron los restos de los moradores de Castellanos del Campo, y que hoy duerme bajo un cúmulo de escombros.

Los muros del interior de la nave todavía conservan parte de un pincelado de falso despiece de color negro, visto en otros muchos inmuebles románicos sorianos, cubiertos, en su día, con una capa de yeso, hoy desprendida. Sobre la puerta, al interior, se alza un gran arco de medio punto en cuyo tímpano todavía podemos ver restos de pinturas murales, mientras que el dintel de madera todavía conserva las dos gorroneras sobre las que giraba la puerta de dos hojas.

Ya dijimos que la cabecera se reformó en el siglo XVIII, con un gran arco de gloria de medio punto, con dovelaje de sillarejo, que se cubrió con una capa de yeso. Esta se cubre con una cúpula de media esfera sobre pechinas, con tejado a cuatro aguas. La cúpula y el intradós del arco triunfal se decoran interiormente con molduras de yeso o escayola; mientras que las pechinas lo hacen con unos óvalos sin decoración. Para consolidar esta cabecera, en el exterior, se levantó un contrafuerte en la esquina suroeste, que los expoliadores han empezado a saquear. En el lado del Evangelio se abrió una puerta adintelada que daba acceso a la sacristía, ahora, también, sin techumbre. La cabecera se iluminaba con una ventana en el muro meridional con arco rebajado monolítico en el que a duras penas podemos leer: “HÍZOSE SIENDO CURA DON FRANCISCO GAMARRA? …”.

A los pies de la ermita se encuentra el cementerio que nadie cuida, con buenos muros de mampostería que guardan los restos de los últimos pobladores, a los que nadie recuerda.

Ladera arriba del despoblado, siguiendo un sendero en dirección norte, nos encontramos con una buena fuente de época medieval, con bóveda de cañón y arco de medio punto, que genera un espacio bucólico. Subiendo en su búsqueda nos acompaña el amable sonido del agua corriendo por el barranco. En el interior del despoblado también encontramos un pozo, ahora seco, construido con buenos sillares, cuyo brocal ha sido saqueado en los últimos lustros. Junto con el torreón y la ermita, unas casas y majadas abandonadas completan lo que fue Castellanos del Campo.

El siglo XXI le ha sentado mal a esta ermita de los Santos Justo y Pastor. Así desde el año 2000 su deterioro ha ido en aumento y parece que, si nadie lo remedia, su final está cercano. ¿Nos lo podemos permitir?

Este es otro caso del románico sin techo en la provincia de Soria, que tenemos la obligación de consolidar y conservar para que las futuras generaciones puedan disfrutar de sus ruinas.

BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- DIAGO HERNANDO, Máximo (1991): Los términos despoblados en las comunidades de villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media. Revista Hispania LI/ 2, Páginas 470 y 471.
- DÍEZ SANZ, Enrique y GALÁN TENDERO, Víctor M. (2012): Historia de los despoblados de la Castilla Oriental. Tierra de Soria siglos XII a XIX. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, colección Temas Sorianos nº 56. Página 340
- GAYA NUÑO, Juan Antonio (1946): El Románico en la provincia de Soria. Edición facsímil de 2003. CSIC, Madrid.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): Villar del Campo. Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1243-1245.
- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): Iglesia de los Santos Justo y Pastor (despoblado de Castellanos del Campo) en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. III. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1246-1246.
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- RETUERCE, Manuel y COBOS, Fernando (2004): Fortificación islámica en el alto Duero versus fortificación cristiana en el alto Duero, en el libro Cuando las horas primeras. En el milenario de la Batalla de Calatañazor. Colección Monografías
RUBIO SEMPER, Agustín (2000): Fuentes Medievales Sorianas: Ágreda. Colección de Archivos sorianos nº 1. Imprenta de la Diputación Provincial. Soria.
RUBIO SEMPER, Agustín. (1983). Notas para el estudio de la despoblación en Soria durante la baja Edad Media. Revista de Investigación del Colegio Universitario de Soria, tomo III, nº 3, págs. 37-44.

Web “Despoblados de Soria” Asociación de Amigos del Museo Numantino

https://despoblados.amigosdelmuseonumantino.es/despoblado-de-soria/castellanos-del-campo/ (Consultada el 14 de noviembre de 2023)

viernes, 17 de noviembre de 2023

Derrumbe en San Bartolomé de la Barbolla

Derrumbe de parte de la techumbre de la iglesia de San Bartolomé de La Barbolla. Clic en imagen para leer el artículo de Heraldo-Diario de Soria.



sábado, 7 de octubre de 2023

LAS VIEJAS RUINAS ROMÁNICAS DE LA IGLESIA DE LA PICA

 

El tiempo parece haberse detenido en este lugar, donde aún se
mantienen en pie los restos de su antigua iglesia
parroquial y un torreón medieval muy parecido
a los de Masegoso y Castellanos”.

Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria. Pedro Luis Huerta Huerta




La Pica es un despoblado del que únicamente quedan las ruinas de su iglesia, la caja de los muros de unas edificaciones para colonos, y un majestuoso torreón. Se sitúa al pie de la Sierra de la Pica, entre las localidades de Tajahuerce, municipio al que pertenece, Omeñaca y Aldealpozo; y al lado del Barranco del Royal, que lleva sus aguas, cuando las lleva, al río Rituerto. Hasta Aldealpozo hay que llegar por la N-122 para, a través de caminos, encontrar tan abandonado lugar. A la salida de Aldealpozo, a través de la “Ruta de los Torreones”, nos dirigimos por un camino de tierra hacia el sur y a poco más de un kilómetro cogeremos un desvío a la derecha; caminando paralelamente al ramal del Camino de Santiago Castellano Aragonés, llegaremos a los restos de la antigua parroquial del despoblado de La Pica.

Realizamos la visita el 26 de junio, un día de calor y con la amenaza de una ola de altas temperaturas. La cebada se veía afligida y afectada por los calores de este año, tan adversos para estos cultivos; mientras los yeros, que han nitrogenado la tierra en las parcelas contiguas, apenas se elevaban un mísero palmo del suelo. A pesar de las aguas de junio, el campo soriano esperaba una mala cosecha. La Pica perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de la ciudad de Soria. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XV, el rey Juan II de Castilla (1406-1454) decidió eximirla de la jurisdicción de la Tierra de Soria, concediéndolo en señorío a Hernán Bravo de Lagunas, “el Viejo”, del linaje de los Salvadores. La vida en el lugar debió de ser difícil por lo que esta aldea quedó despoblada en la segunda mitad del mismo siglo. Cuando el territorio quedó despoblado, el corregidor de Soria, Cristobal Salinas, declaró “derraigado” el terreno y permitió que los pobladores de la ciudad lo utilizaran como quisieran para cultivar y pastar, iniciando con ello una serie de conflictos entre el concejo de Soria y los titulares del señorío, que se alargarían hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Fue por entonces cuando el marqués de La Pica, marquesado concedido por Carlos II a Francisco Bravo de Sarabia y Ovalle como alcalde de Santiago de Chile, volvió a poner las tierras en uso y construyó para sus colonos unos pabellones de los que todavía se conservan los esqueletos. En el siglo XX, La Pica sufrió su segundo abandono, que ya sería definitivo.

La Pica, con su torreón, pertenece al municipio de Tajahuerce, que acoge a poco más de 20 habitantes y que, de seguir así, pronto habrá que buscarle un nuevo municipio que le dé amparo. Su paisaje es ondulado y verde, y las últimas lluvias lo habían embellecido aún más. Los molinos de viento subidos a la sierra parecen colosos vigilantes de esas ruinas. Cerca del despoblado, en lo que fue la fuente de La Pica, han habilitado una zona de descanso del Camino de Santiago Castellano Aragonés. También esto está poco cuidado, como los carteles explicativos fruto de esa manía de hacer y no cuidar, de inaugurar y desatender, tan propia de nuestros tiempos. 

Pero lo más llamativo de La Pica es su torreón. Debió de construirse entre los siglos X y XI por sus pobladores musulmanes para defenderse del empuje cristiano. No fue el único que se construyó cerca del Rituerto, pues comparte hermandad con los de Castellanos y Masegoso, constituyendo la ruta de los torreones. Probablemente entre ellos habría sistemas de comunicación. Sus hechuras son de fortaleza, pues así lo ratifican sus muros de casi dos metros en su base. Tres pisos y una terraza acogían sus quince metros de altura. Para acceder se necesitaba una escalera de madera que se ponía o quitaba según la proximidad del enemigo. El tímpano de su entrada alta se decora con un castillo, quizás uno de los primeros emblemas de Castilla.

A sus pies yacen los restos de lo que fue la parroquia de este pequeño lugar, así como las cinco casas de los colonos del Marqués de La Pica, que también han sido y son expoliadas. Cuando la comarca del Rituerto se repobló a partir de 1119, alrededor de este torreón musulmán surgirá el pequeño poblado de La Pica, con sus humildes viviendas arracimadas alrededor de su parroquia. En la actualidad, desconocemos la advocación de esta, como tampoco conocemos de qué parroquia soriana era diezmera. Hoy, las ruinas se encuentran acosadas por una tierra de cultivo de un buen trigo Macareno o Bonifacio, a pesar de este mal año; trigo que hacia el sur de las ruinas tenía muy buen aspecto.

De la vieja iglesia románica aún se conserva, aunque maltrecha, parte de la caja de los muros. Los expoliadores se llevaron las piezas más notables que sin duda estuvieron en sus dos portadas, las esquinas del presbiterio y ábside, así como la ventana absidal. De las piezas labradas sólo podemos ver “in situ” la saetera meridional de la nave que habría de iluminar este espacio dedicado a la feligresía.

Por los restos que quedan deducimos que era un templo típico del románico rural soriano, de una sola nave, con ábside semicircular y espadaña de dos huecos sobre el hastial occidental. Todo ello construido en mampostería. La espadaña perdió su cubierta a piñón y hoy, desde la lejanía, nos parece un tridente; como pasa en otras muchas ruinas románicas. Con toda seguridad, pues no aparecen ni contrafuertes ni responsiones, la nave se cubría con una techumbre de madera a dos aguas; la cabecera lo hacía con bóveda de cañón en el tramo recto del presbiterio, y de cuarto de esfera en el ábside; de todo ello nada ha llegado hasta nosotros. Tan solo se intuye, en la zona del ábside, la curvatura de la bóveda.

Como viene siendo costumbre, en el lado meridional se abría la portada principal, mientras que enfrentada a ella, en el lado norte, se abría una secundaria. Las dos han sido brutalmente saqueadas; mientras en la meridional el vano que se abrió llegó a hacer desparecer el muro; en la septentrional todavía se aprecia el hueco desde el que existe una vista privilegiada del torreón.

Lo único que no se ha expoliado ha sido la aspillera con arco ultrasemicircular hacia el exterior y con dovelaje de medio punto y abocinada hacia el interior. Este arco, casi circular, recuerda a la herradura de otros tantos que han llegado hasta nuestros días por toda la geografía soriana. Este elemento ha dado pie a determinados investigadores a sostener un pasado prerrománico de esta fábrica. Sin embargo, nosotros pensamos, igual que Pedro Luis Huerta Huerta, que tiene más de arcaísmo que de antigüedad. 

Las características de esta fábrica son muy similares a las que podemos encontrar por el resto de la provincia; lo que la situaría entre finales del XII y principios del XIII.

Tanto el exterior como el interior estuvo revocado con una capa de cal y arena, que todavía se aprecia en algunos lugares del exterior, pero sobre todo en el interior de la nave, que a sus pies pudo contar con un coro elevado. Todavía en la parte inferior del hastial occidental, a finales de los años ochenta del siglo XX, Alberto Arribas llegó a ver una serie de figuras grabadas con un objeto punzante, que parecía representar “… una batalla con arqueros, un caballero sobre montura revestida para la batalla, estrellas de cinco y seis puntas… Bajo la escena de la batalla aparece una inscripción que parece una firma correspondiente, o así parece, a un tal Lorenzo, y debajo una fecha ilegible”. En nuestra visita ya no pudimos reconocer esas escenas, tan solo algunas rayas sin sentido.

La tradición oral de la comarca recuerda que al despoblarse La Pica, los bienes, objetos litúrgicos e imágenes fueron a parar a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tajahuerce, pudiendo destacar de esa imaginería la talla medieval de la Virgen con el Niño.

Estas ruinas merecen ser consolidadas, pues están muy cerca de convertirse en un montón de piedras, y que la ventanita románica sea saqueada y luzca en cualquier inmueble de un potentado; ya es un verdadero milagro que todavía se encuentre allí. Como hemos dicho de otras muchas ruinas románicas, estos espacios sagrados tienen el derecho a una limpieza y a ser consolidados para que generaciones futuras puedan apreciar la belleza de estos restos. A su vez, y aprovechando que por allí discurre el ramal del Camino de Santiago Castellano Aragonés, un pequeño atril o panel informativo ayudaría a que sus ruinas fueran conocidas por viajeros y peregrinos, para que no caigan en el olvido.

BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

- CRUZ Y MORANDE, Luciano (2013) La saga de un soriano del siglo XVI en Indias https://docelinajes.es/2013/01/la-saga-de-un-soriano-del-siglo-xvi-en-indias/ (28/09/2023)

- DIAGO HERNANDO, Máximo (1991): “Los términos despoblados en las comunidades de villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media”. Revista Hispania LI/ 2, 178

- DÍEZ SANZ, Enrique y GALÁN TENDERO, Víctor M. (2012): “Historia de los despoblados de la Castilla Oriental. Tierra de Soria siglos XII a XIX”. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, colección Temas Sorianos nº 56.

- GAYA NUÑO, Juan Antonio (1946): El Románico en la provincia de Soria. Edición facsímil de 2003. CSIC, Madrid.

- Genealogía-Felipe Guarda Palacios.


- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.

-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) “El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas”, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)

- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): “Iglesia del despoblado de La Pica”, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1078-1080.

- MADOZ, Pascual (1846-50): “Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria.” Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.

- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana." Madrid. Editora Nacional.

- RETUERCE, Manuel y COBOS, Fernando (2004): “Fortificación islámica en el alto Duero versus fortificación cristiana en el alto Duero”, en el libro Cuando las horas primeras. En el milenario de la Batalla de Calatañazor. Colección Monografías Universitarias nº 13, Universidad Internacional Alfonso VIII, Soria, Imprenta de la Diputación Provincial de Soria.
  

domingo, 10 de septiembre de 2023

LOS RESTOS MALTRATADOS DE LA VIRGEN DE MONASTERIOS, SAN MIGUEL Y LA VERDUCEA EN MAGAÑA.

 

“Magaña es un pueblo de gran ambiente, con algunas casonas de la nobleza
merinera y restos de un castillo que fue de la Casa de Vadillo, a la que
encontraremos señoreando el valle del Tera y cuyos descendientes
ejercieron aún dominio electoral en la provincia en
los comienzos de este siglo, hasta 1931.”

Soria. Dionisio Ridruejo




Como continuación a una entrega anterior sobre Magaña, en esta abordaremos las tres ermitas de la localidad que se encuentran sin techumbre, con poca historia y que han caído en el olvido: San Miguel, La Verducea y la Virgen de Monasterios.

El bueno de Martín, nuestro cicerone, ayudado por una fuerte vara, nos condujo campo a través hasta encontrar el PR-SO-110, que une Magaña con Suellacabras. El paisaje de encinas aparece espectacular, con alguno de sus ejemplares de destacado desarrollo. Cruzan el territorio diversos barrancos; nosotros pasamos el de Valdepelecha o Valdelaguna que, cuando lleva agua, la deposita en el río Alhama. Todo ello, además, envuelto en ese olor característico del monte bajo que desprende el tomillo, las jaras y demás plantas. Confundidas y mimetizadas en este entorno, se muestran los restos de majadas abandonadas, que en su día fueron refugio de unas 4.000 ovejas que tuvo el municipio; número un tanto abultado para los recursos de este pues, según Martín, en algún momento pasaban “necesidad”.

Pasado el castro de “Los Castellares” y siguiendo el sendero, encontramos los restos de la ermita de la Virgen de los Monasterios, un indicador nos conduce hasta ella. Se trataba de un edificio pequeñito, y únicamente quedan los restos de algún muro de su única nave que terminaba en una cabecera cuadrangular. La tradición dice que allí se retiraban los penitentes para dedicarse a la contemplación, -argumentos no le faltan al lugar-, y a purgar sus pecados. Sus muros, de lajas superpuestas sin argamasa, se esconden detrás de una vegetación de tomillos y encinas que los devoran.

La ermita tiene planta y cabecera rectangulares, esta última retranqueada. Su orientación es la canónica (Este-Oeste), con su puerta de entrada al sur. En la cabecera podemos distinguir un gran número de sillares de piedra toba, que abundaría en el momento de la construcción del inmueble. Precisamente la cabecera cuadrada hace pensar en unos orígenes altomedievales.

En el Libro de Fábrica de la parroquial de Magaña se puede leer que en 1766, el visitador General del Obispado de Calahorra y La Calzada visitó la ermita de Nuestra Señora de Monasterios, incidiendo en el mantenimiento y la limpieza. El libro de fábrica de las parroquiales de Verducea y de Monasterios (1827-1916) conserva un inventario de sus posesiones. Por él sabemos que en 1827, la ermita de la Virgen de los Monasterios contaba con una cerrada o prado de encinar, en medio de esa cerrada se mantenían en pie las paredes de la ermita y el trono de la virgen. Tenía huerto y tres nogales. Luego, en esas fechas, ya estaba abandonada y sin cubierta.

A pesar de los indicadores para llegar hasta aquí y el panel informativo que hace una reconstrucción de cómo pudo ser la ermita, el abandono es total. El interior de la nave está invadido por los arbustos y en su ábside crece una potente encina. Los muros de grandes lajas están muy deteriorados y es necesario consolidar estas ruinas para que no desaparezcan. El lugar se encuentra en el gran meandro conformado por el río Alhama, en un espacio singular, digno de una visita.

Cuando regresamos de contemplar esta ermita, Martín nos señala espacios del sendero que en algún momento hicieron la función de cisqueras; es decir para la obtención de carbón vegetal. Tras visitar el paraje “Los Praillos”, la iglesia, y hacer un descanso en el bar-restaurante “Buenaventura Herrero”, de lo que ya dimos cuenta en una entrega anterior, nos dirigimos al Barrio de Abajo de la localidad. Se encuentra este barrio al lado del río Montes, al que llegan los barrancos del Reajo y Vallejo, y que conduce sus aguas al río Alhama, un poco más abajo. Allí encontramos la ermita de Santa María de Verducea, a la que una obra nueva le ha comido la cabecera.

Como hemos señalado anteriormente, en 1766 el visitador General del Obispado de Calahorra y La Calzada visitó la ermita de la Virgen de Verducea, y mandó que se profundizara más una zanja ya iniciada tras la pared que mira al norte de la “Hermita de la Barruzeda”, para evitar que la perjudicara la humedad, y que se hiciera con las pocas rentas y la gran devoción que tenían a esta imagen sus vecinos.

Por el inventario de 1827 sabemos que, en esa fecha, la ermita de la Verducea contaba con tres escaleras de piedra para el acceso a un pequeño pórtico, con asientos de piedra a los lados; puerta de dos hojas y un coro bajo con balaustrada de madera a los pies. Toda la nave y coro estaban rodeados por asientos de piedra. En esa fecha tenía capilla de cielo raso con tarima de pino y un pequeño retablo dorado con nicho para la Virgen. Detrás del altar había una puerta que daba entrada a la sacristía, que custodiaba manteles, casullas etc. En 1816 se hace la última anotación con las cuentas de esta ermita. Como ya señalamos, la cabecera desaparecerá al integrase en una nave agrícola en la que puede verse un sillar con la inscripción: IHS 1643.

Poco queda de lo que, seguramente, sería la parroquia del Barrio de Abajo. Tan poco queda que cuenta la leyenda que en honor a esta virgen, dado que estaba sin edificio, se colgaba una pequeña campana en un árbol y se celebraba una misa a la virgen de Verducea en la iglesia de San Martín. Fue esta una más de las seis parroquias que tenía el pueblo (San Salvador, San Martín, San Miguel, Santa María de la Vega, Santa María de Verducea, y Santa María de Barruso). Una calle en el Barrio de Abajo recuerda la existencia de esta parroquia medieval.

Después de cruzar el río Alhama por el puente medieval restaurado subimos por una carretera en obras y peligrosa, por la afluencia de maquinaria pesada hasta los restos de la ermita de San Miguel. Esta ermita a la que le ha crecido una gran encina en su interior se halla al lado de una necrópolis aparecida cuando se realizaban las obras del nuevo tramo de la carretera SO-630. Los arqueólogos han destapado sus tumbas que aparecen abiertas pero que serán pronto cubiertas por el asfalto. Allí, al lado de sus muertos, queda esta antigua iglesita de la collación de San Miguel.

Sabemos que en 1476 se convirtió en ermita, pues en esa fecha se integró en la parroquia de San Martín, ya que la feligresía había abandonado el barrio. Por otra parte podemos deducir que en 1766 ya no se consideraba como ermita, pues en la visita pastoral efectuada ese año, el visitador recorrió varias ermitas de la villa, pero no la de San Miguel; será por entonces cuando la vieja ermita se convirtiera en una cantera que sería aprovechada por los magañeses.

La vieja iglesia de San Miguel se encontraba en la parte superior del barrio, en un lugar estratégico para evitar las barranqueras del Alhama. La parroquia tenía planta rectangular con perfecta orientación canónica. De la vieja parroquial solo se conserva parte de la cabecera rectangular hacia el exterior, pero el interior, como pasa en la ermita de Nuestra Señora de Barruso, es semicircular. De lo que fue la nave, apenas se conservan restos, pues la construcción, en los años 40 del pasado siglo XX, de la nueva carretera hacia San Pedro Manrique la hizo desaparecer, no sabiendo si la portada se encontraba a mediodía o a poniente. Al parecer nave y cabecera tuvieron la misma anchura y su fábrica es de piedra trabada con mortero de cal. Las esquinas y los vanos se reforzaron con sillería, y pudo contar con una cornisa con decoración ajedrezada, soportada por canecillos. En la calle Segundo Córdoba, una vivienda con un dintel fechado en 1777 adorna su fachada noreste con un canecillo románico decorado con un dolio, que según cuentan en el pueblo procede de las ruinas de San Miguel. ¡Quién sabe si la imposta con ajedrezado que decora la entrada al atrio abierto de San Martín también proceda de San Miguel!
Una vez excavada la necrópolis medieval y abandonada la vieja carretera, es el momento de excavar la nave de esta iglesia y consolidar sus restos. Por otra parte estos restos, junto con los de la Virgen de la Verducea y San Salvador, merecen unos paneles informativos que ayuden al viajero en sus visitas.

Antes de abandonar Magaña, visitamos la ermita de Santa María de Barruso, otra de las ermitas románicas de la localidad. Esta se encuentra, como su propio nombre indica, en el barrio de arriba, en la ladera del castillo y su querencia es introducirse en la roca sobre la que se levanta. En ella se venera la imagen de Nuestra Señora de Barruso, que estos meses veraniegos descansa entre las paredes de la iglesia de San Martín. Fue en tiempos parroquia del barrio de la Solana, del que hoy no quedan apenas restos. A pesar de sus múltiples reformas, todavía conserva la traza de la iglesia románica, levantada en mampostería con una nave cubierta con bóveda de cañón apuntada, reforzada por fajones. Su cabecera al exterior es rectangular, pero al interior es ultrasemicircular, lo que tradicionalmente ha servido para atribuirle un origen prerrománico. Su conservación, gracias a diversas actuaciones, aún es buena, pero, lógicamente, ha perdido sus características originales.

Salimos del lugar por `La Carrera´ el viejo camino, que por debajo del castillo, domina la barranquera del río Alhama y conduce al centro de la localidad; este aparece jalonado por cruces que son estaciones de un viacrucis, al final del cual se hace la hoguera de San Antón.



BIBLIOGRAFÍA:

- ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de San Martín de Magaña (Soria).
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- HERBOSA, Vicente (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: la Virgen de los Monasterios IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: LA VIRGEN DE LOS MONASTERIOS (MAGAÑA) (Web consultada el 14/08/2023)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: San Miguel de Magaña IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: SAN MIGUEL DE MAGAÑA (Web consultada el 14/08/2023)
- IDOUBEDA ETNO. Un proyecto etnográfico en Tierras Altas de Soria. (2011) Ermitas del Alhama: la Virgen de la Veducea IDOUBEDA ETNO: ERMITAS DEL ALHAMA: LA VIRGEN DE LA VERDUCEA (MAGAÑA) (Web consultada el 14/08/2023)
- MADOZ, Pascual (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- PASCUAL HERRERO, José Nicolás (2.021) Magaña y su Patrimonio. Historias con historia. Edita Excma. Diputación de Soria. Soria.
- RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, José Manuel (2002): Magaña, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 603-610.










domingo, 6 de agosto de 2023

LA ASUNCIÓN DE ZÁRABES,  EL ROMÁNICO SALVADO POR EL PUEBLO.





“En la caligrafía esculpida de la arquitectura evocan la idea de desaparecidos dominadores
árabes. […]. El viento cálido rueda con él por la llanura y encontrará pocas
personas: Soria es la provincia más abandonada de
España, la gente se va de allí, no
hay nada que ganar allí”.

Desvío a Santiago. Cees Nooteboom



El 13 de junio fue un día nublado en Soria, pero la temperatura era agradable. Nuestro destino, en este delicioso quehacer que es visitar los templos románicos sin techos, aunque nos cree una sensación de pena por su abandono y desinterés, fue Zárabes.

Ramiro Martínez y Filo Pinilla fueron quienes, con suma amabilidad, nos llevaron en su automóvil e hicieron en esta ocasión de cicerones.

Para llegar a esta localidad, en la que Ramiro nació y su padre fue alcalde, hemos de tomar la N-234 hasta Almenar y atravesar los llanos de Gómara por la SO-340, donde vemos las mieses un tanto disminuidas por una climatología rara. En un momento dado, siguiendo el cartel indicativo, giramos a la izquierda en la carretera y nos introducimos en el monte de Ledesma. Las encinas y los quejigos acompañan al viandante a ambos lados de la carretera SO-P-3112. Cuando salimos del monte se abre a nuestros ojos un paisaje ondulado y amplio, con una carretera zigzagueante, que en absoluto desentona con el paisaje.

Ya en el pueblo, Ramiro nos va enseñando los edificios y lugares que él frecuenta. Lo hace con cariño, con el mismo con el que tres gatos lo siguen allá donde vaya, y con el mismo con que él los acaricia. No reciben menos atención las flores y las plantas que cuida, entre las que sobresalen unas rosas, de las de antes, de las que huelen como antaño, es decir, a rosa.

En el pueblo no había nadie, pero los hubo en su día. Hasta bar y tienda había. Durante el Antiguo Régimen fue tierra de realengo perteneciente al sexmo de Arciel. En el siglo XIX se convirtió en municipio, pero pronto pasó a ser pedanía de Almazul. El adobe, ese elemento del que ya hemos contado aquí su humildad y fortaleza, es frecuente en casi todos los edificios, ya sean estos viviendas o tainas. Una fachada, para romper la monotonía, ha sido pintada con un mural por Julita Romera dentro del proyecto “Las manos de la Tierra”; ,proyecto que incluye al pueblo en la Línea 1 de la España vaciada. La artista, con sus pinceles, da vida y color a un mundo que a duras penas, resiste frente a los avatares y los olvidos de la modernidad mal entendida. El pueblo permanece limpio, aseado y digno, esperando que cada 15 de agosto, sus antiguos pobladores o sus descendientes se aproximen desde lugares lejanos para compartir una merienda. Para esas ocasiones, el frontón, por el que luchó su alcaldesa Ángela Martínez, aunque de pequeñas dimensiones, resulta suficiente para jugar a la pelota a mano.

La localidad sigue teniendo agua corriente y luz eléctrica, pero entonces… ¿por qué se despobló? En los años sesenta se llevó a cabo la concentración parcelaria y esto suponía un tamaño mayor de las tierras que cada agricultor debía cultivar, y la necesidad de invertir en una maquinaria cara a la que muchos no podían acceder. Solo dos familias compraron tractores. Muchos emigraron y casi nadie lo hizo a Soria. Su futuro lo encontraron en Zaragoza, Barcelona… en fin, lugares desde donde el regreso no era fácil. La despoblación ha cambiado la función de los edificios: el ayuntamiento es ahora una sala de juegos infantiles para unos niños que ya no están, el horno y la fragua comunales permanecen cerrados, las treinta casas que había en los años sesenta están deshabitadas y la ermita de San Roque, a la que también nos acompañó Ramiro, se encuentra solitaria y desocupada. De ella sustrajeron, hace unos años, la imagen del santo titular, pero los vecinos se esforzaron por conseguir una réplica. La ermita se encuentra hoy consolidada y sus muros abrazados por unos tensores metálicos.
Las ruinas de la parroquial se levantan sobre un pequeño promontorio de conglomerados que domina el callejero del pueblo. Durante la Edad Medía perteneció a la Tierra de Soria y la parroquial de Nuestra Señora de la Asunción diezmaba en la de San Gines de Soria, otra iglesia abierta al cielo. La primitiva iglesia románica de Zárabes debió de ser imponente si nos atenemos a los restos de los muros de la nave que han llegado hasta nuestros días, sobre todo por su altura. Ahora bien, como pasa en muchas de las iglesias románicas rurales, la calidad artística y la fábrica es muy pobre.

En sus 800 años de vida, el inmueble ha sufrido muchos avatares, probablemente, el peor tuvo lugar el 3 de octubre de 1986, cuando, de madrugada, un ruido como de una explosión despertó a los pocos vecinos que había en el pueblo. Se derrumbó la parte norte del crucero sepultando el altar de San Ramón, un cuadro de la Virgen del Carmen, un lienzo de la Virgen de los Milagros y una imagen de San Pascual Bailón. Bajo sus escombros quedaron sepultadas numerosas obras sentimentalmente valiosas; parte de ellas fueron salvadas. Los escombros ocuparon parte de lo que había sido el corral del Concejo, donde se recogían los animales que ese día no trabajaban, y que un pastor sacaba al campo. La vecindad llevaba intentando reparar este muro desde 1984, pero nadie los escuchó. Si entonces se hubiera intervenido, la cabecera no se habría hundido. Nuevamente un ejemplo de lo que no se debe hacer, esto es, pasar por alto las alertas de los vecinos, que son quienes mejor conocen su patrimonio.

Como siempre, cuando se produce un derrumbe o abandono de nuestras iglesias rurales, lo que mejor resiste el paso del tiempo es la fábrica románica. Fue por aquellos años cuando se sustrajo la bocallave forjada, que protegía la cerradura de la iglesia, decorada en la parte superior con una Z. Los antiguos vecinos encargaron una réplica y volvieron a instalarla en la antigua puerta.

La fábrica de la parroquial se modificó a finales del siglo XVII, cuando se derriba la cabecera románica y se levanta una corta cabecera rectangular, con sacristía al sur, y un corto crucero con cuatro arcos torales de medio punto, bóveda de lunetos en los brazos y una gran cúpula sobre trompas o pechinas en el cimborrio. Todo ello a mayor altura que la nave. Además se reformó la parte de los pies con un gran arco rebajado y dos de medio punto de menos luz a los lados, que soportan un coro elevado; el del lado del Evangelio sirve de baptisterio y el de la epístola acoge la escalera que da acceso al coro y al campanario. En esa gran reforma se protegerá la portada con un gran pórtico de tres grandes arcos rebajados y dos alturas. La planta baja con mechinales se apoya en cuatro canzorros que cortaron la chambrana de puntas de diamante. Sobre ella se individualizó un habitáculo que pudo ser troje, pero que en el siglo XX fue utilizado como palomar. Esta planta ocultó, pero preservó, unos 15 canecillos de nacela de la antigua fábrica, perdiéndose la cornisa achaflanada románica. En este espacio y hacia los pies de la iglesia, todavía podemos ver los restos de una ventana o pequeña puerta, hoy tapiada, de arco apuntado que induce a pensar en una fábrica ya del siglo XIII. Al exterior este pórtico se corona con un reloj solar con la fecha de 1694 y dos pequeñas ventanas a ambos lados.

La portada, que estuvo enjalbegada, se limpió y adecuó en las obras de consolidación de 2010. Está alineada con el muro y se compone de cuatro arquivoltas y una chambrana: la primera y la tercera se decoran con pequeño bocel y doble listel; mientras que la segunda y la cuarta se cortan en chaflán. La chambrana exterior se decora con puntas de diamante muy erosionados. Apean las arcuaciones sobre impostas achaflanadas, que apoyan directamente sobre pilastras escalonadas, excepto la que soporta los empujes de la segunda arquivolta, que lo hace sobre dos columnillas acodilladas que han perdido sus fustes, con basas muy erosionadas y capiteles vegetales muy toscos, decorados con palmetas. Estos capiteles son de distinta longitud, siendo más corto el de levante. Toda la portada aparece ligeramente hundida hacia poniente. Aunque el valor artístico de este románico es escaso, para sus habitantes es el fruto del esfuerzo económico y religioso de los que les precedieron, por eso lucharon para salvar lo que sus reducidos recursos les permitieron. Este pequeño pueblo deshabitado es un ejemplo más de la lucha titánica de sus vecinos por conservar lo que heredaron de sus padres, y de que no se pierda lo que tanto trabajo costó.

Hubo también en su día un salón de baile y un teleclub; un salón que, hoy, los “grillos” utilizan para celebraciones, y es allí donde nos despiden Filo y Ramiro con un suculento almuerzo.

BIBLIOGRAFÍA:

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