domingo, 25 de agosto de 2024

LA RUINA Y ABANDONO DE SANTO DOMINGO EN EL DESPOBLADO DE GOLBÁN.

 

“Alcubilla del Marqués y Pedraja de San Esteban, junto a Olmillos, Ines (villa que perteneció
al marqués de Berlanga) y Atauta, hacen antesala a la capital de la ribera soriana.
Atauta conserva un conjunto etnográfico de más de noventa bodegas,
catorce lagares y diez lagaretas de una belleza excepcional.”

Corazón de roble. Ernesto Escapa.

El verano estaba recién estrenado, pero el día amaneció fresco, aunque fue tornándose caluroso a medida que el sol iba levantándose. Nos desplazamos hasta Atauta por la N-122, que no termina de convertirse en autopista, hasta enlazar con la A-11 y llegar a San Esteban de Gormaz. Desde allí, la SO-P-4003 nos llevará hasta el cruce de Atauta y, siguiendo la carretera en dirección Morcuera, a la altura del kilómetro 6,1, nos deja a la vera del despoblado de Golbán. Allí permanecen los restos de lo que fue su parroquial, rodeada de hermosos encinares, abandonada, en ruinas y a punto de desaparecer, pues pocas son las paredes y muros que se mantienen en pie. Las hierbas se han enseñoreado del lugar y una hermosa encina se yergue en el centro de la única nave.

Golbán o Golván  se integró en la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz y estuvo vinculado al monasterio de Santo Domingo de Silos. Un pleito entre el monasterio burgalés y el obispo de Osma por la posesión de las tierras del entorno de Golbán y San Esteban de Gormaz se resolvió a principios del siglo XIII, cuando este lugar pasaría a la diócesis de Osma; según  nos cuenta Marisol Encinas. Por la Resolución de 16 de febrero de 2016 en la que se incoa el conjunto de bodegas del paraje “El Plantío” de Atauta para la declaración de BIC (BOCYL 15/03/2016), sabemos que las primeras referencias a las viñas que rodean Atauta se sitúan en 1201 y vinculadas a Golbán, «lugar situado a dos kilómetros de Atauta, perteneciente al Monasterio de Silos».

El catastro del Marqués de Ensenada, redactado en la villa de Atauta el 9 de septiembre de 1752,  nos da a conocer que Golbán era un despoblado anejo a la parroquia de Atauta de la jurisdicción de la villa de San Esteban, del Señorío de la marquesa de Villena y constituido por tierras de secano, monte de encina, yermos, y de pastos, que producían trigo, centeno, avena; pero también había “hornos de abejas”. En esa fecha, en Golbán, ya no había animales, vecinos ni casas, un detalle que nos indicaría que ya llevaba mucho tiempo abandonado. Se conoce la fundación de una capellanía a mediados del siglo XVII, luego en el intervalo de esos cien años, Golbán se despobló.


Según J.M. Aceña, en 1758 se entabló un pleito entre los Concejos, justicia y regimiento de Atauta y el de Morcuera sobre la posesión del despoblado, fijándose los mojones entre el despoblado y los lugares de Morcuera y Piquera, entre 1760 y 1775.  

Con la despoblación llegó el abandono y los inmuebles de Golbán se arruinaron irremediablemente, al igual que le pasó a la iglesia románica de Santo Domingo. A unos 2 kilómetros al sureste de Atauta, al lado de la carretera, se yergue desafiante la espadaña desdentada de la iglesia y las escasas ruinas que apenas dejan ver su planta.

La que fue parroquial es un claro ejemplo del humilde románico rural soriano y su estado de abandono nos dice lo que puede pasar en los próximos decenios con muchas parroquiales no protegidas y enclavadas en lugares muy próximos a la despoblación, como son La Barbolla, Zárabes, Torralba de Arciel, etc.

Rodeada de una tierra de labor, este año sembrada de yeros, entre los que sobresalen las amapolas, y por la carretera, resisten los escasos restos de lo que fue la iglesia de Santo Domingo de Golbán. Por las escasas ruinas que han llegado hasta nuestros días podemos decir que era una típica iglesia construida en mampostería menuda y con rudos sillares en las esquinas de la espadaña. Contó con una pequeña nave y una cabecera semicircular en la que no se distingue en planta el ábside del presbiterio. En el muro meridional, donde estuvo la portada, se adosó un pequeño pórtico en tiempos posteriores. El interior del hastial occidental todavía conserva restos del enlucido de cal y arena. La espadaña contó con dos troneras y al menos el sector norte tuvo que ser reconstruido, quizás por algún derrumbe. En ese sector todavía se conserva el engarce con el muro de la nave. Junto con la espadaña y parte de los muros del atrio, destacan los muros de la cabecera, en los que se distingue la curvatura del ábside.

Cuenta José Arranz en su obra “La escultura Romanista en la Diócesis de Osma-Soria” que algunos bienes muebles de la parroquia de Golbán llegaron hasta la de Morcuera, y  una imagen de Santa Ana a la de San Pablo de Atauta, que según asegura la tradición popular procede de Golbán.

Estas humildes ruinas  bien merecen una consolidación y una recuperación de sus muros con la gran cantidad de piedra de mampostería que se agrupa a su alrededor. Una pequeña intervención arqueológica determinaría la planta de la iglesia y su posible reconstrucción. De esta manera se podría evitar su desaparición total, aunque según  vemos, el propietario de la parcela que rodea las ruinas respeta este espacio sagrado y, en su perímetro, acumula las piedras que van apareciendo durante el laboreo de la finca.

Como apuntamos con anterioridad, Atauta formó parte de la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz. Fue municipio durante el siglo XIX, y se integró en San Esteban de Gormaz en 1966. Se ubica en un emplazamiento maravilloso, en un alto desde el que se dominan los valles que a sus dos lados se despliegan. Se dispone en torno a dos calles paralelas que conducen a la iglesia. Sus casas combinan la piedra y el adobe, y su economía está ligada a la vid y el vino; una economía que permitió construir un pequeño poblado de 141 bodegas, al otro lado del arroyo Golbán, y al que dieron el nombre de “El Plantío”, Bien de Interés Cultural desde 2017.  Hasta allí nos acompañó Adolfo Tomás Palomar, conocido como Fito, alcalde del pueblo desde hace más de veinticinco años. Los años no le han disminuido el entusiasmo y permanece atento, mientras nos da una explicación, a las obras que se realizan para iluminar la parte del pueblo que se muestra a “El Plantío”. Con sus explicaciones y su pasión nos hacemos una idea de la belleza nocturna del pueblo contemplado durante la noche desde el conjunto de bodegas.


Caminando hacia las bodegas nos encontramos también con un lavadero con sus losas colocadas a una altura cómoda y rodeado de baldosines blancos; un poco más elevado se encuentra la  bien recuperada fragua con su imponente fuelle. Todo está cuidado en el pueblo, pero hay pocas personas que puedan apreciarlo. A pesar de la riqueza de sus cepas, que resistieron la filoxera, y del vino que producen, no son más de veinte personas los que acompañan a sus edificios en las noches. Nos recuerda el alcalde que en 1968 habitaban el pueblo 408 habitantes. Esta ausencia humana ha llevado consigo el abandono de sus huertos. El lugar en el que se producían tomates, verduras, frutales, y otros productos de huerta regados por el arroyo de la Laguna, hoy lo ocupa una chopera.

Visitamos varias bodegas muy bien conservadas, lagares y lagaretas; algunas del Ayuntamiento y otras del propio Adolfo. Constituyen todas ellas un conjunto maravilloso al que se suman varios palomares.


Da la mañana para hacer una visita a la iglesia parroquial donde buscamos con ahínco los dos fragmentos de imposta ajedrezadas, que según leemos en la Enciclopedia del Románico en Castilla y León, se conservaban en la sacristía de la iglesia y que pudieron proceder de Golbán.  Nosotros no pudimos verlas, ni nuestro cicerone sabía de su existencia.

Se trata de un edifico muy bien conservado y en el que llama la atención la decoración exterior del muro meridional. Dicha decoración responde a la voluntad de un párroco que, molesto por el juego de los niños a la pelota en esa pared, decidió salpicarla de restos de escoria de la fragua. Hoy, desgraciadamente, esos problemas no existen.





BIBLIOGRAFÍA:

- ACEÑA PALOMAR, José María (2020): Atauta. Historia de unas bodegas declaradas Bien de Interés Cultural. Edita Sánchez Álamo artesanos. Edición no venal. Madrid.
ACEÑA PALOMAR, José María (2023): Atauta, viñas viejas y bodegas B.I.C. Colección “Paisajes, Lugares y Gentes”. Soria, Edita Excma. Diputación Provincial de Soria
-ARRANZ ARRANZ, José (1986): La Escultura Romanista en la Diócesis de Osma-Soria. Burlada-Navarra, Imprime Castuera.
- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- BARRIO ONRUBIA, Salvador (2001a): Vecindario de Piquera y pueblos de su entorno desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XI, disponible en línea [Consulta:02/08/2024]: https://piquera.sanesteban.com/monografias/vecinda.htm
- BARRIO ONRUBIA, Salvador (2001b): La Abadía de Santo Domingo de Silos, Golbán y el convento de San Juan. Disponible en línea [Consulta: 02/08/2024]: https://piquera.sanesteban.com/monografias/sanjuan.htm
- ENCINAS MANCHADO, Marisol (2020): Despoblados en el entorno de Atauta: Golbán y el Monasterio de San Juan. Revista AREVACON Nº 40. Edita Asociación de Amigos del Museo Numantino, Soria.
- MADOZ, Pascual (1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid, 1993.
- MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- VV.AA, (2002): Otros vestigios. Atauta Iglesia de Santo Domingo, en el despoblado de Golbán, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. III. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. ¿?

domingo, 28 de julio de 2024

LA PERVIVENCIA DE SAN BARTOLOMÉ EN EL DESPOBLADO DE ARAVIANA.

 

“Pues igual que lo que ha ocurrido con este edificio sucedió con el vecindario
del pueblo y con el de muchos pueblos que eran poco más o menos como
este. A decir verdad, resistieron más la paredes de esta casa desde
que fue deshabitada que lo que era el pueblo en sí, tal
como desde siempre lo habíamos conocido”.

El fin de un mundo. Carmelo Romero


El 12 de junio, el tiempo en Soria fue un tanto desapacible. Amanecimos en uno de esos días en los que el invierno se hace notar a pesar de haber padecido ya varios aguijonazos veraniegos. Había llovido y amenazaba con seguir haciéndolo. Nos trasladamos a Ólvega en un viaje cómodo a través de la N-122 hasta encontrar un cruce a la derecha (tras atravesar el área de descanso del Madero) que nos condujo hasta la población.

A estas alturas del año los campos ya comienzan a amarillear y nos ofrecían una visión placentera de la vega del Rituerto. Conforme íbamos avanzando por el Madero, acercándonos a la mole del Moncayo, el paisaje se fue tornando cada vez más boscoso y las encinas acompañan al visitante por la carretera SO-P-2001 hasta Ólvega.

Cuando llegamos al municipio su visión no fue la típica de los pueblos a los que estamos acostumbrados. Con sus construcciones de varios pisos, muchos de ellos de ladrillo amarillo característico de los años sesenta/setenta, más parece una ciudad que un pueblo. Es evidente que la prosperidad del municipio le ha dado vida y le ha quitado el encanto de los pequeños pueblos. Pero es el precio que muchos lugares querrían pagar.

El nacimiento de la localidad se remonta al siglo V, aunque vestigios más antiguos existen. El ataque de vándalos y alanos en el 409 hizo que los hispanorromanos de Augustóbriga (Muro), se refugiaran en este lugar y formaran un pequeño núcleo. Fue musulmana hasta que el rey aragonés Alfonso I la conquistó en 1119, y permaneció siendo aragonesa hasta que la incorporara a Castilla Alfonso VII en 1134, formando parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda. Como todas las demás poblaciones, se convirtió en municipio con la caída del Antiguo Régimen en el siglo XIX, y ha sido de las pocas poblaciones sorianas que ha crecido de forma importante. Si entonces tenía algo más de mil habitantes, hoy se aproxima a los cuatro mil. El salto demográfico se produjo principalmente en los años sesenta y setenta del siglo XX, gracias a la apuesta del municipio por la industrialización.


A la entrada del pueblo nos espera Ruth Villar, informadora turística del municipio que es quien, con toda amabilidad, nos acompañó al despoblado de Araviana o Culdegallinas; ambos nombres compiten por nombrar al lugar. Por la carretera CL-111 en dirección a Noviercas y pasado el punto kilométrico 14, nos incorporamos a la carretera SO-P-2106 en dirección a Cueva de Ágreda, y a un kilómetro del cruce, a nuestra izquierda sale un camino recto que nos conduce a los restos del despoblado de Araviana. Días antes, los operarios del Ayuntamiento de Ólvega habían segado las altas hierbas del exterior y el interior de la ermita, logrando hacer más placentera la visita. Allí se encuentra la ermita que pretendíamos visitar, acompañada de los ladridos constantes de una reala de perros que habitan en sus cercanías. Parece ser que el lugar se pudo abandonar tras la batalla que libraron Pedro I, de Castilla, y Pedro IV, de Aragón, en 1359. Y a pesar de su abandono, hasta hace un año y medio que entregaron las llaves, la familia Escribano Calvo se hizo cargo de su limpieza y cuidados. Hoy, ya sin llave, es Serotina Galán Revilla la mayordoma de la ermita.

El edificio está consagrado a San Bartolomé, pero el santo se trasladó, coincidiendo con el final de la pandemia, a vivir más cómodamente y, sobre todo, más protegido, a la iglesia parroquial, tal vez temeroso de lo sucedido con la antigua pila de agua bendita que acabó en manos de desaprensivos.

Entre las ruinas y alguna edificación del despoblado de Araviana nos encontramos con esta construcción románica. Vemos un inmueble de una sola nave, abierta al cielo, construido mayoritariamente en mampostería, con una cabecera cuadrada que todavía conserva su techumbre, y una portada, ligeramente adelantada, en el muro meridional. Como casi siempre en el románico rural soriano la sillería se reserva para esquinas y vanos. La nave se pudo cubrir con una techumbre de madera a dos aguas. El suelo de la nave, guarda debajo del material vegetal que lo oculta, un solado de ladrillo macizo hecho a mano, conservando dos apoyos de piedra que bien pudieron ser soportes de postes para sostener la cumbrera de la techumbre. A lo largo de la nave se conserva todavía un banco corrido que también aparece en la cabecera. Si se observa con atención en estos muros hay dos períodos constructivos, pues la parte superior es ligeramente de menor grosor. A los pies podemos destacar el almacenamiento de una gran cantidad de tejas árabes, que llegaron alrededor de 1976 cuando se derribaron las escuelas de Ólvega para edificar el Parque de las Escuelas. La llegada de esta gran cantidad de tejas nos indica la intención que siempre hubo en el ayuntamiento de reconstruir el tejado de la ermita.

La cabecera cuadrada se cubre con bóveda de cañón apuntado sobre un arco fajón. Toda la cabecera sufrió importantes reformas, quizás avanzado el siglo XIII. Así el arco de gloria que da paso a la capilla es extremadamente cerrado, habiéndose rasurado las impostas de este. Nos cuenta D. Manuel Peña García que en tiempos contemporáneos se trajo el cierre de madera desde la ermita de la Virgen de Olmacedo; este separaba la capilla de la Virgen del resto de la iglesia. En tiempos más recientes se protegió con una chapa metálica. Desconocemos cómo se cubrió la anterior cabecera, pero cuando se construye la nueva bóveda apuntada se construyen dos muros de refuerzo al interior y un poderoso arco fajón que descansa sobre dos pilastras. La bóveda de mampostería, fuertemente encalada, descansa sobre una imposta de nacela que recorre los muros norte y sur. En la pared meridional, y a media altura, destaca una pequeña credencia adintelada.  La pilastra del muro meridional oculta pate de la ventanita románica de sillería, que al interior aparece abocinada y con arco rebajado. El refuerzo de la cabecera se ve acrecentado con un nuevo muro en los lados sur y este. Ese nuevo muro hará que el muro meridional de la capilla sea de mayor anchura que la nave. La ermita no conserva ni rastro de cornisas o canecillos, que, sin duda, pudieron desaparecer en las distintas reformas.

La portada es muy sencilla y está elaborada en caliza arenisca. Se abre en el muro meridional en un cuerpo de sillería ligeramente adelantado. Se desarrolla con tres arquivoltas lisas de medio punto que descansan sobre una imposta de nacela y jambas escalonadas; todo ello protegido por una chambrana de nacela muy erosionada. El dovelaje de la arquivolta externa nos recuerda a otras del románico aragonés. Esta portada pudo contar con un tejaroz que pudo ser eliminado cuando ese muro se reconstruyó en fecha indeterminada.

Como otros muchos inmuebles del rural soriano es una construcción muy pobre, sin ninguna concesión a la decoración. Su austeridad refleja unos tiempos en los que la Extremadura castellana se estaba consolidando. En estos lugares más apartados no solían llegar los mejores canteros; estos ejecutaban la obra con los materiales que tenían alrededor del lugar. Los restos que hoy podemos ver son extremadamente humildes, y, a través de ellos, se pueden distinguir varios períodos constructivos y plantear muchos enigmas. Quizás junto con la ermita de San Román de El Espino es la iglesia románica abierta al cielo de más extrema tosquedad en la provincia soriana.


Nos cuenta Ruth Villar que en el paraje se celebrada el martes, antes de la Ascensión, una romería con misa a la que asistía el pueblo de Ólvega y que esa romería, más hacia nuestros días, pasó a celebrarse el domingo de Pentecostés e incluso el domingo de la Trinidad, aprovechando el momento también para la bendición de campos. Como nota curiosa, además solo la familia del santero D. José Escribano Calvo acudía a misa el día de San Bartolomé. A partir de la pandemia la celebración se hace en la iglesia parroquial de Ólvega el 24 de agosto. Sería bueno recuperar esta costumbre y que los olvegeños y olvegeñas puedan recuperar parte de su memoria.

En la actualidad la ermita es casi un almacén. A sus pies se guardan las tejas que en su día cubrieron el tejado de las escuelas viejas, hoy transformadas en un parque coqueto; tejas que hasta pudieron ser fabricadas por la misma familia Escribano, pues poseían una tejería y ese era su oficio. También se guardan allí, en el ábside, levantados, los bancos de madera que todavía se sacaban los días de festividad: Letanías Mayores, Pentecostés, Trinidad y San Bartolomé.



Visitamos también el museo etnológico de Escribano Calvo: una casita repleta de reproducciones de todos los puntos de interés del municipio y de todo tipo de objetos de un mundo agrícola y manufacturero casi perdido.

Aún hubo tiempo para visitar la ermita de los Santos Mártires situada en el casco antiguo del pueblo. Una ermita cuidadísima donde nos esperaba el joven historiador Iván Casado, que nos planteó interrogantes curiosos e interesantes que una intervención arqueológica podría despejar.

BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JOMÉNEZ, M. (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- DIAGO HERNANDO, M. (1991): Los términos despoblados en las comunidades de villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media. Revista Hispania LI/ 2, 178
- DÍEZ SANZ, E. y Galán Tendero, V. M. (2012): Historia de los despoblados de la Castilla Oriental. Tierra de Soria siglos XII a XIX. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, colección Temas Sorianos nº 56.
- GAYA NUÑO, J. A. (1946): El Románico en la provincia de Soria. Edición facsímil de 2003. CSIC, Madrid.
- HERBOSA, V. (1999): Románico en Soria. Ed. Lancia. León.
- HUERTA HUERTA, P.L. (2002): ÓLVEGA. Ermita de San Bartolomé, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 735-739.
- MADOZ, P. (1846-50): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTIÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional.
- PEÑA GARCÍA, M. (1982): Ólvega: historia-arte-folklore. Edita. Ayuntamiento de Ólvega. Ólvega. pp. 114, 347-355

domingo, 30 de junio de 2024

LA PORTADA ROMÁNICA DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE MURIEL VIEJO.



“[…] el Seiscientos atravesó Muriel de la Fuente, con su elegante casa consistorial
con reloj y nos llevó hasta Muriel Viejo, en el que nos detuvimos
y ascendimos paseando con calma hasta su cementerio, que
preside el pueblo y al que se accede por una portada
románica de procedencia desconocida”.

Soria en Seiscientos. Javier Martínez Romera


Hoy nuestro objetivo es humilde: una portada románica, y no entera, en Muriel Viejo. También el día se muestra humilde y extraño: ni llueve con ganas ni deja de hacerlo, ni hace frío ni podemos olvidarnos de nuestra ropa de abrigo.

La N-234 en dirección a Burgos nos conduce hacia allí. Cuando llegamos a la espectacular ermita de la Blanca, hemos de tomar un desvío a la izquierda que, al poco, nos llevará hasta Muriel Viejo. La ermita de la Blanca agrupa a la concordia formada por Cabrejas del Pinar, Cubilla, Talveila, Muriel Viejo y el despoblado de Cubillos.

No vemos a nadie al llegar al pueblo y nos llama la atención la plaza, al lado de la iglesia parroquial, adornada en su suelo por un cielo azul y sus constelaciones. A su lado un jardincito presidido por un precioso abeto y delimitado por cuatro plataneros podados, y temerosos de asomar su nuevo ramaje por si una tardía helada los priva de su hermoso verdor primaveral.

Sin darse uno cuenta, al entrar en Muriel Viejo se introduce el visitante en un paisaje exuberante propio de la comarca de Pinares: pinos, abedules, robles, narcisos y otros seres vegetales rodean al municipio.

Porque es Muriel Viejo municipio desde la caída del Antiguo Régimen en el siglo XIX y siempre contó con una población superior a la que hoy recorre sus calles. Más de cien habitantes lo habitaron a mediados del siglo XIX, y puede que más de doscientos al final de este. Hoy duermen algo más de cincuenta, ayudado ese número por los que pernoctan en el coqueto hotel del pueblo.

Subimos al cementerio por una empinada cuesta, que, antiguamente, estaba inundada por piedras que dificultaban enormemente su acceso. Piedras que, seguramente, habrían formado parte de una antigua iglesia románica allí ubicada, de hecho a ese espacio se le conocía como la “iglesia vieja”. De ella hoy solo queda su puerta de entrada, que se usa como uno de los accesos al cementerio, así como posibles restos de algunos de sus muros. Al lado de este, en un casillo, sobre el fondo negro de sus paredes, unas grandes letras azules y blancas conforman las palabras “El Kaos”; es la peña infantil de fiestas. Pero en este paraje el caos no se aprecia. El paisaje es tranquilizador, el pueblo ordenado y limpio, y hasta el cementerio, extrañamente con el nombre de San Atanasio de Alejandría, está impregnado de este orden: en un lado las tumbas excavadas en la tierra y los mausoleos, en el otro los nichos modernos, y en el centro, separando los dos ámbitos, un porche, que, en su día, pudo ser una capillita.

La vieja iglesia estuvo bajo la advocación de Nuestra Señora de Santa María y hasta allá se dirigían los feligreses por un camino empinado, muy distinto del que observamos ahora. Por el Libro de Fábrica del siglo XVI, sabemos que en 1542 la iglesia estaba en una situación ruinosa y encargan repararla con buena madera “de fusta”, suprimiendo otras obras ya programadas. Gracias a las investigaciones de Herminda Cubilla, que en 2006 pudo consultar el Libro de Fábrica 315/7, conocemos la notificación de 1796 por la que se insta a la construcción de una nueva parroquial: “ […] Y con ello redimir la penalidad que se produce al concurrir el pueblo a su actual iglesia por lo penoso e incómodo del terreno en tiempos de nieve y lluvias”. Será esta circunstancia la que determine que se dote a Muriel Viejo de una nueva iglesia en 1797 y que su maestro constructor sea D. Cipriano Antonio de Miguel, quien por esos mismos años estaba levantando la ermita de la Blanca en Cabrejas del Pinar.

Así fue como la parroquial de Santa María pasará a cumplir exclusivamente la función cementerial y, poco a poco, a abrirse al cielo, desperdigando su patrimonio. De su pasado medieval pervive la portada, muy maltratada por el paso de la historia y las inclemencias del tiempo, así como algunos restos de la caja de sus muros. Si nos atenemos a la posición de la portada, la orientación de la iglesia de Nuestra Señora Santa María no fue la canónica, pues la puerta está orientada al noroeste, mirando al pueblo, no pudiendo determinar si la portada se trasladó de posición. Cuenta esta portada con un arco de ingreso liso y dos arquivoltas, la primera lisa y la más exterior decorada con un fino bocel. Sobre ellas una chambrana de sencilla nacela protegía el conjunto. Reposan las arquivoltas sobre una imposta de nacela decorada con bolas o piñas, que a duras penas podemos distinguir. Por debajo de esta destacan dos parejas de columnas acodilladas con sus correspondientes capiteles, si bien la exterior del lado izquierdo está formada por un tubo de fibrocemento. El capitel exterior de la derecha, muy deteriorado, se decora con hojas muy estilizadas, muy parecido al que vemos en la ventanita occidental de la ermita de nuestra Señora del Valle de Muriel de la Fuente. Le sigue el decorado con dos arpías atrapadas por un tallo que rodea sus cuellos. En el lado izquierdo vemos al exterior un capitel de cemento, que intenta imitar el del lado derecho, mientras que el interior representa un rostro con melena sobre dos grandes hojas, que ha sido muy maltratado por la acción antrópica. Toda la portada merece una protección, retirada de cemento gris y reposición de una columna y su capitel, consolidación del capitel exterior derecho, etc. Al interior del cementerio todavía podemos distinguir parte de los muros perimetrales de la antigua parroquia, que pudo tener una cabecera rectangular.

Al volver al pueblo nos encontramos en la puerta de su vivienda con Carlos González que, casualmente, tiene llaves de la iglesia parroquial y que amablemente nos facilita la entrada. Está consagrada a la Asunción. Se trata de una nave larga y estrecha, casi un tubo, con techumbre a dos aguas de madera de pino muy bien conservada. Un gran arco de medio punto da paso al presbiterio. El interior de la iglesia es un auténtico museo con obras de cierto valor, pues casi con toda seguridad hasta ella llegaron obras procedentes de la antigua iglesia de Santa María, así como otros restos de la antigua ermita de San Vicente, que desde su pico homónimo custodiaba el valle del río de Muriel Viejo, subsidiario del Abión. Precisamente del yacimiento arqueológico de San Vicente llegó la bella estela medieval que se expone en el muro occidental de la iglesia. Se trata de una estela que conserva la casi totalidad de su disco, con decoración discoidal rodeado de un círculo segmentado. Por debajo conserva sus dos hombros y hacia el cuerpo está decorada con una retícula romboidal.

La devoción a San Roque, San Antón y San Sebastián se ve en los retablos y en las tablas que se encuentran a ambos lados de la cabecera. El retablo mayor dedicado a la Asunción de Nuestra Señora es barroco, pero conserva las tablas del banco y de sus calles y ático del anterior retablo de la iglesia de Santa María, tablas renacentistas a las que el nuevo retablo se adaptará. En lo alto del retablo encima de sus dos calles nos encontramos con dos tallas góticas, una Virgen con el Niño y otra de un San Juan melancólico, esta, sin duda, formó parte de una Deesis, pudiendo hacer pareja con la talla de la Virgen que un día, mediado el siglo XX, y ya sin policromía, salió del cementerio subida a lomos de una Vespa.

El retablo que se encuentra en el lado de la Epístola se caracteriza por presentar un tercio renacentista y dos tercios barrocos; además, en su interior, vemos una pila bautismal de increíble austeridad, dos benditeras de posible ascendencia romana, pendones, el retablo del Santo Cristo, un cuadro reciente de una Santa Faz, etc.

Completamos la visita con un paseo por la localidad en la que nos encontramos con su alargado abrevadero alimentado por dos chorros de agua; un cuidado lavadero, lugar donde se celebra cada verano el Festival de “Poesía junto al Río”; carteles con poemas colgados de las paredes y un coqueto hotel: El cielo de Muriel, donde pudimos disfrutar de un buen café y nos preguntamos cómo es posible que ese negocio funcione en un lugar tan despoblado. La respuesta es la imaginación: la caza, el senderismo, la micología, los “baños de bosque”; una inmersión en la naturaleza para aliviar el alma, o el starlight, un lugar con excelentes cualidades para contemplar el cielo. Y es que como podemos leer en una de las paredes del hotel: “Las estrellas no pueden brillar sin oscuridad”.

BIBLIOGRAFÍA

- ARCHIVO DIOCESANO OSMA-SORIA
    - Libro de Fábrica de Nuestra Señora de la Asunción. 1524-1630 Ref. 315.4
    - Libro de Fábrica de Nuestra Señora de la Asunción. Ref. 315.7
- BLASCO JIMÉNEZ, M. (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Cuar. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- HERBOSA, V. (1999): El románico en Soria. Ediciones Lancia. León.
- HUERTA HUERTA, P. L. (2002): Muriel Viejo. Cementerio municipal., en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. I. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 693
- IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª. (1986) El románico en la provincia de Soria. Soria.
- LOPERRÁEZ CORVALÁN, J. (1788): Descripción histórica del Obispado de Osma. Imprenta Real. Madrid.

domingo, 5 de mayo de 2024

LOS ENIGMAS DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE ALENTISQUE.

 

“Dado el estado de ruina, su futuro es incierto, pues a la vegetación que la invade
tanto interior como exteriormente, de modo inminente se sumará el
hundimiento de las cubiertas de la cabecera, precisando
urgentemente de una limpieza y consolidación”.

Alentisque. Ruinas de una iglesia en el cementerio. (2002) José Manuel Rodríguez Montañés


Quizás era demasiado cálida la mañana de abril para esa época. La aprovechamos para visitar el románico de Alentisque. En algo más de media hora alcanzamos esta población siguiendo la autovía hasta Almazán y desviándonos allí por la CL 116, carretera dirección Monteagudo de las Vicarías, y que nos conducirá hasta las márgenes del pueblo.

En el camino apreciamos el verde intenso con el que los campos se han vestido gracias a las abundantes lluvias que últimamente habían caído, deshaciendo así un justificado temor a una prolongada sequía.

Al cruzar Morón de Almazán nos sorprendió ver su nombre escrito en un alto con enormes letras que se aprecian desde la carretera. Costumbre ésta extendida en muchas ciudades, pero no tan frecuente en localidades pequeñas.

Alentisque está enclavado en un llano situado en la falda de un montículo al que se dio el nombre de Puerto de Alentisque. La aldea se integró en la Comunidad de Villa y Tierra de Almazán y, dentro de ella, en el sexmo de la Sierra.

Cruzan estas tierras pequeños riachuelos, y sus aguas, incrementadas por algunas fuentes, terminan en el arroyo Alepud que las conduce al río Morón que se encarga de llevarlas al Duero. También caen allí lluvias que llegan al Jalón y al Ebro, pues ese Puerto es divisoria de aguas, e incluso de culturas.

La localidad es en la actualidad un núcleo pequeño de casas cuya construcción se sirvió, de forma mayoritaria, del adobe. Se utilizó la piedra en alguna de ellas, especialmente en las bases de las paredes y en los lugares más nobles, pero esencialmente es el barro, a veces revestido, el que muestra su fuerte humildad. También hay viviendas nuevas que reúnen todas las comodidades actuales, pero son las menos.

A pesar de su tamaño, Alentisque sigue siendo municipio, calidad que obtuvo al caer el Antiguo Régimen, allá por el siglo XIX. Su nombre nos recuerda a Alentejo, pero leyendo a José Antonio Pérez-Rioja, descubrimos que procede del latín lentiscus, lentisco, con anteposición del artículo árabe al; lentisco es un arbusto de madera aromática de cuyas ramas se extrae la resina llamada almáciga o mástique. A mitad de ese siglo lo habitaban unos 250 habitantes y fue creciendo, ayudado por la incorporación de Cabanillas, hasta llegar a más de 350. Hoy, paseando por sus calles nos parece imposible. Y aunque está habitado, no son más de 30 personas las que viven allí. Pero eso en invierno. Las fiestas, los fines de semana y el verano transforman esa realidad, y el municipio aparece habitado y resplandeciente.

Llegamos al pueblo buscando el cementerio, lugar en el que está ubicada la antigua ermita de Nuestra Señora de la Concepción, objeto de nuestro interés. Nos recibe a la entrada de la localidad otro edificio, bien cuidado, que en su día fue la escuela y que hoy se utiliza como centro social; nos llamó la atención su forma curvada, abriéndose al sol de mediodía y adaptándose a la curvatura de la calle. Al lado de las escuelas antiguas nos encontramos, casualmente, con Alfonso Casado y Alejandro García Herrera que alimentaban de gasoil a un moderno tractor ubicado en un gran almacén. Preguntamos por la iglesia románica que pretendíamos ver, con la fortuna de que Alfonso Casado se mostró dispuesto no solo a orientarnos sino a acompañarnos junto con su hija Silvia, a la que conocíamos de su paso por el bachillerato del instituto Machado. Con estos amables cicerones cruzamos el pueblo y por la carretera que conduce a Momblona, atravesando un coqueto merendero, la fuente y los antiguos huertos del pueblo, hoy reconquistados por los árboles, llegamos al cementerio y a la ermita románica que buscábamos.

Alfonso había sido alcalde y mostró una gran sensibilidad por esa iglesia y por los problemas del pueblo. Nos informó de que a finales del siglo XX el edificio estaba semiderruido y que durante su alcaldía, a principios del XXI, se preocupó de cubrir con una nueva techumbre la cabecera. Lamentó no haber podido hacer lo mismo con la nave de la iglesia, aunque sí logró dotarla de un suelo de cemento que acabó con los árboles y arbustos que allí crecían; fijó además una interesante estela rectangular y la pila benditera monolítica.

En los restos románicos de la ermita de Nuestra Señora de la Concepción podemos apreciar una iglesia de planta basilical, de una sola nave, con presbiterio recto y ábside semicircular, ejecutada en su mayor parte en sillarejo, excepto el muro de poniente que lo hace con mampostería menuda; las esquinas y vanos lo hacen en sillería. La nave se encuentra abierta al cielo y la cabecera se cubre con una cubierta de madera, si bien en su origen pudo estar abovedada, con portada abierta en el muro sur. La cabecera se abre con un arco de triunfo apuntado, soportado por dos pilastras con una imposta de listel y chaflán. Perfil que, invertido, se repite a modo de basa en el responsión del septentrión. El ábside conserva su altar de obra, el tosco vano abocinado de la ventana absidal, así como un gran nicho a ras del suelo, del que desconocemos su utilidad. Todo el interior estuvo enfoscado, conservando la cabecera restos de pintura mural con decoración vegetal de floreros y corazones, sobre un zócalo de color rojizo.

En el inmueble podemos distinguir dos periodos constructivos: uno medieval en la cabecera y otro de época moderna en los muros de la nave, que provocan un estrechamiento de la misma así como una disimetría entre el lado norte y el sur. El muro meridional aparece alineado con el del presbiterio, mientras que el septentrional se retranquea hacia el interior.

Desde su última restauración el solado aparece hormigonado con desagües para la lluvia y la cancela de madera que separaba la cabecera ha sido sustituida por otra metálica.

El muro meridional y la cabecera nos dan unas pistas sobre la procedencia de algunos de sus materiales y su construcción. En el muro meridional aparecen embutidas tres estelas medievales, mientras que en la base del presbiterio vemos una lápida funeraria romana. Muy cerca de la ermita se encuentra el yacimiento arqueológico romano y medieval del “Cerro de los Moros” del que pudieron llegar tanto las estelas medievales como la lápida funeraria y otros muchos materiales. Según el profesor Alfredo Jimeno que tradujo la lápida, siguiendo el calco que hiciera Santiago Loranco y la transcripción de F. Fita, podemos leer: “Sempronio Luro y Sempronia Ide, estando vivos, la hicieron para su queridísima hija Elpidotina y para sí mismos”.


La cabecera se edifica en sillarejo y en el presbiterio se abre una ventana rectangular de una pieza muy abocinada hacia el interior, mientras la ventana absidal aparece tapiada. 
Al exterior, la cabecera está recorrida con una cornisa de perfil de nacela, decorada con unas líneas incisas y sustentada por un grupo de canecillos muy toscos decorados con rollos, piñas, nacela, hojas y una serie de inquietantes máscaras humanas y animales, entre las que queremos ver un lobo. Durante mucho tiempo estas imágenes fueron diana en los juegos de los niños.

La portada se abre en un antecuerpo adelantado del muro meridional, y casi con toda seguridad fue muy modificada con la reconstrucción de mediados del siglo XVII. Con esta reforma contó con un arco de ingreso y tres arquivoltas lisas. De ellas solo pervive el arco de ingreso de medio punto, la arquivolta lisa interior y restos de las dos exteriores. Los arcos descansan en jambas escalonadas, con impostas abiseladas decoradas con sucesión de círculos secantes a levante y palmetas inscritas en una greca, a poniente. Tres parejas de columnas se acodillaban, de las cuales sólo se conservan completas dos y restos de una tercera, conservándose in situ cinco de los seis capiteles. Los de la izquierda se decoran con un entrelazo de cestería, dos pisos de hojas de acanto con bordes vueltos y hojas lanceoladas con piñas; en el lado derecho, el capitel interior se decora con tres pisos de hojas lanceoladas con una bola en el ángulo; el otro se decora con hojas sin apenas resalte, coronadas con volutas.
Por el libro de cuentas de la parroquial de San Martín Obispo, sabemos que a mediados del siglo XVII la ermita estaba en estado ruinoso y, debido a la devoción con que contaba el inmueble, que anteriormente había sido parroquial, se ordena su reparación y que cuando tenga alguna renta hagan Libro de ella e inventario. La reparación se llevó a cabo y el único libro de cuentas abarca los años 1.726 a 1.825. José Vicente de Frías Balsa transcribe estos mandamientos del visitador de la Diócesis de Sigüenza en 1643:
“ Mandamiento en término de este lugar donde llaman Nuestra Señora de la Dehesa que fue antes parroquial y que se mandó destruir y derribar porque no hubiese indecencias y la Justicia y Regimiento de dicho lugar por su devoción y por cuanto pareciese dicho Lugar Sagrado la repararon y la han puesto en el estado en que hoy parece. Y por no estar del todo acabada se les encarga lleven adelante la pía intención de dicha Ermita que antes era parroquia e iglesia. Y cuando tuviera alguna renta hagan libro de ella e inventario. Y entretanto el cura que es o que fue de dicho lugar tome cuenta de los bienes de la dicha ermita y obra para que a todo tiempo conste como se va cumpliendo lo cual haga y cumpla pena de que será castigado y así lo mandó y firmó. D. Pedro Marino” 
Libro de Fábrica de la iglesia de San Martín Obispo. 1580-1640

En la visita pastoral realizada en 1.767 por el obispo de Sigüenza al lugar se da cuenta de una inspección a la ermita, momento en el que se encontraba en buena decencia para el culto, mandando reponer la puerta y que se pagara con los caudales de la ermita. Por este libro sabemos que en 1657, Francisco Gómez había donado a nuestra Señora una tiara, que por entonces portaba sobre la frente, además de una heredad de tierra a la ermita.

Creemos que fue en esa reforma cuando se estrechó la nave, eliminándose la separación de presbiterio y nave, que si bien en el lado sur casi no se percibe, en el lado norte se ve perfectamente cómo se rasuró ese muro y cómo se estrechó la nave construyendo uno nuevo con un fuerte zócalo rematado a bisel en sillería. Muy cerca de la cabecera y al exterior vemos parte de un arco cegado que partía de una imposta de chaflán. Por encima del zócalo vemos cómo los maestros y alarifes reutilizaron muchos sillares, modillones de rollo, dovelas con bocel, sillares, etc., asentados sin orden, lo que da a este muro norte un aspecto desastroso de piedra mal distribuida. Todo el interior estuvo enfoscado.

Por mandato de la Junta de Sanidad de Alentisque, desde junio de 1833, la ermita de la Concepción, por estar en lugar apartado y ventilado, se constituyó interinamente como cementerio hasta que se construyera el nuevo. El nuevo camposanto construido por los maestros alarifes Elías Gimeno y Ángel Martínez, se utilizará por primera vez en noviembre de 1834, si bien hasta 1857 no se generalizan los enterramientos en él. Así sabemos que a la párvula Marcelina Muñoz Granada se la entierra en la sepultura de ladrillo, debajo del órgano, en el mismo rincón. Precisamente, en 1829-1830 se otorga a la parroquia de San Martín Obispo licencia para construir un órgano. Será el maestro organero D. Mariano García, vecino de Calatayud el encargado de construirlo e instalarlo en la parroquia, por ello recibirá 5.320 reales de vellón.

Hasta mediados del siglo XIX, el libro de difuntos nos dice que se oficiaba alguna misa en la ermita de la Concepción, desde entonces la falta de cuidados la llevó a la ruina. Hoy el cementerio está muy cuidado y ordenado con sus panteones unifamiliares, haciéndose así compañía ruinas y fallecidos.

Acabamos la mañana visitando la iglesia de San Martín de Tours que nos abre, muy amablemente, el alcalde actual Juan Antonio Peña Frías. El santo, al que está consagrada la iglesia, suele representarse ofreciendo en invierno, desde su caballo, su capa a un mendigo. Sin embargo en el pueblo celebran, el 3 de febrero, la festividad de San Blas, especialista en curar los males de garganta. Se trata de una iglesia tardo gótica del siglo XVI. Conserva la iglesia su solado original con gradas de piedra y baldosas cerámicas. Según leemos en el libro de Carta Cuenta de la parroquial, en 1830 éstas se estructuraban en siete tandas con precios que iban de los 24 reales de vellón en la 1ª hasta los 14 de la 7ª y posteriores. Nos informan de que su retablo mayor fue intercambiado por otro del Monasterio de Huerta, seguramente perdiendo el pueblo en el trato. El Libro de Fábrica (Ref.208) 1680-1717 afirma que se pagó a un maestro por componer un retablo mayor advocado a San Pedro, que hoy no se encuentra en la iglesia, desconociendo, de momento, su paradero. Aun así posee otro de gran calidad. No fue esta su única pérdida, pues uno de sus cálices desapareció en algún momento sin que haya regresado a su iglesia original, así como alguna estela medieval de la ermita.


BIBLIOGRAFÍA

- ARCHIVO DIOCESANO OSMA-SORIA
    - Libro de Fábrica de San Martín Obispo de Alentisque 1580-1640 Ref. 208.2
    - Libro de Fábrica San Martín Obispo de Alentisque 1680-1717 Ref. 208
    - Libro de Fábrica San Martín Obispo de Alentisque 1753-1844 Ref. 209
    - Libro de Cuentas de la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción de Alentisque 1726-1767 Ref. 211
    - Cuarto libro de Difuntos de Alentisque. Ref. 202
- BLASCO JIMÉNEZ, M. (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Cuar. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.
- ENRIQUEZ SALAMANCA, C. (1998) Rutas del románico en la provincia de Soria. Edita Codex-Rom. Tudela.
- FITA, F. (1916): Nuevas inscripciones romanas de Alentisque y Riba de Saelices en la Diócesis de Sigüenza. B.R.A.H. t. LXVIII, pp. 412-413.
- GOIG SOLER, Mª. I. y GOIG SOLER, Mª. L. (1996): Soria, pueblo a pueblo. Edita: las autoras. Imprime Gráficas SIGNO, Soria.
- IZQUIERDO BERTIZ, J. Mª. (1986) El románico en la provincia de Soria. Soria.
- JIMENO MARTÍNEZ, A. (1980): Epigrafía romana de la provincia de Soria. Edita: Excma. Diputación Provincial de Soria, pp. 63-64.
- MADOZ, P. (1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid, 1993.
- PÉREZ-RIOJA, J.A. (2005): El alma de Soria en el lenguaje. Edita: Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección Temas Sorianos Nº 50. pp.31.
- RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, J. M. (2002): Alentisque. Ruinas de una iglesia en el cementerio, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. I. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 119-122
- SORONDO, Juan Luis (1997) Censo de Ermitas de Soria. Edita: Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección Temas Sorianos Nº 35.
- TARACENA AGUIRRE, B. (1941) Carta Arqueológica de España. Soria. C.S.I.C. pp. 32.

domingo, 24 de marzo de 2024

LA  PORTADA ROMÁNICA DEL VIEJO CEMENTERIO DE VELAMAZÁN

 

“Recogido en una leve hondonada, se ve Velamazán, desbordado por el
legado de nobles piedras erigidas por los marqueses de su nombre.
El último señor fue un pájaro de cuidado, que se trastornó con la
chifladura de la velocidad y de los ingenios voladores”

Corazón de roble. Ernesto Escapa


Durante algunos días de enero hizo un calor excesivo para lo que venía siendo normal en la estación del invierno. En uno de esos días anormalmente cálidos nos dirigimos a Velamazán. Allí, desplazándose desde Rebollo, localidad en la que reside, nos esperaba Octavio Yagüe, recién jubilado de su trabajo en el ayuntamiento de Almazán. Octavio es un hombre preocupado por la situación y los problemas de la provincia, por la que manifiesta tener curiosidad e incluso pasión y, como consecuencia, conocedor del románico provincial y de sus problemas. Nos desborda también al llegar la amabilidad y generosidad de Victoria del Valle Antón, amante de su pueblo y crítica con algunas de las obras que en él se han realizado. Nos obsequia con unos graciosos sombreros que ella elabora con plásticos de diferentes colores.

Velamazán dista algo más de cincuenta kilómetros de la capital. La A-15 nos conduce hasta Almazán y allí hemos de tomar la CL-116 con dirección a Berlanga de Duero hasta encontrar un cruce a la izquierda, que, por la SO-P-4173, nos lleva a Velamazán.

Al llegar al municipio contemplamos el majestuoso palacio de los marqueses de Velamazán, construido en el siglo XVII y ahora herido, por estar fragmentado en varias propiedades, una de ellas dedicada a casa rural. Al lado de este edificio se levanta la iglesia parroquial de la Santa Cruz, que antiguamente formaba parte de la propiedad de los González Castejón, marqueses de Velamazán, y a la que tenían acceso directo desde su palacio. Destaca en la iglesia la torre nueva reconstruida entre 2005 y 2009, que, según Victoria, se ha levantado con el dinero que generan los doce aerogeneradores instalados en el municipio. Su apariencia se asemeja a un mirador, y, de hecho, posee un ascensor, para ascender a lo alto de ella, que no funcionaba el día que lo visitamos. La antigua torre fue herida en 1885 por un rayo que incendió el interior, fundiendo sus campanas y destruyendo la esfera del reloj. Esta herida contribuyó a su primer derrumbe en junio de 1953 y a un segundo, en octubre del mismo año. 


Doce son las personas que actualmente duermen en el municipio, pues municipio es desde el siglo XIX, a pesar de su escasa población. Hasta entonces la localidad estuvo bajo la jurisdicción de la familia González de Castejón, marqueses de Velamazán. Y fue un pueblo grande, para lo que nos acostumbran nuestros pueblos, pues llegó a tener en sus calles a más de cuatrocientas personas a mediados del mismo siglo XIX, e incluso a más de quinientas a mediados del XX. Aunque el caserío hoy parece incapaz de albergar a toda esa población, muchos solares de casas, derrumbadas debido a su construcción con adobe, pudieron ser antaño lugar acogedor de viviendas y de sus gentes.

El conjunto del palacio y la iglesia se ve acompañado del rollo y de una curiosa fuente. Muy cerquita está el ayuntamiento y en sus bajos, un bar que permite la tertulia, el acercamiento entre las gentes y la vida de una familia.

Octavio nos condujo por las empinadas calles La Tercia y San Sebastián hasta lo que resta de la antigua iglesia de San Sebastián, objetivo de nuestro viaje. Está situada en una loma amesetada vigilada, desde otra más elevada, por el “Torrejón o Torreón”, que según la tradición oral fue levantado a principios del siglo XX por D. José María González de Castejón y Olazábal, con la intención de realizar ensayos de vuelos humanos; sin embargo, en la conferencia “Apuntes sobre la molinería tradicional en Soria” impartida por Ángel Lorenzo y organizada por la Asociación de Amigos del Museo Numantino el pasado 10 de mayo de 2023, éste, sostuvo que en su día pudo ser un molino de viento y, anteriormente, parte de la fortaleza de Velamazán.

El pasado de la iglesia de San Sebastián no es fácil de comprender; en su origen pudo ser románica, aunque en su madurez pudiera ser gótica y hoy, en su vejez, se ha convertido en una nave que se usó en su tiempo para cementerio pero que conserva su portada románica y su torre también altomedieval. La parroquial de San Sebastián comenzó su declive en 1620, cuando el marqués de Velamazán obtuvo el permiso del Obispado de Sigüenza para construir una nueva iglesia en la parte baja del pueblo, pues esta, al estar situada alejada del pueblo y elevada, era de difícil acceso para que niños y ancianos acudieran a los actos litúrgicos. Cuando por fin se bendijo la nueva parroquial advocada a la Santa Cruz en 1727, la antigua de San Sebastián se convirtió en el cementerio del lugar.

Un elemento singular de esta iglesia es la gran torre, que se encuentra adosada al muro sur y ligeramente separada. En una de sus troneras permanecerá la campana de San Sebastián que tocará a “clamores”. Nos cuenta José de Miguel Martínez, en su libro “Velamazán, Villa de señorío, condado y marquesado”, que no será hasta 1826 cuando se desmonte el tejado de la nave; mientras que en 1937 se desmocha la torre, a la que aquí llaman “la torre ciega” y se baja la campana de clamores hasta la iglesia de Santa Cruz. Todas esas intervenciones contribuyeron a crear ese aspecto semirruinoso que muestra hoy, viéndose acrecentado por la intervención de 1946, en la que se desmontó la esquina suroeste por peligro de derrumbe.  Este mismo autor nos cuenta que tuvo dos puertas de acceso: una desde el interior de la iglesia, y otra, desde, el exterior, que todavía se intuye al lado de la portada, y que se tapiaron. Además su interior guarda una espectacular escalera de caracol. En nuestra visita observamos las troneras cegadas así como una estela medieval empotrada en el muro sur de la torre.
La tradición oral nos dice que la portada románica se subió desde la antigua románica de Santa Cruz, aunque bien podría haber formado parte de la antigua iglesia románica de San Sebastián. La portada se abre en el muro meridional y en el pasado se cubrió con un portalejo a un agua, como demuestra la roza de la torre. Se trata de una portada de buena factura con arco de medio punto, apoyado en una imposta de simple nacela, seguida hacia el exterior por una pequeña arquivolta de bisel, otra con un fuerte baquetón y una chambrana de nacela. La arquivolta de baquetón descansa sobre dos capiteles figurados. El de nuestra izquierda está decorado con dos aves, posiblemente gallináceas, que podrían ser dos sisones picoteando un tallo con hojas que aparece en el vértice; el de la derecha representa a dos aves que parecen picotear algo en el suelo, si bien una de ellas ha perdido la cabeza. Se ha dicho que son posibles arpías, pero bien podría tratarse de dos aves rapaces. Los cimacios de las dos cestas presentan una decoración dentada.


El resto del inmueble es obra ya gótica y se construye en mampostería excepto: esquinas, vanos, cornisa de la cabecera y muro de separación de cabecera y nave. La cabecera, al igual que las otras iglesias de Velamazán, es recta y ligeramente más estrecha que la nave. Al interior, el paso de la nave a la cabecera se soluciona con un gran arco de triunfo apuntado de buena calidad y con un muro de buena sillería, que recuerda a otros del entorno. La cabecera estuvo abovedada con una bóveda de crucería de ladrillo enfoscada con cal y arena, según vemos en el arranque de esta en la esquina sureste. Asimismo, destaca en este espacio un arco de medio punto de gran dovelaje, semienterrado en el muro norte. Se sabe que la nave estuvo cubierta en los últimos tiempos con una cubierta de madera, pero al menos conserva dos elementos que nos hacen creer que en su origen estuvo cubierta con una bóveda de crucería: en el rincón sureste de la nave todavía se ve el arranque de una bóveda de crucería, en este caso de piedra y la ménsula de la que partía y, en el muro septentrional, se distingue una gran columna embutida en el muro.

Al exterior, la cabecera conserva toda la cornisa y, en su unión con la nave, una articulación similar a la que se puede ver en la ermita de Nuestra Señora de la Dehesa; en este caso con una gran columna que vemos en el lado norte, mientras que en al sur aparece enmascarada con la torre adosada. Una grieta vertical en el muro este amenaza este espacio. Sería bueno, ahora que el viento sopla a favor de esta villa, que se consolidará “la torre ciega”, que se rehiciera la esquina suroeste y que se abriera al público esa vista de la que hoy no se puede disfrutar. Un estudio arqueológico de todo este espacio añadiría valor al pasado de la villa.


Con su vehículo Octavio nos lleva hasta la ermita de la Virgen de la Dehesa, a la que hace años acudían los “churriegos” en procesión en la noche de Viernes Santo, así como a misa durante el mes de mayo. El inmueble contó con casa de santero, de la que se conserva la caja de sus muros. Allí se encuentra esta ermitilla aprisionada entre campos de labor. Posee una bonita portada románica y un testero recto. La articulación entre la nave y la cabecera se soluciona con dos columnas, que ya vimos que copian años después en San Sebastián y que, por cierto, en su muro sur tiene tales desperfectos que podrían estar anunciando su derrumbe. Este inmueble fue intervenido magistralmente por el Proyecto Soria Románica, pero es conveniente seguir cuidándolo. Hoy solo algunas aves viven en su interior.

En nuestro regreso nos aventuramos en Barca, un pueblecito cuya iglesia advocada a Santa Cristina posee un precioso pórtico románico, con una esbelta torre y, en su plazoleta, su rollo de justicia. Esta torre, junto con la de Alentisque, se comunican visualmente con la torre blanca de Velamazán.

Una pareja mayor nos aborda con su paso lento. Se han cansado de Madrid y desde la pandemia viven en Barca. ¿Será este el futuro de nuestros pueblos?


BIBLIOGRAFÍA:

- BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

-  DE MIGUEL MARTÍNEZ, José (2017): “Velamazán, Villa de señorío, condado y marquesado”. Edita Diputación Provincial de Soria. Colección: Paisajes, lugares y gentes.

- ENRIQUEZ SALAMANCA, Cayetano (1998) “Rutas del románico en la provincia de Soria”. Edita Codex-Rom. Tudela.

- GOIG SOLER, Isabel. (2018): “Soria pueblo a pueblo”.

 http://soria-goig.com/Pueblos/pag_0583.htm (Consultado en febrero de 2024)

- HUERTA HUERTA, Pedro Luis (2002): “Velamazán. Iglesia de San Sebastián (cementerio viejo) Ermita de la Virgen de la Dehesa”, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. I. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1183-1186

- MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana." Madrid. Editora Nacional.

- MORENO MORENO, Miguel (2009): “La torre nueva de Velamazán”. Ochoa Impresores, Soria.

  

domingo, 4 de febrero de 2024

LA RUINA IMPARABLE DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL VALLEJO DE ALCOZAR

 

“Entre San Esteban y Langa la ribera se ensancha, ganando espacio para los cultivos
y para el lucimiento de su escolta vegetal. El Duero se despide de Soria por
estos pagos cidianos dejando a su derecha el lujo románico de Rejas
y la severidad del adobe con pies de enebro en Alcozar.”

Corazón de roble. Ernesto Escapa

A finales de septiembre visitamos Alcozar. El nombre de la localidad nos recuerda a otros como Alcorisa o Alcora, en fin, a pueblos con nombres árabes. El día amaneció soleado, radiante y agradable. Al entrar en el pueblo, muy cercano a Langa y justo al otro lado del Duero del despoblado de Castril, nos recibió un bien edificado lavadero. Un poco más adelante nos esperaba Mari Carmen Aparicio que resultó una anfitriona espectacular, capaz de rellenar toda la mañana, desde las nueve, con visitas constantes a los diversos lugares de interés del pueblo.

Alcozar se encuentra al oeste de Soria, a una hora aproximada en automóvil, se accede al pueblo por la N-122 o la A-11, dependiendo de tramos, hasta encontrar un cruce a la derecha antes de llegar a Langa de Duero. El lugar fue ocupado por Almanzor en 994, en la misma campaña que tomaba San Esteban de Gormaz o Clunia, y fue allí donde un año después fue derrotado el conde de Castilla García Fernández; derrota que le costó la vida. Durante el Antiguo Régimen estaba, parece ser, bajo jurisdicción eclesiástica. En el censo de Floridablanca, de 1787, se contabilizan 458 habitantes. En el siglo XIX, siendo municipio constitucional, como casi todos, alcanzó en 1887 los 600 habitantes de hecho; y ya en 1944, los 617, su máximo histórico. En la segunda mitad del siglo XX, tan catastrófico para las zonas rurales, perdió la categoría de municipio y se integró, a finales de la centuria, con poco más de 30 habitantes, en el municipio de Langa de Duero.

En las calles apenas pudimos ver a alguien, pero el pueblo, con sus casas, muchas de ellas construidas con adobe, apareció, limpio y aseado. Con Mari Carmen subimos hasta la ermita del Vallejo, y es que recibe su nombre por estar ubicada en un pequeño valle provocado por dos montículos. En uno de esos montículos se halla el torreón con su reloj, hoy eléctrico, que luce iluminado cuando la luz natural se esconde; en el otro, el de Macerón, se asienta alguna antena y desde él se domina todo el territorio.

Mari Carmen fue explicándonos prolijamente todo detalle de interés del pueblo, y no dejó de hacer referencia a Divina Aparicio, una de las almas de la asociación que ha conseguido la recuperación de muchos rincones de la localidad. Buena parte de los asociados viven fuera del pueblo: en Barcelona, Zaragoza, Madrid, Berlanga o San Esteban, como es el caso de la propia Mari Carmen y su hermano. Estos, vecinos de Barcelona, ya jubilados, buscan la mejor forma de volver a su tierra.

Visitamos la ermita de Nuestra Señora del Vallejo. Da pena. Según Patrimonio de la Junta de Castilla y León, el total de la inversión inicial fue de 298.668,47 euros, a lo que hay que sumar otros 52.000 euros para la consolidación de las ruinas y enterrar los restos óseos aparecidos durante la intervención. A pesar de estas intervenciones, aquello se cae. La antigua parroquial de San Esteban Protomártir se deshace como un azucarillo. La Asociación de Alcozar ha logrado incluir la ermita en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, pues el muro oriental de la sacristía ha sufrido un derrumbe, y lo que estuvo oculto (galería porticada y sacristía) y ahora a la intemperie, sufre un deterioro palpable.

Desde el interior del cementerio se puede ver lo que queda del ábside, posteado, pero herido de muerte por dos grandes grietas en sentido vertical. La cornisa de nacela decorada con bolas es sostenida por buenos canecillos. En el centro, la ventana absidal conserva el arco y sus cimacios, con dos capiteles irreconocibles, habiendo desaparecido sus columnas. En los cimacios podemos ver una tosca inscripción de difícil transcripción, en la creemos leer en el ubicado en el sur, ST PHANUM; mientras que en el del norte, PETRO DONO. En el centro del desordenado camposanto se halla la cruz de todas las ánimas, una cruz de madera vieja rodeada de flores, la cruz de menor valor material del cementerio, pero la más engalanada.

Quizás fue alrededor de 1965 cuando se abandonó la romería que el 3 de mayo, subía a la Virgen del Vallejo, momento que se aprovechaba para la bendición de campos. Subía desde su emplazamiento en la iglesia de San Esteban Protomártir hasta su ermita del Vallejo, en la que permanecería hasta el 12 de octubre, momento en el que volvía a la parroquia para pasar allí el invierno. La emigración provocó que se abandonara esta tradición. Desde entonces, la falta de mantenimiento de la iglesia de arriba fue crucial para llegar a la situación presente.

En 1985 Teógenes Ortego visitó el lugar y escribió para la Revista Celtiberia el artículo: “Alcozar, la iglesia de San Esteban ruina histórico-artística de la Villa” en el que describe la iglesia y su galería porticada, ya tapiada, sus pinturas murales, levantando una planta y advirtiendo del deterioro experimentado por la antigua parroquial desde su anterior visita, denunciando las condiciones en que se encontraba el inmueble, sin embargo, el pueblo no reaccionó.

La intervención del Proyecto Soria Románica dio luz a los restos de la antigua parroquial. Gracias a ellos sabemos bastante más de este puzle en que se ha convertido el inmueble románico. Se trataba de la parroquial de San Esteban Protomártir que lo fue hasta 1812 en que la advocación se intercambió con la ermita de abajo. La parroquia románica contó con una nave cubierta con techumbre de madera y una cabecera con presbiterio recto, cubierta con bóveda de cañón y un ábside semicircular cubierto con bóveda de horno. A los pies de la nave se levantó un bajo coro con bóveda de cañón en buena sillería, del que se conserva el riñón norte. En el costado norte, se adosó la escalera que daba acceso al campanario. Teógenes Ortego escribió que se trataba de un mausoleo que estaba protegido por una verja.

Adosado al muro norte y al occidental se levantó una galería porticada en “L”, que se tapió a partir de 1598 cuando la galería se integró en una nueva nave. Gracias a las últimas intervenciones podemos ver alguna evidencia de la galería occidental en la base de lo que fue la espadaña. En esta gran reforma se derribó el muro norte y se levantaron dos grandes arcos formeros, desapareciendo la portada románica y abriéndose una nueva, más acorde con los gustos de la época, y perdiéndose varios arcos de la galería. De la portada románica se reutilizó el arco de ingreso y las jambas en la vieja casa rectoral, sita en la plaza García Fernández, desapareciendo el resto. Cuando la vivienda se arruinó, el pueblo se movilizó e impidió su salida hacia San Esteban de Gormaz, y en 2005 se volvió a remontar. Así nos lo explicó Antonio, el amable alcalde. Los restos de esta portada, a la que le faltan las arquivoltas, entroncan con las iglesias cercanas de la Virgen de las Lagunas, Bocigas de Perales, Rejas de San Esteban e, incluso, las iglesias de San Esteban de Gormaz.

Al exterior se ven los restos de las chambranas de la galería y un gran canecillo que representa una cabeza humana de rasgos “negroides”, así como la salida de agua sucia del aguamanil de la sacristía. Al retirar el alfarje de la sacristía, aparecieron varios canecillos entre los que podemos destacar el que representa una escena de lucha o de danza, y el que, casi oculto por el muro de la sacristía, representa un tañedor de albogue, tocado con larga túnica, ceñida con cinturón y decorada con lunares.

En ese mismo cerro Macerón que sostiene a la ermita y en de la Torre del Reloj, están excavadas las bodegas y las lagaretas. En la falda del cerro nos encontramos con el lagar comunal en el que se pesaba y prensaba la uva, y, posteriormente, se trasladaba el mosto a las bodegas. Desde estos montículos se puede contemplar un paisaje precioso, con una hondonada en la que se aprecian las tierras de labor, salpicadas por alguna viña y unas laderas revestidas de zona boscosa. Alcanza la vista hasta el Duero y hacia esa zona de regadío comunal, que llaman “la vega”, zona que los vecinos de Alcozar temen perder en favor de Langa, municipio al que pertenecen.

Cuando bajamos hasta el pueblo perdemos las cobertura del móvil. Parece ser, a pesar del aburrido y machacón mensaje de los políticos, que solo llega a los que no las necesitan: los muertos del cementerio.

Mari Carmen nos enseñó las escuelas, un edificio de tres plantas, en la antigua Casa de Villa, con un museo que recrea una casa rural antigua y una escuela de los años sesenta. El inmueble fue casa del secretario, del maestro y de la maestra, también secretaría. También tenía el pueblo una casa del médico y del cura.

En la plaza porticada y desigual, pues hay zonas nuevas y otras muy viejas, destaca el frontón y el “Fuerte” edificio comunal, sin que sepamos su verdadera función.

Visitamos también otros lugares como el lagar comunal, un lugar ideal para que nuestros jóvenes aprendieran las formas en que se elaboraba antiguamente el vino; la herrería y el museo textil en el lavadero, donde se puede hacer un recorrido por el utillaje y herramientas textiles y agrícolas. Todo estupendamente montado. Pero nos preguntamos: y si no llega a estar Mari Carmen, ¿cómo vemos todo? La Diputación Provincial, si es provincial, ¿no debería ser consciente de esto y además de mantenerlo, hacer lo posible por enseñarlo? ¿No es posible diseñar una serie de rutas turísticas que, saliendo de la capital, como se hace en otras provincias, recorra diferentes pueblos de interés y que no sean a los que todo el mundo va, recuperando así bienes de interés y dinamizando esos pueblos y su economía?

Mientras escribimos estas líneas, la antigua iglesia parroquial, sufre las inclemencias del tiempo: el posteado, las pinturas murales, las decoraciones escultóricas y demás restos que yacen a la intemperie se van integrando en el valle. La Asociación Alcozar y el Alcalde luchan por que esta ermita se proteja con una nueva techumbre y se lamentan de haber cedido el inmueble a la Diócesis de Osma-Soria.


BIBLIOGRAFÍA:

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- WEB Historia de Alcozar: http://www.alcozar.net/historia/