domingo, 23 de mayo de 2021

LAS RUINAS DE SANTA EULALIA DE  VILLABUENA, UNA PUERTA CON HISTORIA

“El viajero ve cómo las manchas blancas van haciéndose cada vez más grandes. 
No hay nada que anunciar, se siente perdido en un pozo de siglos, 
acosado por ruinas”
Desvío a Santiago. Cees Nooteboom








Ilustración realizada por Pablo Gutiérrez, basada en una fotografía que Clemente Sáenz Ridruejo hiciera en 1986 para la Revista Celtiberia.


Resultó profético Clemente Sáenz Ridruejo cuando en 1986, tras fotografiar la ermita de Santa Eulalia y dejarnos esa imagen como testigo, anunció que si nada se hacía en ella, pronto se arruinaría la techumbre del ábside y se convertiría en un majano. Tenía razón, la ruina avanza hacia un majano.
Olvidada entre zonas de cultivo y alejada de toda vía de comunicación, esconde sus restos esta austera ermita. No resulta fácil dar con ella. Se halla a unos 15 kilómetros al suroeste de Soria. Hay que desplazarse por Carbonera a Villabuena y, desde allí, acertar con el camino de concentración asfaltado que une esta población con Camparañón, transitarlo, y a unos 2,5 kilómetros, donde se separan, o unen, los términos de ambas poblaciones; aunque en el término de Villabuena, un tanto alejada del camino, se encuentra la ermita de Santa Eulalia u Olalla, a la que, al parecer, en la zona se la conoce como la Santa. Y la Santa, Santa Eulalia, fue una mártir de Emérita Augusta, actual Mérida, a la quien su fe cristiana condujo a la muerte. Eulalia significa “la bien hablada”. En tiempos de Diocleciano, se dictó una orden según la cual no se podía adorar a Jesucristo; esta muchacha, de familia patricia, de tan sólo doce años, defendió ante las autoridades su derecho a hacerlo y este fue el motivo de su martirio. Más de seiscientos lugares de España y Portugal llevan este nombre con sus variantes, y hasta este páramo perdido llegó la devoción a esta figura, posiblemente copiando la versión que de ella se tiene en Cataluña.
Villabuena y Camparañón se encuentran al Sur de los Altos de Zorraquín y al Norte de la Sierra de Inodejo. El nombre de Camparañón es prerromano y su significado podría ser el de campo de arañones o endrinas. Sin embargo, la primera evidencia de que allí hubo una población es del siglo XIII. Llegó a rondar los 200 habitantes en el siglo XIX. Villabuena debió tener una población parecida. En el siglo XIX ambas localidades se constituyeron en municipios constitucionales y, tras pasar por los períodos dictatoriales de Primo de Rivera y Franco, a finales del siglo XX, se integraron en el municipio de Golmayo, ya con una población disminuida a 33 personas, en el caso de Camparañón y 46 para el de Villabuena.
El edificio fue en su día la iglesia parroquial de un poblado conquistado por los cristianos y asentado en la margen derecha del arroyo Chorrón, en una ladera meridional y protegido de los vientos gélidos. Este territorio, en el que no abundan las gentes, es líder provincial en despoblados medievales. Quizás por este motivo los investigadores no se han puesto de acuerdo a qué despoblado protegió con sus rezos la parroquia de Santa Eulalia, aunque nuestra preferencia se incline por el de La Velilla. De todas formas, la ermita de Santa Eulalia es la que es. Del poblado sólo quedan montones de piedras esparcidas, testigos mudos de la vida que un día floreció en el lugar, y que ayudan a imaginar un poblado de unas veinte casas presididas por esa pequeña iglesia con advocación a Santa Eulalia. Todavía hoy, con algo de imaginación, podemos reconstruir una calle principal, que saliendo desde la orilla del arroyo, pasaba al lado de la iglesia y abandonaba el pueblo en dirección norte.

Dominando el lugar se levanta esta pequeña ermita románica, que estaba precedida de un atrio con muro de mampostería menuda, con acceso a través de lo que parece una pequeña rampa, que hoy todavía podemos intuir. El edificio fue construido en hiladas de mampostería menuda y mucho mortero, con esquinas reforzadas con sillares. La iglesia, típico ejemplo del románico rural soriano, es de una única nave, cubierta con techumbre de madera, un presbiterio recto, y un ábside poligonal, obra del último gótico. Esta cabecera ya se ha abierto al cielo, y el resto, si nada se hace, pronto lo hará, pues su estado es de ruina inminente. La separación entre la nave y la cabecera está presidida por un arco triunfal, también reformado y en el que se han reutilizado sillares del primitivo románico, así como las antiguas impostas. El arco tan cerrado, como muchos que vemos en la comarca, crea la sensación de iconostasio. La pequeña ventana de aspillera, abierta en el muro meridional del presbiterio, parece también deudora de los materiales románicos. En el ábside todavía podemos ver, si bien oculto por las ruinas de la techumbre, el arranque de lo que fue el altar de obra, que estuvo presidido por un pequeño retablito en el que reinaba la Santa y que hoy se aloja y cubre, de momento, en la ermita del Santo Cristo del Amparo o del Barronava.

Sólo dos ventanitas iluminaban el interior: la aspillera del presbiterio y la adintelada del muro de poniente, que está alineada con el ábside para que el creyente pudiera orar viendo la imagen de la Santa. Por ella, y con ayuda de una escalera, los niños, pues entonces los había, se colaban a jugar con la Santa, y encontraban en su interior un lugar aseado, limpio, con libros, con retablos y una gran pila bautismal. 
La portada se abre en el muro sur con arco de medio punto doblado y liso, apoyado sobre una imposta con jambas de arenisca escalonadas que sirvieron a los lugareños para el afilado de navajas y cuchillos. Antaño estuvo protegida por un portalillo, hoy arruinado, cubierto a dos aguas, con muros de piedra y madera. En él se protegían pastores y labradores cuando el cielo los sorprendía con alguna tormenta. En la puerta, que todavía se conserva, se pueden leer los nombres de quienes quisieron inmortalizar, de alguna manera, su humilde presencia en el austero edificio. Historias de personas del siglo XX han quedado grabadas en su madera, y han convertido la puerta en patrimonio histórico de Villabuena.

Al exterior, la nave conserva su cornisa achaflanada original, sustentada por canecillos simples y otros de curiosa decoración; de ellos destacamos el que representa una máscara humana con cuernos, otros con cruces incisas y numerosos en forma de falos, que hacen de esta ermita uno de los enclaves a visitar dentro de una posible ruta del románico erótico en Soria, acompañando a las localidades de Ágreda, Ágreda, Ledesma, Tozalmoro, Villaciervitos, Concatedral de Soria, Boos, etc. Sin embargo, en el testero tardo gótico se optó por una cornisa lisa en caveto sin la sujeción de los canes.

Todavía hay quien recuerda en Villabuena acudir a la ermita en procesión en la celebración de festividades y algunas familias, continuando la tradición, siguieron, durante un tiempo, bautizando allí a sus vástagos. Hoy es imposible, la pila bautismal románica que presidió esos bautizos se esconde en la ermita del Santo Cristo del Amparo, y anda, la pobre, muy deteriorada por el paso del tiempo, y el poco tiempo que a cuidarla le han dedicado.

Las fotografías aéreas de 1956-57, así como las de la Fototeca Digital nos ilustran del progresivo abandono del lugar. Poco a poco el cometido de esta iglesia ha ido rebajando su categoría hasta llegar en algún momento a ser majada, y hoy, ni eso.
Desde estas líneas, queremos dar luz a la situación de abandono en la que se encuentran las ermitas de la Santa y del Santo Cristo del Barronava; las dos precisan de una intervención. En la del Santo, la última reparación se realizó por hacendera en 1973 (para entonces ya custodiaba la pila románica y el retablo de Santa Eulalia) y hoy, casi cincuenta años después, necesita una rehabilitación para poder conservar la techumbre y que no corra la misma suerte que la de San Bartolomé.​ 




BIBLIOGRAFÍA:


- Álvarez García, C. "Trabajo inédito sobre despoblados sorianos, años 1985-1992. Caja 30210." Archivo Histórico Provincial de Soria.

- Martínez Díez, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana." Madrid. Editora Nacional

- Martínez Montañés, J.M. (2002): Villabuena. Ruinas de la iglesia de Sants Eulalia, en Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, vol. II. M.Á. García Guinea y José M.ª Pérez González (dirs.), Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, pp. 1215-1224.

- Sáenz Ridruejo, C. (1988): "La ermita de Santa Eulalia en Villabuena (Soria)." Revista Celtiberia, pp.127-132.

lunes, 12 de abril de 2021

Confusión en el expolio de San Miguel de Parapescuez

 




Mentiras en el expolio de San Miguel de Parapescuez.

                                          “Nadie ha visitado nunca estos lugares con esos extraños nombres.”

Desvío a Santiago. Cees Nooteboom

Ya el nombre, tan extraño, despierta la curiosidad. Los restos de la ermita de San Miguel de Parapescuez en el despoblado de Parapescuezos o Parapescuez, se encuentra justo donde lindan las tierras de La Cuenca y Aldehuela de Calatañazor, y el suyo es uno de los casos más llamativos de lo acontecido a las desdichadas iglesias románicas rurales de la provincia de Soria.

Las dos poblaciones se encuentran al Sur de la Sierra de Cabrejas. La Cuenca está integrada en el ayuntamiento de Golmayo y ocupa una ladera sur de un montículo, abrazado por tierras de labor y dehesas de sabinas. Sólo el cementerio, con sus pobladores ya insensibles, recibe el acoso ventisquero del Norte. Aldehuela de Calatañazor se integra en el ayuntamiento de Calatañazor y prefirió un asentamiento más llano, unido por un paseo encantador al río Milanos. Ambas localidades mantienen a una escasa población que cuida afanosamente sus limpias calles, y constituyen uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura tradicional, en la que destacan sus chimeneas pinariegas, los entramados de madera de sabina y los cuajados de piedra, ladrillo, adobe, tapial y encestados o zarzos. No en vano La Cuenca fue el primer BIC de Castilla y León en la categoría de “Conjunto Etnológico”.

Para llegar a ellos hay que dirigir nuestro vehículo por la carretera 122 hacia el Oeste; es decir hacia el Burgo de Osma, por esa carretera que aspira a ser, algún día, autovía. Desviándonos a la derecha encontramos, a unos veinte minutos, la localidad de La Cuenca. Desde allí, por un camino paralelo al río Milanos, en dirección a Aldehuela de Calatañazor, localizamos lo que en su día fue un asentamiento, una aldea, de la que conocemos muy poco. Aparecen ante nuestra vista montones de piedras dispersos entre sabinas y enebros. Esos montones de piedras son restos de muros de viviendas y corrales que, poco a poco, han ido desapareciendo para convertirse en lo que son hoy. Pero de una edificación junto al camino todavía se conserva parte de los muros norte y occidental, si bien podemos imaginar fácilmente lo que fue la planta del inmueble. Esos muros, que se mantienen erguidos en un último suspiro, formaron parte de lo que fue la ermita de San Miguel de Parapescuez, compartida por las dos poblaciones ya mencionadas.

Pero, ¿qué pasó con esta ermita? La primera vez que leímos algo sobre el expolio de San Miguel lo hicimos en la segunda edición de “El románico en la provincia de Soria” de Cayetano Enríquez de Salamanca. Aparece en esta obra una verdad a medias cuando se afirma que los “vecinos vendieron la ermita”. Después vendrían los artículos de Gonzalo Santonja, José Miguel Lorenzo, Sergio Tierno, Marián Arlegui y, el más documentado, de Juan Antonio Gómez Barrera. A pesar de ello, no es gratuito recuperar la desafortunada historia de esta ermita una vez más, para poner un ejemplo de lo que sucede cuando el olvido cubre con su manto nuestros bienes monumentales.

La bisabuela de Sofía Calvo, que había nacido en 1900 en La Cuenca, todavía avivaba el recuerdo de la actividad de la ermita cuando contaba a su hija que el 8 de mayo, día de San Miguel, los vecinos de Aldehuela y La Cuenca se reunían en torno a ella para celebrar eucaristía y compartir viandas. Según cuentan, en el interior de la ermita, existía un mojón que separaba el espacio en dos partes: la nave para Aldehuela y el ábside para La Cuenca. Las asociaciones de las dos localidades recuperaron esta convivencia entre los años 2009 y 2015. En la década de los 30, ya no se celebraba allí actividad religiosa alguna, pero la ermita, con su bella portada, se encontraba intacta. En tiempos de la abuela de Sofía Calvo, en los años 40, los olvidos fueron tejiendo sus redes. Ella recordaba, de sus años de pastoreo, ver la ermita en pie; recordaba sus hermosas piedras y el bello arco de la entrada; sin embargo, el santo, la imagen de San Miguel, ya no estaba. Aunque la ermita tenía puerta, en verano, cuando el calor apretaba, llovía, o alguna tormenta amenazaba, ovejas y pastores convertían la ermita en majada y sus piedras en un Dios protector.

Juan Antonio Gaya Nuño la conoció entera, aunque ya únicamente se utilizaba como majada para alojar al ganado. Según Gómez Barrera, Gaya Nuño supo de esta ermita por Blas Taracena, quien le prestó información, una fotografía del arco de triunfo y unos bocetos de la planta. Gaya Nuño la puso en valor, al considerarla como “uno de los monumentos más importantes del románico soriano”, e incluso llegó a datarla en el primer cuarto del siglo XII, algo que P. L. Huerta lleva al tránsito entre el siglo XII y XIII. En los años 1956-1957 fue fotografiada por un vuelo americano serie B, y en esa fotografía la ermita no está en situación de ruina inminente, excusa que se utilizó para su venta.


En las actas de la Comisión Provincial de Monumentos, que se custodian en el Archivo Histórico Provincial de Soria, podemos seguir las vicisitudes de esta ermita en tan solo cuatro actos, cuatro sesiones, que transcurren entre el 22 de mayo de 1962 y el 26 de julio de 1963, en las que la ermita de San Miguel, de manera sorpresiva, se convierte en protagonista de las reuniones. Desde entonces silencio.

ACTAS DE COMISIÓN PROVINCIAL DE MONUMENTOS DE SORIA

ASUNTO: San Miguel de Parapescuez

25 de mayo de 1962

[…] A continuación, el Exmo. Sr. Gobernador Civil da lectura a una comunicación de la Dirección General de Bellas Artes en la que se da cuenta a esta Comisión, por su conducto, de las noticias recibidas en aquel organismo ministerial, sobre la supuesta venta por el Obispado, a un particular bilbaíno; de la ermita románica situada en el despoblado de San Miguel de Parapescuez, en el término de La Cuenca.

El Iltmo. Sr. Abad de la Colegiata, puntualiza la sucesión de los hechos referidos al particular y, partiendo de la lectura de un informe personal, presentado en su día al Sr. Obispo de la Diócesis, sobre el valor histórico y artístico de la citada ermita, así como de su estado de conservación, en el que fija, además de las soluciones viables en caso de restauración, traslado o venta, se pasa a examinar cada uno de estos extremos. El Exmo. Sr. Gobernador Civil, recoge el sentir unánime de la Comisión Provincial de Monumentos, de realizar la gestión oportuna en la medida procedente, para evitar la venta de San Miguel de Parapescuez a un particular extraprovincial, y en el caso que sea aconsejable su derribo o traslado, sea dedicada, con sus características y estilo, a enriquecer las nuevas iglesias proyectadas en la capital o en otros pueblos de la Diócesis, con lo que quedarían cubiertas necesidades evidentes sin mermar del Patrimonio Artístico Provincial.

Tras nuevas deliberaciones, se llega al acuerdo de que, por la representación en esta Diputación Provincial y de Ayuntamiento de Soria, se informe a sus respectivos organismos sobre este acuerdo, con el objeto de llegar a una inteligencia con el Señor Obispo para que sea este compensado económicamente, en la cuantía que proceda, por la cesión de los materiales más nobles y de los elementos artísticos más estimables, a juicio de la Comisión, para darles un destino adecuado, dentro de las necesidades provinciales.

De este acuerdo se dará cuenta a los citados organismos por sus representantes, quienes, en su día, procede informen de sus resoluciones a esta Comisión de Monumentos, para, a su vez, trasladarlos a la Dirección General de Bellas Artes. […]

11 de octubre de 1962

[…] En relación con la ermita románica de San Miguel de Parapescuez, del término de La Cuenca, en trámites de enajenación por el Obispado y de cuyo asunto se trató ampliamente en la anterior sesión, se lee una información presentada por D. Segundo Jimeno; Abad de la I. Concatedral, en la que hace una breve exposición del estado actual de dicha ermita; de la carencia de medios para restaurarla y conservarla in situ, encareciendo se den facilidades de venta al Obispado, ya que existe la posibilidad de que sea trasladada y dedicada al culto en otra provincia española. Por ello ante las dificultades de los organismos provinciales, Diputación y Ayuntamiento, que si en principio estaban dispuestos a indemnizar al Obispado en la cuantía prudencial para que esta notable ermita quedara dedicada al culto dentro de nuestra provincia, manifiestan actualmente sus reservas ante una decidida adquisición de la misma, por la elevada cifra fijada que entienden no compensaría su futura aplicación. […]

25 de abril de 1963

[…] El Presidente efectivo Señor Cabrerizo informa sobre la visita conjunta realizada con el Arquitecto Conservador del Patrimonio Artístico Nacional, Señor Arenillas a la ermita románica de San Miguel, de La Cuenca, para cumplir instrucciones de la Dirección General de Bellas Artes, respeto a su situación; estado de conservación, valor arquitectónico y artístico, y de cuya visita emitieron el informe correspondiente. Para conocer el estado actual de la pretendida enajenación de la citada ermita se delega en los vocales Srs. Sala de Pablo y Ortego para recabar la oportuna información al efecto.

26 de julio de 1963

[…] Ante la situación que se encuentra el trámite de enajenación de la ermita de San Miguel de Parapescuez, en el término de La Cuenca, según información facilitada por el vocal, D. Segundo Jimeno, en representación del Obispado de la que se deduce está autorizada la venta por parte de la Dirección General de Bellas Artes, lo cual parece corroborarse por la correspondencia cruzada entre el Gobernador Civil, Presidente y dicha Dirección General, se estima procedente recabar de este organismo un documento justificativo de la mencionada autorización para que obre en el Archivo de las Juntas. […]

En estas sesiones, uno de sus vocales, D. Segundo Jimeno, Abad de la Concatedral de San Pedro, jugaba con ventaja y siempre iba un paso por delante de la Comisión. Así cuando el Gobernador Civil comunicó las noticias recibidas de la Dirección General de Bellas Artes sobre la supuesta venta por parte del Obispado de la citada ermita, él ya tenía la respuesta y exponía las tres posibilidades para el futuro de la ermita. Esa ventaja le llevaría a exponer en la sesión de 11 de octubre de 1962 que se dieran facilidades de venta al Obispado, ya que existía la posibilidad de que fuera trasladada y dedicada al culto en otra provincia española. Éste sería el argumento esgrimido en 1964 en la prensa nacional (ABC,) y local (Campo Soriano) para justificar el expolio de San Miguel y, de paso, lavar conciencias. Sin embargo, la Gaceta del Norte nos dice que se iba a convertir en Museo de Arte Contemporáneo. Este artículo periodístico nos ha llegado gracias a las gestiones de Juan Antonio Gómez Barrera, al que se lo pasó Josemi Lorenzo Arribas que ya lo había presentado en su librito "Románico romántico" y que también podemos leer en esta entrada: https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/abril_14/07042014_01.htm, gracias a el hemos podido añadir algo de luz a este enigma.

Será precisamente la Gaceta del Norte la que nos informe con más detalle de este expolio, si bien en el dibujo que ilustra el mismo se dibuja un ábside con dos pequeños templetes a sus lados, al estilo de los que podemos ver en Fuentelfresno o Montenegro de Cameros, no como el que se trasladó a tierras cantábricas. En su artículo de 26 de febrero de 1964, Requena, ensalza la figura de don Vicente Elosua Miquelarena como salvador de una joya románica del primer cuarto del siglo XII, que se encontraba a punto de desaparecer. Sostiene que el traslado se ha hecho con todas garantías y que además supondrá la reconstrucción inmediata.

Al parecer en enero de 1964 ya estaban casi todos elementos en Ciérvana, para lo cual se tuvieron que realizar más de treinta o cuarenta viajes de camiones. También nos informa que se tuvo que hacer una carretera de unos dos kilómetros para llegar a ella, intuimos que sería el camino que va desde Aldehuela hasta Parapescuez. Este artículo nos aporta un detalle que no había aportado Gaya Nuño en su obra sobre El románico en la Provincia de Soria, al señalar que los tres jinetes que aparecen encima del arco de triunfo que comunicaba el ábside con la nave son guiados por, “una especie de margarita en relieve figura como estrella que lleva hasta Belén.”

En la sesión del 23 de abril, el presidente efectivo de la Comisión, Sr. Cabrerizo informaba de su visita en compañía del Arquitecto Conservador del Patrimonio Artístico Nacional, D. Anselmo Arenillas Álvarez, a la ermita románica de San Miguel de La Cuenca. Sin embargo, nada sabemos de ese informe. Y en la misma sesión se delegaba en los vocales Sala de Pablo y Ortego para recabar más información. Sorprende la lentitud de la Comisión, especialmente si la comparamos con su acción en el caso del expolio de San Baudelio. El dislate se confirmaba en la sesión de 26 de julio de 1963, cuando se proponía que la Comisión creara un documento justificativo de la autorización de enajenación de la ermita. D. Saturnino Rubio Montiel, obispo de la Diócesis Osma-Soria conseguía expoliar su propio patrimonio y el de los sorianos a cambio de diez mil duros.

La ermita fue adquirida por el empresario vizcaíno Vicente Elosua Miquelarena dedicado, entre otras cosas, al negocio de la minería, para remontarla en Ciérvana (Vizcaya), en una finca mirando al Cantábrico. Sin embargo, todo parece indicar que nunca se remontó la ermita y que la sillería permanece arrumbada en algún lugar de la finca.

Sobre una terraza del río Milanos se apiñaba, alrededor de su parroquial, el pueblo de Parapescuezos. Lo que hoy identificamos con montones de piedras fueron viviendas, tainas y calles. En estos últimos 70 años, las sabinas y enebros han ido colonizando el espacio, al igual que el solado de la ermita. Pronto, si no se consolidan estas ruinas, serán un montón de piedras más. Hoy una cruz, clavada al lado del ábside por Montes de Socios y con un moderno código QR, nos informa del lugar.

La ermita románica poseía una única nave, con una cabecera cuadrangular, levantada en mampostería, excepto el muro meridional, en el que abría la portada, que era de sillería. La cubierta de la nave a dos aguas era de madera de sabina y la cabecera se cubría con bóveda de cañón. Era curioso el arco triunfal que separaba estas dos partes de la ermita, muy parecido al de Nafría la Llana. Encima del arco aparecen tres oferentes que se han identificado con los Reyes Magos. La entrada estaba en el muro sur con cinco arquivoltas. La sillería, dovelas, canes y arquivoltas se desmontaron y se trasladaron en camión hasta Ciérvana, y piedras tan secas como las sorianas se ofrecieron a la humedad del Cantábrico. San Miguel, tan experto en sus luchas contra el mal, no pudo en esta ocasión con tan poderoso enemigo.
Llegados hasta aquí, hablemos de futuro. Ya hemos visto el pasado de estos últimos 60 años. A través de las fotografías aéreas, que se pueden consultar en la fototeca digital, percibimos como desde 1973, diez años después del expolio, hasta las últimas ortofotos, el paisaje ha engullido el despoblado de Parapescuez y, está a punto de hacer lo mismo con los restos de la ermita. Es el momento de estudiar estos despojos, excavar solado y perímetro y consolidar los muros, para que las generaciones venideras conozcan lo que allí pasó.

El destino de los nobles sillares que llegaron hasta el Cantábrico no han corrido mejor suerte a los despojos que se quedaron sobre la terraza del río Milanos. Si bien la reconstrucción se inició con bastante celeridad, por motivos que desconocemos el remonte de la ermita se paralizó. Así en estas imágenes del Comparador de PNOA vemos como se encontraban las obras, ya paralizadas en 1973; vemos la planta de la ermita con su nave y ábside rectangular. En la ortofoto del PNOA de 2014, apenas podemos distinguir la planta, engullida por la vitalidad de la vegetación. Pero si vemos la imagen de 2017 o del 2020, la planta ya ha sido dominada totalmente por el arbolado. Paradójicamente, lo que el obispado de Osma-Soria quería evitar en la margen derecha del río Milanos, se ha cumplido a orillas del Cantábrico, es decir la ruina. Quien sabe si al final San Miguel, tan experto en sus luchas contra el mal, ha vencido, pues de una u otra forma está esperando a que los sillares vuelvan a su tierra y así recomponer este rompecabezas que tanto daño ha hecho.

El entorno es perfecto para realizar un área de esparcimiento y descanso de senderistas y viajeros; además podría servir para recuperar esa romería que realizaban los habitantes de Aldehuela de Calatañazor y La Cuenca el día de San Miguel (8 de mayo) y que en los últimos años habían pasado a un fin de semana de agosto.  Hoy nuestra obligación como ciudadanos es defender y proteger el PATRIMONIO que ha llegado hasta nosotros, si además podemos recuperar algo, "miel sobre hojuelas".    

BIBLIOGRAFÍA:

- ENRÍQUEZ SALAMANCA, C. (1983): "Rutas del románico en la provincia de Soria" Navarra.

- GAYA NUÑO, J.A. (1946): "El románico en la provincia de Soria". Madrid, Editorial CSIC

- LORENZO ARRIBAS, J. (2019): "ROMÁNICO ROMÁNTICO. Apuntes de la provincia de Soria." Soria. Millán y Las Heras.

- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura castellana." Madrid. Editora Nacional

- VV.AA. (2002) Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria. Aguilar de Campoo. Fundación Santa María la Real.  

- VV.AA Actas de la Comisión de Monumentos de la Provincia de Soria. 1964. Archivo Histórico Provincial de Soria.




viernes, 12 de marzo de 2021

El cielo como techumbre. San Bartolomé de La Barbolla. Soria.

    Era una mañana fría, como suelen ser las mañanas de noviembre en Soria. Blas Gonzalo, que ya en 2014 y 2019 había denunciado en su página de Facebook un derrumbe en el muro norte de la parroquial, nos había ofrecido la posibilidad de visitar la iglesia de La Barbolla. Blas se ha convertido en un experto en visitar y fotografiar despoblados y soledades y en dejar plasmado en su página de Facebook esas sensaciones que solo da el silencio y el olvido. Estaremos acompañados de Cándido, otro apasionado de los despoblados y del joven Marcos, con antepasados en la comarca, preocupado y al que le duele la situación de abandono de estos pueblos y sus monumentos.

Nos cuenta Gonzalo Martínez Díez que el lugar perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Calatañazor, Comunidad que permaneció inalterable hasta el siglo XIX. La parroquial se asienta sobre una pequeña loma al sur de la localidad. En la actualidad La Barbolla es un despoblado dependiente de Quintana Redonda. Según leemos en el blog: Los pueblos deshabitados de Faustino Calderón el lugar de despobló en 1996 cuando el último matrimonio marchó a Soria. A pesar de la ruina generalizada hay alguna vivienda en buen estado, así como alguna nave agrícola. Al menos el cementerio se ve cuidado.

La pequeña iglesia es un claro ejemplo del románico rural, abrazada al sur por un atrio que resiste con dignidad el paso del tiempo, con algún pequeño desprendimiento en el muro de mampostería y con césped natural. A simple vista y mirando desde el sureste todo está en su sitio. Una iglesia románica con ábside semicircular, presbiterio recto, espadaña a poniente y portada cubierta con portalillo al Sur. En el lado meridional del ábside, yace arrumbada una lauda sepulcral, de la que ya se ocupó Jaime Nuño González en el Catálogo Exposición “Soria Románica. El Arte Románico en la Diócesis de Osma-Soria” de 2001, así como una pequeña huesera (presbiterio sur) rematada con elementos del antiguo tejaroz.

Este zócalo de mampostería lo vemos en la sacristía y a lo largo del muro norte de la nave. El inmueble se ejecutó en mampostería con sillares en los esquinales. Para salvar el desnivel, el ábside se asienta sobre un zócalo de mampostería sobre el que se superpone una hilada de sillería, no nivelada, rematada con bocel, que aparentemente se prolonga por el tramo del presbiterio, pues la huesera por el lado meridional y la sacristía por el lado Norte nos impide ver. El muro absidal es fuerte y en el centro observamos una pequeña aspillera, que iluminó el recinto hasta que se decidió instalar el retablo barroco, por lo que se tuvo que abrir una nueva ventana, en este caso adintelada, en el lado meridional de ábside, que es la que hoy vemos. El presbiterio recto y ligeramente más ancho que el ábside, al igual que este se remata con una cornisa achaflanada sostenida por canecillos, entre los que podemos destacar alguno con cabezas humanas. Precisamente esta decoración se va a repetir en algunos otros lugares de la iglesia. La nave es ligeramente más alta y más ancha que la cabecera, habiendo perdido la cornisa, que hoy se nos muestra con un simple alero de tejas. En el sector occidental se abrió una ventana adintelada.

En el muro norte del templo, vemos la sacristía, con el tejado hundido, un árbol ha arraigado sobre los escombros, sobresaliendo por encima de lo que resta de tejado. Además, y lo que es más peligroso para la iglesia, al menos desde el 2014 se están produciendo derrumbes en esta parte de la nave, lo que está amenazando la solidez del inmueble.

En el muro meridional se abre la portada en un cuerpo avanzado de sillería, asentada sobre un podio abocinado sobre el que se asientan columnas y pilastras que acogen las cinco arquivoltas, protegidas por una chambrana. Toda la portada se cubrió con una gruesa capa de cal, capa que a duras penas nos deja ver la decoración de las arquivoltas. En el arco de ingreso dos dovelas ejercen la misión de clave, decorándose la más oriental con un crismón. Las columnillas exteriores son de madera, entendemos que el deterioro de las originales provocó la utilización de este material que se cubrió con una capa de cal y arena.


La decoración es simple, pudiendo destacar la decoración de la arquivolta más externa en la que aparecen bolas y caras. En la chambrana exterior una cara enigmática mira el entorno. Esta portada estuvo protegida por un tejaroz, hoy desaparecido, cumpliendo la misma misión el soportalillo a tres aguas, tan típico en estas latitudes. En estos últimos años este tejado se ha deteriorado tanto, que ha dejado de cumplir la función para la que se construyó.

En el muro de poniente, que también contó con una pequeña ventana adintelada, hoy tapiada, vemos la espadaña que se estrecha en altura y se remata con bolas. Se abren dos troneras para las campanas, en la actualidad con serio peligro de derrumbe, rematándose el conjunto con decoración de bola, veleta y cruz.

Accedemos al interior a través de dos escalones de piedra, en los que seguramente se reutilizaron sillares del tejaroz o de la cornisa de la nave. Al entrar nos damos de frente con la desolación, en un rincón yacen arrumbados los pendones y un estandarte, que lucieron en las procesiones y rogativas del Cristo de la Piedad y de la Virgen del Rosario. La cubierta se hace a dos aguas con estructura de madera, hoy seriamente dañada. Podemos decir que los huecos del tejado iluminan más el espacio que las ventanas, los retablos ya sin imágenes amenazan con derrumbarse. Todo el espacio aparece fuertemente encalado, excepto el zócalo que está pintado de color azul, que nos recuerda el poema “Azul de azules” de Gerardo Diego. El ábside se cubre con bóveda de horno ligeramente apuntada y el presbiterio con bóveda de cañón apuntada, apoyadas ambas en una imposta achaflanada. En el lado norte del presbiterio se abre la sacristía, en la actualidad sin cubierta, los escombros bloquean la puerta y nos impide el acceso.


El arco de triunfo es muy cerrado como el de San Miguel de Parapescuez o el de Nafría Lallana. Se desarrolla con un doble arco de medio punto con chambrana exterior que se decora con bezantes, caras y motivos vegetales. El arco de ingreso se apoya sobre un cimacio de chaflán que se prolonga por el muro de la nave y dos columnas adosadas sobre podio, con capiteles decorados el del lado de Evangelio con cesta vegetal y el de la Epístola con dos grifos o dragones afrentados con las cabezas hacia abajo. El solado se cubre con una tarima de trama rectangular que sin duda tuvo una función cementerial.

A los pies de la iglesia dos pequeños habitáculos sobre los que se asienta un coro sencillo y la subida al campanario. En uno de los habitáculos encontramos una pila románica de gallones cóncavos y cenefa vegetal apoyada sobre columna y sobre una escalinata circular de doble peldaño.

En el interior el viajero contempla tres retablos barrocos, despojados de sus imágenes, éstas se llevaron a Burgo de Osma y al menos dos tallas se reutilizaron en la nueva Iglesia de Santa Bárbara de Soria, bendecida en diciembre de 1999. El retablo mayor debió de estar dedicado a San Bartolomé; el del muro sur sin duda estuvo presidido por el Cristo de la Piedad, todavía hoy con algunos exvotos, éste es de gran calidad y todavía conserva la Déesis pintada sobre tabla; mientras en el muro norte existe otro retablo, quien sabe si presidido por la talla románica de la Virgen del Rosario. Por Cándido nos enteramos que el entallador de Burgo de Osma Lorenzo, realizo dos retablos colaterales en la parroquia de La Barbolla en 1789. 

¿Es posible que eso se deje derrumbar y perder? Una gineta sorprende a Marcos cuando trata de escalar por la escalera que da acceso al campanario. Bueno, para algo sirve la iglesia; en esto, en los exvotos, en el azul de parte de sus muros y en la ruina anunciada se parece a La Monjía de Fuentetoba. Arriba, el techo a punto de caer, muchas goteras y las vigas se van pudriendo, si estas no abrazan los muros, todo se vendrá abajo. Sin remedio, se convertirá en otra iglesia abierta al cielo, como hoy lo está la sacristía y los muertos que habitan debajo de sus maderas, la pila bautismal, los estandartes que aún resisten, las pinturas de los retablos, los capiteles y hasta la gineta, desaparecerán definitivamente. Ahora es el momento de actuar en este inmueble, sin duda un paraíso para los arqueólogos/as y los restauradores/as. Si se actúa a tiempo no repetiremos los errores de San Nicolás, Santa Eulalia y tantos otros inmuebles del románico cuyas naves se encuentran sin tejado y al albur del tiempo y de los expoliadores.

Hoy no sentiríamos esta desolación si se hubiera ejecutado la obra de de consolidación prometida en 2008, cuando el Obispado de Osma-Soria en colaboración con el Ayuntamiento de Quintana Redonda, municipio al que está adscrito La Barbolla, se comprometieron a intervenir con 24.000 euros. Esta actuación no se llevó a efecto, pero se intentó incluir al inmueble dentro del plan de Recuperación del Patrimonio Soria Románica. Sin embargo, el Proyecto “Soria Románica” desapareció y con él las expectativas de supervivencia de esta pequeña joya.

Un joven con tractor y abonadora, se detiene y nos pregunta si vamos a arreglar las iglesias. Ya nos había visto en la de Revilla. No sabemos si la pregunta es irónica o esperanzada. No sabe si podrá sembrar antes de que llueva, pero el sigue preparando la tierra.

Al abandonar el pueblo la gran iglesia de Revilla de Calatañazor, ya abierta al cielo, vigila de forma poderosa nuestra huida. 

BIBLIOGRAFÍA

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ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libro de Fábrica de la Iglesia de San Bartolomé de La Barbolla. 1672-1763 Ref.192/16 1257; 1764-1900 Ref. 192/17 1257.

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http://lospueblosdeshabitados.blogspot.com/2009/10/la-barbolla-soria.html

HERNÁNDEZ ÁLVARO, Ana Rosa (1984): La imaginería medieval en la provincia de Soria. Edita Centro de Estudios Sorianos (CSIC), Soria.

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San Bartolomé de La Barbolla, una ruina anunciada.


 

jueves, 10 de diciembre de 2020

San Bartolomé. 10 de diciembre de 2020. Diario de Soria

12 años después de aquel acuerdo entre el Ayuntamiento de Quintana Redonda y el Obispado de Osma-Soria, San Bartolomé vuelve a ser noticia en prensa escrita.