domingo, 8 de mayo de 2022
LAS ERMITAS DE SAN JUAN Y SANTA ANA: EXTRAMUROS DE CALATAÑAZOR.
sábado, 5 de marzo de 2022
LA ERMITA DE LA VIRGEN DE VILLAVIEJA DE UCERO, UNA RUINA CONSOLIDADA.
En la entrega anterior, entretuvimos nuestros ojos y quehaceres en el castillo y la iglesia de San Juan de Ucero. Pero el pueblo y sus alrededores dan para mucho más. Esa es la razón por la que hay una segunda parte; no para explicar todas sus posibilidades, que son muchas, sino para adentrarnos y poner la lupa en otra de esas iglesias románicas abiertas al cielo, y que reciben de él el agua, la nieve, el pedrisco, el viento o el sol.
Sin duda, el lugar que ocupa esta
población ha sido apetitoso durante toda la historia. El río Ucero no es una
causa menor. Un río que nace arrebatador de entre las peñas de la Galiana para
beberse al Lobos. Sus aguas fueron trucheras, por lo menos, hasta el siglo XIX.
Ayudaría esto a la población del lugar y, posteriormente, a los aficionados a
esa actividad tan paciente como es la pesca de caña. En su andadura hacia el
Sur, le ayudarán en su caudal el Abión y el Sequillo, entre otros arroyuelos de
estas deshumedecidas tierras. Sus aguas enriquecieron la hermosura de la
catedral de El Burgo y del castillo de Osma, y de la misma forma enriquecen los
regadíos de La Rasa. Agotado y disminuido se ofrece al Duero cerca de Gormaz.
El libro de Fabrica de San Juan Bautista de Ucero (1807-1861) nos ayuda a la interpretación de la cabecera y de la estela. Por él sabemos que la iglesia, ya convertida en ermita, se encontraba arruinada en 1859. El párroco Blas Peñacoba dirigió una súplica al Obispo de la Diócesis de Osma, en la que solicitaba permiso para reedificar la ermita de Nuestra Señora de la Villa Vieja. Al parecer el vecindario adeudaba una importante suma de dinero a la Iglesia desde 1848, así como otra deuda al anterior párroco de la Villa, José Guerra, por lo que Blas Peñacoba, viendo que el pueblo no podía hacer frente a la misma sin caer en la ruina, acordó con el vecindario que se devolviera la deuda con jornadas de trabajo y con el transporte a pie de obra de todos los materiales necesarios para su reedificación. Don Blas afirmaba que el pueblo profesaba una gran devoción a esta imagen y estaba convencido de que con ayuda del pueblo y con el importe de unas ventas del horno (de miel), la ermita se reedificaría sin que fuera muy costoso a los lugareños. El Obispo, Vicente Hornos San Martín concedió su permiso en septiembre de 1859.
Fue entonces cuando se rehízo la cabecera y quizás el alero. El ábside, hoy recto, pudo ser semicircular en el pasado. Estos edificios estuvieron vivos y soportaron estoicamente tantos cambios como los tiempos y los humanos requerían. Ese ábside es de la misma anchura que la nave. En él se van a reutilizar materiales del viejo templo, así podemos ver en la esquina nororiental una imposta ajedrezada que pudo formar parte de una cornisa. Además, en el sector Sureste un sillar acoge una decoración singular: un sogueado cuadrado tiene en su interior una especie de corona de zarcillos, una composición en la que el investigador Jaime Nuño González creyó ver “un cierto aire musulmán”. El interior se encuentra dominado por la maleza y las sabinas. Los muros, que combinan partes románicas con otras postmedievales, aparecen enfoscados con una capa de yeso.
Los problemas de la cabecera no
se solucionaron con la reedificación de 1859, pues en 2016 la Parroquia de
Ucero se verá obligada a consolidar estas ruinas. Es entonces cuando fueron
retirados los elementos susceptibles de desprendimiento de las partes
superiores (tejas y piedras) y, se colocó un anclaje longitudinal en la parte Este
de la crujía abrazando los dos muros mediante una escuadra a base de perfiles
metálicos; además se consolidaron los muros con una albardilla de hormigón. Fue
en ese momento cuando se retiró la estela medieval, dejando un vacío en el
alero, que el viajero busca sin encontrarlo. Una réplica de la misma hubiera
satisfecho al curioso viandante.
Para Jaime Nuño González, las
características de este edificio son complejas, pues contiene elementos del
románico, pero también otros que tienen un aire musulmán y otros muchos que lo
asemejan al mundo prerrománico, proponiendo una datación para las décadas 1060
o 1070. La complejidad del edificio, que podría ser uno de los más antiguos de
la provincia, debería ser suficiente razón para su reparación con una nueva
cubierta y para un estudio arqueológico que dé luz al desconocimiento que los
especialistas dicen tener. Estamos seguros, sin embargo, que ese
desconocimiento es mayor entre aquellos que, por haberla usado, deberían
conocerla y protegerla.
BIBLIOGRAFÍA:
-
ARCHIVO DIOCESANO DE OSMA-SORIA. Libros de Fábrica de la Iglesia de San
Juan Bautista de Ucero. (Soria).
-
AYLAGAS MIRÓN, A. (2002): La Villa y Tierra de Ucero en el año 1602:
retrato con 400 años de antigüedad. Revista de Soria. Edita Excma. Diputación
Provincial de Soria.
-
MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): Las comunidades de Villa y Tierra de la
extremadura castellana. Madrid. Editora Nacional
-
VV.AA. (2002) Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria.
Aguilar de Campoo. Fundación Santa María la Real.
sábado, 29 de enero de 2022
LA IGLESIA DE LA VILLA ANTIGUA EN EL CERRO DESOLADO DEL CASTILLO DE UCERO.
Los restos de
la iglesia nos muestran que fue un inmueble de gran tamaño, construido con
encofrado de cal y canto, y casi con total seguridad enfoscado con cal y arena
tanto en el interior como en el exterior. Este encofrado ha permitido que el
edificio se encuentre prácticamente fosilizado y que la ruina no avance de
manera galopante. Sin embargo, durante nuestra estancia alguna piedra de la
cabecera se desprendió. Por lo que vemos se trataba de una iglesia con una
nave, casi con toda seguridad cubierta con una techumbre de madera, un presbiterio
recto y un ábside semicircular; estos se cubrieron con bóveda de cañón y con
bóveda de horno respectivamente. En el muro meridional tuvo adosada una
estancia de la que se conservan restos del muro oriental, sin duda un anexo
cerrado del pórtico con acceso desde éste. Pobre, como casi todas las iglesias
y ermitas del románico rural, este encofrado se fortaleció en las esquinas y en
los vanos con sillería. Ésta ha sido expoliada con saña, como en otros lugares
del rural soriano que ya hemos visitado.
El ábside estuvo iluminado por una gran saetera, hoy solo un gran agujero, al igual que los que vemos en el muro meridional y septentrional del presbiterio. La nave se iluminaba con otras dos saeteras adinteladas en el muro Sur y, al menos, otra más en el Norte. La portada se situaba en el muro meridional, como ya hemos dicho, totalmente expoliada; algo que también sucede en las de Castril de Miño de San Esteban y en la de San Ginés de Soria, entre otras muchas. Sobre este gran vano podemos contar cuatro grandes canzorros, que, sin duda, sirvieron para el arranque de una cubierta del pórtico, que protegió la portada y las reuniones de los vecinos.
El muro
occidental y parte del septentrional han ido derrumbándose dejando montones
abandonados de las piedras menos útiles. La altura de la cabecera parece menor
desde el interior de la nave, ello es debido a que, sobre lo que fue solado de
la iglesia, se han depositado gran parte de las lajas que compusieron las
bóvedas de la cabecera. En esta todavía vemos una roza donde estuvieron las
piedras sillares desde donde arrancaba la bóveda de lajas radiales y
mampostería menuda, que todavía se conserva en parte de los arranques, con
claro peligro de derrumbe. En la nave aparecen dos grandes hornacinas
enfrentadas, de arco rebajado y de tiempo post medieval. En ambas se excavaron
los muros a modo de arcosolios y quizás acogieron algún sepulcro o algún altar
con imagen sagrada. Hoy lucen su desnudez y los grafitis de personas que
pasaron por el lugar. Los grafiteros dejaron nombres y fechas y esas cruces con calvario tan típicas
de estos lugares.
En el hastial occidental estaría alojada la espadaña-campanario, como ya hemos señalado en otras ocasiones. También aquí la sillería se arrancó y, casi con toda seguridad, se utilizó para levantar en el valle la nueva iglesia. Lo mismo que sucedió con alguna de las campanas que todavía endulzan con su tañer los oídos de los ucereños. La nueva parroquial también custodia dos imágenes marianas medievales del siglo XIII; una de ellas, pudo haber llegado desde este lugar.
jueves, 23 de diciembre de 2021
SAN BARTOLOMÉ DE VALZANZO: DE ERMITA-HUMILLADERO A CEMENTERIO
Era el 7 de octubre, un jueves, cuando nos desplazamos a Castril para visitar ese despoblado del que dimos cuenta en nuestra entrega anterior. Desde allí nos acercamos a Valdanzo recorriendo la carretera SO-P-4009, paralela al Duero y a la A-11. Enseguida llegamos a un cruce: a la derecha Langa de Duero; a la izquierda, la carretera nos dejó orientados hacia Valdanzo, lugar al que llegamos en siete minutos. Valdanzo es un poblamiento antiguo, habitado desde tiempos romanos por algunas gentes. Pocas veces, tan pocas como ahora. Pertenece a Langa de Duero y apenas sostiene a 34 personas. Se sitúa a orillas del río del mismo nombre, que termina su vida en aguas del Duero. No siempre fue esta una villa soriana. Perteneció a la provincia de Burgos hasta el siglo XIX compartiendo comunales con la Comunidad de Villa y Tierra de Ayllón. Se incorporó a la provincia de Soria, como municipio, en el siglo XIX. Creció con la incorporación de Valdanzuelo y llegó a tener más de 500 habitantes, antes de que llegara la desbandada del éxodo rural de los años 60 y 70 del siglo XX. El siglo XXI no ha sido muy propicio para esta villa que, vertiginosamente, redujo su población hasta las 34 almas solitarias actuales.
Un señor
amabilísimo hizo de cicerone en nuestro recorrido por el pueblo. Aunque vive en
Zaragoza pasa allí los veranos que los alarga, por amor al terruño, o tal vez a
la infancia, hasta el 15 de diciembre. Allí vive en la casa familiar de sus
padres, que comparte con su hermano. Media casa para cada uno. Sin embargo, la
de su abuelo, le “tocó” a un tío que la vendió a unos madrileños y, ahora, cada
vez que pasa por delante algo en su interior se entristece.
El pueblo se siente orgulloso de sus siete fuentes. Posee, todavía, un cómodo bar situado en una gran plaza. El bar en estos pueblos se convierte en una importantísima institución. Perdidas las escuelas, la iglesia y el bar son los únicos puntos de convivencia. Cuando ya se pierde el bar, todo se viene abajo, incluso la iglesia. ¿Pero cómo sostener la vida con un negocio tan pequeño? Luis, su dueño, y su familia desempeñan mil labores complementarias: tienda en la puerta siguiente, taxi, y seguramente el cuidado de algún ganado o parcela de tierra. ¿Y el futuro? Aquel día, una cuadrilla de la Diputación almorzaba allí. Eso da cierta vida, pero en invierno, cuatro cafés no dan para mucho. Cuando Luis y su esposa pongan el cartel de cerrado por jubilación, algo muy importante habrá desaparecido para el pueblo y sus habitantes. Aquel espacio en el que compartir recuerdos, vivencias y afectos ya no existirá y la comunicación entre los cada vez menos habitantes se dificultará, pues nadie quiere continuar su labor, ni siquiera sus hijos, que van buscando un futuro y una vida más fácil, tal vez, lejos de allí.
El pueblo se
conserva mejor que nunca, pero cada vez vive menos gente. Alguien que nos
confunde para su automóvil para preguntarnos con cierta altivez, que cuándo van
a renombrar las calles. Se ha equivocado. No somos nosotros autoridad para
renombrar nada.
Al fondo del
pueblo, detrás de la espaciosa Plaza Mayor en la que se encuentra el Ayuntamiento,
nos encontramos con las ruinas de lo que fue la Ermita o Humilladero de San
Bartolomé. El inmueble es para nosotros un rompecabezas. Se trata de los restos
de un edificio con una portada románica a levante, mientras que a poniente se
intuye un acceso al antiguo cementerio; además se pude ver que en el muro
meridional hubo una puerta adintelada, hoy tapiada, escoltada por dos pequeñas
ventanas.
Los libros de
Fábrica o de Carta Cuenta de los siglos XVII, XVIII y XIX, conservados en el
Archivo Diocesano de Osma-Soria nos hablan de la existencia de dos ermitas en
Valdanzo, una dedicada a San Pedro y otra a San Bartolomé. En 1850 Pascual
Madoz al enumerar los inmuebles de la Villa de Valdanzo nos dice que contaba
con una sola ermita (el Humilladero), quizás por encontrarse adosada al viejo
cementerio. Para Teógenes Ortego, la
portada románica y el muro de levante de la ermita de San Bartolomé se
reconstruyó con sillares procedentes de la desaparecida ermita de San Pedro.
Así, la muerte de una sirvió para dar vida a la otra. La de San Pedro se encontraba
un kilómetro al Sur del pueblo, camino de Valdanzuelo, asentada sobre la que
fuera una villa romana de los siglos IV y V d.C. del mismo nombre.
También nos dice Teógenes Ortego que San Bartolomé contaba con una saetera monolítica, decorada con dentellones en toda su longitud. Cuando Pedro Luis Huerta llegó a Valdanzo para escribir el artículo: “El humilladero de San Bartolomé” para la Enciclopedia del Románico en Castilla y León, no describió ni fotografió esa aspillera, posiblemente porque ya no estuviera. Nuestros ojos tampoco la descubrieron. El investigador aguilarense fotografió la portada románica que se recrecía con un tímpano con pequeño óculo, rematado todo ello por un pequeño campanil de ladrillo enfoscado, que sin duda alojó una pascualeja (campana pequeña), con dos pequeños pináculos y coronado por una cruz. Hoy ese recrecido, al igual que la puerta, han desaparecido. Algún vecino nos comenta que el Ayuntamiento guardó esos sillares, pero cuando accedemos al interior, vemos los restos de la puerta y muchos sillares, enmascarados entre la broza que crece por encima de nuestras cabezas.
En su origen, la ermita contaba con una portada al Sur, pero hoy se abre a levante. Su entrada, partiendo de dos escalones, se realiza a través de una portada románica, de gran valor, de arco doblado con bocel en arista, que, al interior y en las jambas, conserva su policromía original. El doble arco apoya sobre una línea de imposta a bisel y es ligeramente ultrasemicircular, recordándonos a las parroquiales de Los Llamosos y de Sarnago. Al exterior vemos dos columnas monolíticas con sus basas muy deterioradas y sus capiteles con talla muy plana. Esa talla tan plana hizo creer a Ortego que podía tener un pasado visigótico. Las cestas se decoran con motivos fitomórficos, similares a los que vemos en las pinturas rupestres de Valonsadero, bolas en las esquinas y flores tetrapétalas y pentapétalas. Pedro Luis Huerta cree que esta portada es obra románica, ejecutada por canteros “muy apegados a la tradición”, pues la decoración de bocel que recorre las aristas de los arcos y las jambas, así como los capiteles, siguen esquemas plenamente románicos de la segunda mitad del XII.
A esta ermita
se adosó el cementerio viejo, hoy abandonado, y muy avanzado el siglo XIX, pues
en el último tercio del siglo se llevaron a cabo numerosas obras de reteje. Será
en ese momento cuando la ermita pierda su techumbre y su solado se convierta en
cementerio. Hoy todavía podemos ver una lápida incrustada en sus muros, que nos
informa de que allí se enterraba en 1921.
Esta ermita y
los muros de su viejo cementerio se merecen una consolidación, cuando no una
reconstrucción, así como una digna información que advierta al viajero de cuál
fue su pasado. El dinero que se invirtió en los siglos XVIII y XIX en retejes, trabajos
de apeo, cerrajas y colocación de puertas de hierro en su cementerio, creemos
que se merece, al menos, una consolidación y limpieza del viejo Campo Santo. Hoy
es un puzle, difícil de reconstruir, pero quién sabe si alguna institución se
apiade de estas ruinas e invierta en su dignificación. Si como algunos vecinos
señalan, el Ayuntamiento guardó los sillares de la vieja espadaña, nos
preguntamos si los utilizarán para reconstruirla.
BIBLIOGRAFÍA:
domingo, 21 de noviembre de 2021
EL DESPOBLADO DE CASTRIL: EL ROMÁNICO EXPOLIADO.
Nuestra visita del 7 de octubre se dirige a Castril. En esta
ocasión el desplazamiento es un poco más largo que en ocasiones anteriores. Su
duración es de algo más de una hora. Hemos de tomar la A-11 y N-122; carreteras
que se van alternando a tramos, tramos que se aburren de esperar a llegar a ser
algo o desaparecer. Dejamos El Burgo y llegamos hasta San Esteban de Gormaz.
Allí abandonamos las obras infinitas de la A-11 y nos adentramos, a nuestra
izquierda, en la Nacional 110 hacia Ávila. Pasados muy pocos kilómetros, a
nuestra derecha, tomamos ya una carretera provincial, la SO-P-4009 hacia Langa,
que nos conducirá a Castril, pasando previamente por Soto de San Esteban:
localidad que sustituye la piedra de los pueblos del Norte de la provincia por
el pobre, pero noble, adobe. Parece un pueblo agrícola, de gran actividad, pero
peor cuidado que los exquisitos pueblos, casi vacíos, del Norte.
Seguimos por esa carretera, siempre paralela al Duero, para
alcanzar Castril: un despoblado más de esta casi despoblada provincia. El
emplazamiento conserva las ruinas de una iglesia o ermita, de un gran paredón,
en la parte baja del poblamiento, y de varios colmenares abandonados. El paraje
es envidiable. Posee agua, pues está al lado del Duero, (hoy transcurre por esas
tierras el canal de Ines), y buenas tierras de cultivo. Resulta difícil
entender qué pudo pasar para que sus habitantes abandonaran tan privilegiado
lugar en el siglo XVI. Existe una leyenda en la que se atribuye a la aparición
de una plaga de culebras el motivo de su abandono y desaparición.
Castril, Cubillas y Oradero, otros dos núcleos desaparecidos, se englobaron dentro de la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz, aunque pertenecían al Monasterio de la Vid, creado en el siglo XII. Según Divina Aparicio, en su entrañable relato sobre Castril, el Monasterio poseía en este lugar dos ruedas de molino de escasa rentabilidad. Tal es así que en el siglo XVI cedió los molinos y las tierras al noble Gutiérrez Delgadillo. No sabemos cómo le fueron las cosas al comprador, pero el lugar quedó despoblado poco después. Tal ha sido el abandono del lugar que son unas de las pocas iglesias románicas de las que desconocemos su advocación.
En la actualidad estas tierras pertenecen al municipio de Miño de
San Esteban, localidad con mucho patrimonio, no llegando a los cuarenta
habitantes en los largos inviernos. Tampoco anda sobrada de población.
Podemos deducir que la localidad se encontraba en la parte baja en
la que resiste el muro de sillería, antes mencionado, y, arriba, en lo alto, en
un montículo, la iglesia. El gran paredón, construido con sillería, parece
pertenecer a un edificio de planta basilical. Después de varias visitas, pensamos
lo mismo que Álvaro García, que este gran muro son los restos del muro de
poniente de una iglesia expoliada. El grosor del muro, su método constructivo y
su orientación nos hacen pensar que estamos ante los restos de otra iglesia
románica. Hacia levante se puede seguir la planta de la misma, en la que se
amontonan piedras y sillares de la fábrica, al igual que alrededor, pues las
piedras de menos valor que aparecen en la finca colindante se van amontonando
en este lugar. Una excavación en este espacio podría certificar lo que hoy solo
podemos aventurar.
Subiendo hacia la iglesia nos encontramos con dos colmenares, uno tapiado con viejas bardas sobre sus muros, del que asoma un raquítico árbol; otro dominado por las sabinas, pero en el que todavía podemos ver los viejos dujos. El olor a tomillo perfuma el ambiente. Al subir, en la otra vertiente del collado, apreciamos otro colmenar, mejor conservado, pero que como los anteriores parece condenado a la ruina.
La iglesia, con orientación canónica,
se asienta sobre un cerro calcáreo. Gran parte de la iglesia está excavada en
la roca, algo, que a los ojos de hoy, sorprende por esa capacidad laboriosa de
nuestros recientes antepasados. La parroquial es de una sola nave, ligeramente
más ancha que el presbiterio, rematada hacia levante con un ábside
semicircular. La nave estaría cubierta con un armazón de madera, mientras que
el presbiterio, a juzgar por los restos, se ampararía del cielo con cubierta de
cañón y el ábside con bóveda de cuarto de esfera. La cubierta abovedada era de
mampostería enfoscada en el interior en la que se pintó un falso despiece. El presbiterio
todavía conserva parte de la bóveda, en difícil equilibrio, mientras que en el
ábside apenas resiste el arranque. Recorre toda la cabecera una línea de
imposta de bocel y filete, sobre la que arrancaba la cubierta abovedada de la
cabecera.
El inmueble estuvo enfoscado con cal y
arena y, al menos, la cabecera estuvo decorada con pintura mural, pues en los
restos de la bóveda del ábside todavía se puede apreciar un falso despiece y
por debajo de la imposta se conservan restos de una cenefa de dientes de
sierra. Esta decoración mural sería muy parecida a las que vemos en la
parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Castillejo de Robledo.
El presbiterio se decoró con dos arcos ciegos a cada lado, que han sido expoliados con saña, pero todavía se pueden apreciar su constitución, así como en el lado norte restos de pintura mural en la que se intuye una figura nimbada. En el muro meridional, muy cerca del presbiterio, oculta detrás de un rosal silvestre, aparece una hornacina que todavía conserva su pintura mural. El expolio nos indica que estuvo encintada por sillares y que pudo cumplir la función de credencia.
La iglesia contó con una portada al
Sur y, enfrentada a ella, otro vano que ha sido interpretado como una segunda
portada. Nosotros interpretamos el vano como una ventana baja, no como otra
puerta, dado lo abrupto del terreno al otro lado, la anchura de la misma y el
escalón que existe con respecto al solado de la nave.
A los pies de la nave, aparecen a cada
lado de sus muros tres mechinales que alojaron las vigas que sostuvieron un
pequeño coro y quizás el acceso al campanario. La espadaña, hacia el interior,
todavía conserva gran parte de su sillería. Los expoliadores arrancaron los
sillares de la parte superior, pero en un determinado momento abandonaron su
“trabajo”. Sin embargo, en el exterior
toda la sillería ha sido robada dejando el muro descarnado al azote de los
vientos y las lluvias del Oeste. Las campanas, por supuesto, no están. En su
día, alguien mantiene, que se trasladaron a Alcozar, localidad que se encuentra
al otro lado del Duero. Hasta la década de los sesenta del siglo XX, según Divina
Aparicio, había una barcaza hecha con tablones instalados sobre cubas para
cruzar el río, y que se movía manejando la consiguiente maroma. De aquella
vieja instalación nada pervive a las orillas del Duero. El lugar cayó en el
olvido y los restos de las parroquiales aparecen hoy fosilizados.
BIBLIOGRAFÍA:
-HUERTA
HUERTA, P.L. (2001b) “El paisaje
arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de
las construcciones románicas”, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era
(Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- MADOZ, Pascual (1846-50): “Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los
textos relativos a la provincia de Soria.” Edita Ámbito ediciones SA y
Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura
castellana." Madrid. Editora Nacional.
-NUÑO GONZÁLEZ, J. (2001) “La sociedad en el territorio soriano durante los tiempos románicos”,
en AA.VV., Soria románica. El Arte Románico en la Diócesis de Osma-Soria, (pp.
27-36). Aguilar de Campoo. Fundación Santa María la Real.
-SERRANO, L. (1925) “Cartulario de San Pedro de Arlanza, Antiguo monasterio benedictino.”
Madrid.
- VV.AA. (2002) “Casos y cosas de Soria III.” Soria.
Soria Edita. Colección Serie Mayor.
- VV.AA. (2002) Enciclopedia del Románico en
Castilla y León. Soria. Aguilar de Campoo. Fundación Santa
María la Real.
sábado, 20 de noviembre de 2021
EL DESPOBLADO DE CASTRIL: EL ROMÁNICO EXPOLIADO.
“Ayer hice el típico viaje de "algún día tengo que ir". Y es que basta que pases delante mil veces para no ir nunca. Desde la novedosa y escasa A11, dirección San Esteban de Gormaz-Langa de Duero, en la orilla sur del río destaca en una cima solitaria unas ruinas.”
Álvaro García. @sontarvaro
Nuestra visita del 7 de octubre se dirige a Castril. En esta ocasión el desplazamiento es un poco más
largo que en ocasiones anteriores. Su duración es de algo más de una hora. Hemos de tomar la A-11 y N-122; carreteras que se van alternando a tramos, tramos que se aburren de esperar a llegar a ser algo o desaparecer. Dejamos El Burgo y llegamos hasta San Esteban de Gormaz. Allí abandonamos las obras infinitas de la A-11 y nos adentramos, a nuestra izquierda, en la Nacional 110 hacia Ávila. Pasados muy pocos kilómetros, a nuestra derecha, tomamos ya una carretera provincial, la SO-P-4009 hacia Langa, que nos conducirá a Castril, pasando previamente por Soto de San Esteban: localidad que sustituye la piedra de los pueblos del Norte de la provincia por el pobre, pero noble, adobe. Parece un pueblo agrícola, de gran actividad, pero peor cuidado que los exquisitos pueblos, casi vacíos, del Norte.Seguimos por esa carretera, siempre paralela al Duero, para alcanzar Castril: un despoblado más de esta casi despoblada provincia. El emplazamiento conserva las ruinas de una iglesia o ermita, de un gran paredón, en la parte baja del poblamiento, y de varios colmenares abandonados. El paraje es envidiable. Posee agua, pues está al lado del Duero, (hoy transcurre por esas tierras el canal de Ines), y buenas tierras de cultivo. Resulta difícil entender qué pudo pasar para que sus habitantes abandonaran tan privilegiado lugar en el siglo XVI. Existe una leyenda en la que se atribuye a la aparición de una plaga de culebras el motivo de su abandono y desaparición.
Castril, Cubillas y Oradero, otros dos núcleos desaparecidos, se
englobaron dentro de la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz,
aunque pertenecían al Monasterio de la Vid, creado en el siglo XII. Según
Divina Aparicio, en su entrañable relato sobre Castril, el Monasterio poseía en
este lugar dos ruedas de molino de escasa rentabilidad. Tal es así que en el
siglo XVI cedió los molinos y las tierras al noble Gutiérrez Delgadillo. No
sabemos cómo le fueron las cosas al comprador, pero el lugar quedó despoblado
poco después. Tal ha sido el abandono del lugar que son unas de las pocas
iglesias románicas de las que desconocemos su advocación.
En la actualidad estas tierras pertenecen al municipio de Miño de
San Esteban, localidad con mucho patrimonio, no llegando a los cuarenta
habitantes en los largos inviernos. Tampoco anda sobrada de población.
Podemos deducir que la localidad se encontraba en la parte baja en la que resiste el muro de sillería, antes mencionado, y, arriba, en lo alto, en un montículo, la iglesia. El gran paredón, construido con sillería, parece pertenecer a un edificio de planta basilical. Después de varias visitas, pensamos lo mismo que Álvaro García, que este gran muro son los restos del muro de poniente de una iglesia expoliada. El grosor del muro, su método constructivo y su orientación nos hacen pensar que estamos ante los restos de otra iglesia románica. Hacia levante se puede seguir la planta de la misma, en la que se amontonan piedras y sillares de la fábrica, al igual que alrededor, pues las piedras de menos valor que aparecen en la finca colindante se van amontonando en este lugar. Una excavación en este espacio podría certificar lo que hoy solo podemos aventurar.
Los restos de la iglesia son un ejemplo más de románico rural soriano. Está construida con mampostería excepto el muro de poniente que estuvo forrado de sillares tanto en el exterior como en el interior. La sillería ha sido arrancada de la portada, ventanas, esquinales, muro de poniente al exterior, arco de triunfo con sus semi-columnas y capiteles, así como los arcos ciegos del presbiterio. Tan solo han resistido parte de los sillares del muro de la espadaña hacia el interior y parte de la imposta de bocel y filete en la que entregaba sus empujes la bóveda de ábside y presbiterio. Al exterior, en el paso del presbiterio al ábside, todavía podemos ver dos sillares, que, al estar dispuestos a tizón, los expoliadores no consiguieron arrancar. El robo se hizo con saña y violencia, expoliando un patrimonio que perteneció a los lugareños. Sin duda lo expoliado no se convirtió en cal, pero se desconoce su paradero.
La iglesia, con orientación canónica,
se asienta sobre un cerro calcáreo. Gran parte de la iglesia está excavada en
la roca, algo, que a los ojos de hoy, sorprende por esa capacidad laboriosa de
nuestros recientes antepasados. La parroquial es de una sola nave, ligeramente
más ancha que el presbiterio, rematada hacia levante con un ábside
semicircular. La nave estaría cubierta con un armazón de madera, mientras que
el presbiterio, a juzgar por los restos, se ampararía del cielo con cubierta de
cañón y el ábside con bóveda de cuarto de esfera. La cubierta abovedada era de
mampostería enfoscada en el interior en la que se pintó un falso despiece. El presbiterio
todavía conserva parte de la bóveda, en difícil equilibrio, mientras que en el
ábside apenas resiste el arranque. Recorre toda la cabecera una línea de
imposta de bocel y filete, sobre la que arrancaba la cubierta abovedada de la
cabecera.
El inmueble estuvo enfoscado con cal y arena y, al menos, la cabecera estuvo decorada con pintura mural, pues en los restos de la bóveda del ábside todavía se puede apreciar un falso despiece y por debajo de la imposta se conservan restos de una cenefa de dientes de sierra. Esta decoración mural sería muy parecida a las que vemos en la parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Castillejo de Robledo. El presbiterio se decoró con dos arcos ciegos a cada lado, que han sido expoliados con saña, pero todavía se pueden apreciar su constitución, así como en el lado norte restos de pintura mural en la que se intuye una figura nimbada. En el muro meridional, muy cerca del presbiterio, oculta detrás de un rosal silvestre, aparece una hornacina que todavía conserva su pintura mural. El expolio nos indica que estuvo encintada por sillares y que pudo cumplir la función de credencia.
La iglesia contó con una portada al
Sur y, enfrentada a ella, otro vano que ha sido interpretado como una segunda
portada. Nosotros interpretamos el vano como una ventana baja, no como otra
puerta, dado lo abrupto del terreno al otro lado, la anchura de la misma y el
escalón que existe con respecto al solado de la nave.
A los pies de la nave, aparecen a cada
lado de sus muros tres mechinales que alojaron las vigas que sostuvieron un
pequeño coro y quizás el acceso al campanario. La espadaña, hacia el interior,
todavía conserva gran parte de su sillería. Los expoliadores arrancaron los
sillares de la parte superior, pero en un determinado momento abandonaron su
“trabajo”. Sin embargo, en el exterior
toda la sillería ha sido robada dejando el muro descarnado al azote de los
vientos y las lluvias del Oeste. Las campanas, por supuesto, no están. En su
día, alguien mantiene, que se trasladaron a Alcozar, localidad que se encuentra
al otro lado del Duero. Hasta la década de los sesenta del siglo XX, según Divina
Aparicio, había una barcaza hecha con tablones instalados sobre cubas para
cruzar el río, y que se movía manejando la consiguiente maroma. De aquella
vieja instalación nada pervive a las orillas del Duero. El lugar cayó en el
olvido y los restos de las parroquiales aparecen hoy fosilizados.
BIBLIOGRAFÍA:
-HUERTA HUERTA, P.L. (2001b) “El paisaje arquitectónico en la provincia de Soria durante el siglo XIV: la pervivencia de las construcciones románicas”, en El Siglo XIV. El Alba de una nueva Era (Col. “Monografías Universitarias”, 12), Soria. (pp. 171-191)
- MADOZ, Pascual (1846-50): “Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los
textos relativos a la provincia de Soria.” Edita Ámbito ediciones SA y
Diputación de Soria, 1993. Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. (1983): "Las comunidades de Villa y Tierra de la extremadura
castellana." Madrid. Editora Nacional.
-NUÑO GONZÁLEZ, J. (2001) “La sociedad en el territorio soriano durante los tiempos románicos”,
en AA.VV., Soria románica. El Arte Románico en la Diócesis de Osma-Soria, (pp.
27-36). Aguilar de Campoo. Fundación Santa María la Real.
-SERRANO, L. (1925) “Cartulario de San Pedro de Arlanza, Antiguo monasterio benedictino.”
Madrid.
- VV.AA. (2002) “Casos y cosas de Soria III.” Soria.
Soria Edita. Colección Serie Mayor.
- VV.AA. (2002) Enciclopedia del Románico en
Castilla y León. Soria. Aguilar de Campoo. Fundación Santa
María la Real.
-
“Peralejo, que en 1880 reunía próximamente 120 almas y en la estadística de 1900 figura con 89 solamente, viene agregado al municipio de L...
-
“El valor de una civilización se mide no por lo que sabe crear, sino por lo que sabe conservar”. Édouard Herriot El 15 de enero, un día fr...
-
Este blog pretende ser colaborativo, en el que los amantes de los despoblados sorianos y del románico puedan subir sus imágenes y sus in...






